Quizá estamos viviendo unas navidades más austeras, la crisis marca también esto, normal, y en esto de las navidades mejor con unos gramos menos de consumismo, pero siempre se ha dicho que los significados profundos de las fechas permanencen. Me gusta el espíritu navideño, y desde niño, con más o menos consumo, escuché: la Navidad es infancia, inocencia, Amistad profunda, calor en invierno y regalos en la incertidumbre. Es la estrella hacia la que siempre queremos que tienda nuestra vida. Es el relato según el cual la estrella señaló a un niño como el Dios del Amor para testimoniar que la paz está en los hombres de buena voluntad. Mensaje bello por sencillo.
Así que Feliz Navidad, siempre.
Este hombre se llama Geir Haarde. Por estas latitudes es poco conocido, pero fue primer ministro de Islandia (ese pequeño país de poco más de trescientos mil habitantes) y tuvo que verselas con el epicentro de la recesión que nos asola. Ahora está pendiente de juicio. En Islandia se las gastan así. Se enfrenta a penas de hasta dos años de cárcel por "negligencia grave" y "dejación de sus responsabilidades". Islandia quebró de forma estrepitosa. Varios bancos han sido nacionalizados, las empresas en perdidas han pasado a mejor vida, nada de sacar las castañas del fuego con operaciones de rescate. Lo cierto es que con errores o aciertos, los islandeses están afrontando su crisis de una manera diferente. También han cortado con su marco de referencia legal y van a redactar una nueva constitución, los encargados de hacerlo son 25 ciudadanos de la calle que ya se han puesto a escribir los artículos, y antes han mandado al presidente al banquillo. Ya sabes que a los islandeses les llaman vikingos.
Nunca se había visto nada igual. Nunca en la última historia de España se había decretado el Estado de Alarma, que supone la movilización forzosa y militar de un colectivo profesional. ¿Era necesario?. El Ejército ha cumplido ordenes para mantener un servicio social básico y corregir una indisciplina social no anunciada, una indisciplina que acaso otros colectivos menos favorecidos ni se atreven a plantear. Aquí hablamos de controladores aéreos, convertidos en casta privilegiada y endogámica. Ganan mucho, pero esa no es la razón de su estupidez ya que en otras profesiones también se hace de forma desmesurada. Sin valorar sus razones, sus métodos les han hecho odiosos al resto del pueblo español por haber chantajeado al Estado, y el Estado somos todos, en este caso, en vísperas de unos días largamente esperados. Con cuatro millones y medio de parados, con millones de trabajadores, empleados, pequeños empresarios intentando mantener a flote con mil penalidades su casa,su medio de vida, su derecho al trabajo y su dignidad...nada justifica la encerrona a la que sometieron a todo un país que se encuentra en una complícadisima encrucijada histórica. Parece como si España, que atisbó durante la pasada década colocarse en posiciones cimeras, se nos estuviera deshaciendo como un azucarillo. Los controladores ganan un mínimo de doscientos mil euros anuales, los que menos, y han provocado un clamor popular: Qué todo el peso de la ley recaiga sobre ellos como ejemplo de lo que no debe ser nunca un país prospero y bien organizado. Los primreros ya han comenzado a desfilar ante la Justicia. No lo han hecho bien, se han comportado como niños malcriados.
Benedicto XVI dice en su último libro que España es un país de "contrastes dramáticos", y se refiere a una lucha entre un "secularismo radical y una fe convencida". El Papa hace alusión a un viejo tema español, y tiene razón. Creo que de ninguna de las grandes naciones europeas se puede decir lo mismo, y me refiero a las cinco grandes, a los pilares de Europa: Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y España. Los españoles estamos divididos desde hace siglos sin que ningún intento de conciliación haya cuajado de una forma seria entre nosotros. Los contrastes siguen siendo nuestra seña de identidad más definitoria, las dos Españas reflejadas por Goya en una de sus pinturas negras más celebradas. El pintor aragonés llamó a este cuadro "La riña" o "Duelo a garrotazos". También lo podríamos titular hoy "Contrastes dramáticos". La pregunta es si alguna vez podremos superar ese estado de crispación continua, de cabreo incesante, de desasosiego atroz en aras de un "sugestivo proyecto de vida en común", en palabras de Ortega. Con este panorama, y con la que nos está cayendo, cualquier bobada política que divida a los espñoles más de la cuenta es muy grave, demasiado. Tanto como que aún hoy uno de nuestros temas favoritos sea la guerra civil. ¡Qué terrible enfermedad, con casi cinco millones parados!.
Los pueblos se quedan sin su latido. Un pueblo de Murcia está sobresaltado porque, después de las protesta de un ciudadano extranjero afincado en la localidad, se ha decidido bajar el sonido de sus campanas hasta hacerlo prácticamente inaudible. Las campanas son percibidas por los vecinos de allí como el latido de su identidad colectiva."Dan". "Don", "Din"...así es como suenan las campanas en los campanarios, y tan malo es no ver más allá del propio campanario como pensar que en la aldea global no vale la pena que nada nos identifique. Es curioso, pero un instrumento tan sencillo como las campanas encierra en si una singularidad asombrosa. No hay ni una sola campana igual a otra, no existe ni un solo campanario que suene igual que el de el pueblo de al lado...curioso.
Si dejan de sonar, estaremos perdiendo algo importante, no lo dudes.
De esta guisa ha quedado una de las pesadillas más macabras del siglo pasado. De nada sirvió el gulag soviético, los atroces campos de exterminio de Camboya, o las alucinaciones de Mao y sus purgas sangrientas y millonarias. Nada. Solamente desolación, hambre, restricciones absurdas al libre espíritu humano...y Castro diciendo, más de cincuenta años después de aquella revolución, que el modelo no sirve. Eso en la hermana Cuba. En Corea del Norte, un chaval que se debe zampar semanalmente decenas de hamburguesas americanas estará al frente en breve (en cuanto que el padre pete definitivamente indigestado con el coñac que le compra a la bodega francesa más cara del mundo)de una "monarquía hereditaria comunista" donde se adora al líder con veneración obligatoria antes de que uno se muera literalmente de hambre. Una broma pesada si no fuera un auténtico horror.
Uno de cada cinco soldados norteamericanos vuelve de Iraq o Afganistán con daños cerebrales. Talibanes, terroristas, milicianos radicales y suicidas...aquello se ha convertido en un avispero inmundo para el ejército más poderoso del planeta. Una emboscada repentina, un francotirador parapetado en cualquier ruina, una mina colocada en un paso inevitable. Un infierno incontrolable. Vuelven a casa pero ya nada es igual. Depresiones, divorcios, un treinta por ciento se enfanga en el desempleo crónico. El tratamiento de las enfermedades mentales de sus tropas le costará al gobierno de Estados Unidos más de seis mil millones de dólares.
España cabe en una pelota, cabe cuando un pueblo consigue entusiasmarse con el futbol como lo está haciendo el español con la selección. Se acabó el problema sobre España y su desasosiego, aunque sea por unos días. Se ha esfumado el plomo de nuestras alas. Las banderas adornan los balcones, taxis y camiones dan testimonio en rojo y amarillo, los bares son recintos donde se celebra alegremente un sentimiento. Un grupo de jovenes españoles que saben jugar muy bien al fútbol han conseguido la unanimidad de todo un pueblo. Son futbolistas, los de nuestra selección, que derrochan talento, generosidad y amplitud de miras frente a la racanería y el estilo ramplón que el miedo provoca en nuestros rivales, en todos. Ellos no son malos. La selección española es muy buena. Ese es el estilo español, el estilo que ha conseguido terminar, quizá tan solo en un paréntesis estival, con aquello de la desvertebración de España. Con la selección el patriotismo nace en el bar, en la panadería y en la oficina. Nace de una forma natural, sin acritud. Cualquier turista que nos visite estos días estará maravillado ante un derroche de sentimientos tan colosal. En cambio, una pregunta sale al encuentro: ¿Y cuándo pase el Mundial?. ¿España volverá a ser demasiado complicada para entrar, vivir y regocijarse en una pelota de fútbol?. La crisis nos agobia. El fútbol de España, como una metáfora redentora, nos marca la salida, el estilo que triunfa. Vamos a aprovechar el momento.
El barcelonismo es un sentimiento que en gran medida se fundamenta en el antimadridismo. Me gustaría saber cómo se siente hoy un culé. El culé miraba al horizonte y lo veía poblado de gloria, pero hoy la gloria se ha marchitado porque en el fútbol las alegrías son como la espuma y las penas, en cambio, son aceitosas. ¿Cabía imaginar mayor éxtasis futbolístico que ganar una Copa de Europa en el Bernabeu?. Los culés más optimistas lo daban por hecho, ebrios de un año de oro en el que lo ganaron todo, todo de lo comieron sin dejar nada. Pero esa orgia balompédica la ha roto un equipo italinao, el Inter de Milan, de juego rocoso, feo y táctico. No siempre vence el brillantez, la pelota y la técnica. Hoy el madridismo está tan féliz como un merengue porque el sentimiento blanco es en gran medida antibarcelonismo. El madridismo despierta de una de sus peores pesadillas: ver el Templo de la Cibeles profanado por un ejército de culés celebrando un Champions conquistada en el Bernabeu. No será.
En el Reino Unido un grupo de expertos, catedráticos en gran parte, ha pedido a la Reina intervenga para poner solución a la crisis, medie entre los dos grandes partidos.
Aquí en España Don Juan Carlos dice que "es hora de amplios acuerdos para superar la crisis". Estos días la posibilidad de que el Rey se convierta en el mullidor de un gran Pacto de Estado entre PP y PSOE se ha convertido en uno de los temas más recurrentes de la agenda política española.
¿Sería bueno una mayor implicación de los reyes en la crisis?. ¿Serían capaces de articular formulas de acercacimiento, grandes pactos de Estado?. ¿Tendría que estar la Corona más presente en los temas de la actualidad? Es un debate interesante que no ha hecho más que comenzar.
Tendemos al optimismo, propósito loable, y queremos ver el fin de la recesión económica, aunque algunos ya advierten que lo único que han hecho los gobiernos de los países desarrollados ha sido poner un parche de urgencia a base de inyectar ingentes cantidades de dinero a un sistema al borde de la quiebra. ¿Y si después de esta crisis viene otra y ya no tenemos capacidad de responder?. En los últimos meses de 2008 nuestro mundo tuvo un susto de muerte. Ahora estamos sedados, pero por primera vez en muchos años no sabemos muy bien que futuro nos aguarda. Ignoramos si la historia retrocederá, si los hijos de hoy vivirán peor que sus padres, si habrá que trabajar hasta la extenuación para cobrar una dudosa pensión al borde de los setenta. Por primera vez en los últimos cincuenta años volvemos a despertarnos (aunque todavía levemente) a la sensación de que la historia la construimos nosotros y no nos la dan hecha. Para bien y para mal. Al menos eso sí que es bueno.
La belleza es algo inabarcable, también cuando crece en medio del frío. Ella (la de la foto) es una modelo que representa la belleza convencional, pero, sin embargo, seguramente para muchos la belleza no necesita facciones perfectas ni ojos azules, porque cada uno lleva a sus bellezas en el corazón.
Esta joven, que sin duda es bella, crece en medio del frío, florece y sonríe de forma leve, casi imperceptible,con una enigmática serenidad detrás de la cual puede esconderse el secreto de la sabiduría que nace en el frío.
Como si la belleza más serena naciera en ese estado proporcionado por las temperaturas gélidas que, sin embargo, nos obligan a estar en continuo movimiento: una pura paradoja, como si la paz fuera el resultado de profundas inquietudes.
PD:Michelle Pfeiffer, en entrevista reciente: "La belleza está en el ojo de quien mira".
Domingo, 12 de febrero
Toni García Arias
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Miguel Torres Galera
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Javier Vicente Gil
Francisco Rubiales
Enrique Zubiaga
Raúl González Zorrilla
Graciano Palomo