Crisis griposa: la fase de las mascarillas
04.05.09 @ 10:00:25. Archivado en España
Hasta los asuntos más graves conviene tratarlos con sentido del humor. La gripe porcina o "nueva gripe" lo es, y está pegando fuerte en México y otros países, como el nuestro, también están de alguna manera afectados. Ojalá todos los enfermos se recuperen muy pronto y las autoridades santarias consigan frenar la enfermedad en los países pobres que como siempre se llevarán la peor parte. En Europa la OMS alerta sobre la posiblidad de contagio de la mitad de la población, aunque con caracter leve. Al final esté asunto puede terminar convertido en un aviso más de que algo está cambiando, pero posiblemente terminemos banalizándolo de la misma manera que terminamos quitando importancia a la crisis mientras que nuestro puesto de trabajo no esté en peligro. La mascarilla se ha convertido en otro de los símbolos del momento. Creo que esta gripe es un nuevo aldabonazo en nuestra conciencia. Sí, sí, de repente nos hemos dado cuenta que somos muy vulnerables, nos hemos dado cuenta al tiempo que el dinero ha dejado de caer como un maná celestial a golpe de hipoteca subprime....
Aquí, en España, todos estamos muy concienciados y hacemos piña en torno a Trinidad Jiménez que está teniendo al frente de la emergencia un estreno ministerial de órdago. En algunas farmacias las mascarillas se han agotado. Vamos a a por ellas como cuando nos fuimos despavoridos a llenar de patatas el carrito de la compra aquel día en que una de nuestras fragatas se marchó a la Primera Guerra del Golfo. Sentimos amenazada nuestra pequeña seguridad, y la mascarilla es un salvoconducto raquitico que nos hace setir un poco menos vulnerables. Vamos camino de un auténtico baile de mascarillas.
Esta nueva gripe está reconcentrada en México D.F, una caótica megaciudad de más de veinte millones de habitantes. ¿Alguien no se había parado a pensar antes que semejante hormiguero es el lugar más confortable para los peores virus?. Es posible que nos estemos pasando de modernos y comencemos a poner en cuestión nuestra modo de vida, tan manifiestamente mejorable en aglomeraciones tan monstruosas.
Algunos se comienzan a replantear el asunto a fondo, y en los últimos meses se multiplica la demanda de cursos de horticultura. Quizá en los próximos años veamos a ejércitos de parados reconvertidos en aplicados horticultores deseosos de cultivar patatas, aunque sea en el jardín del adosado, huyendo, claro, de la crisis y de la gripe.
Y quizá otros opten por retornar al pueblo del abuelo, ahora abandonado, y hacerlo recobrar vida librándolo de ese aire fantasmal que ultimamente comparte con México D.F.
Mientras tanto, mientras dure la crisis y la gripe, habrá plumas que escriban un nuevo apocalipsis, el fin del mundo, el gran cataclismo. Vale, pero yo auguro que a no tardar mucho volveremos a hacer nuestras cabalas habituales para el viajecito del verano, y la Rivera Maya, donde colocarán máquinas expendedoras de mascarillas homologadas, será uno de los destinos más solicitados. Entonces estaremos en el gran baile de las mascarillas, y la vida seguirá. Hasta que la burbuja se nos vuelva a pinchar dejándonos a merced de todos los virus.
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Javier López
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