La vendimia es el acto inicial de la ceremonia del vino, y los vendimiadores siguen poblando estos días los campos de España, aunque ahora, con la crisis, hay mucho vendimiador que es un albañil en paro porque cuando uno está KO laboralmente se mete a vendimiador o a banderillero si hace falta.
La vendimia llena algunos pueblos de olor a uva fermentada, algo que se nos está terminando porque la agricultura no tiene futuro, o por lo menos eso es lo que dicen los agricultores que viven el presente entre demasiadas estrecheces. Hay agricultores con o sin vocación, pero ahora para dedicarse al campo hay que tenerla bien puesta (la vocación) para sobrellevarlo...
La vendimia es la ceremonia del vino que acompaña desde siempre a la civilización occidental a las puertas del otoño, aunque cuando los vendimiadores están cogiendo las uvas no se hacen estas conjeturas y lo único que notan es un fuerte dolor de riñones de estar agachados tantas horas. Las cepas son bajitas y requieren rendirlas pleitesía.
Creo que, a día de hoy, por vendimiar una jornada te dan cuarenta euros. La vendimia en plan jornalero ha sido tradicionalmente un trabajo de personas de etnia gitana y de estudiantes bachilleres o universitarios en busca de un dinerillo, aunque en los últimos años también se apuntan marroquíes y de Europa del Este. Cuarenta euros por veinte días que es lo que más o menos suele durar la recolección de la uva. Los pueblos se llenan de vendimiadores y cambian su fisonomía y su olor. Forma parte de una identidad que se nos está perdiendo porque donde hay cepas ponemos pisos adosados, aunque ahora que el ladrillo falla el albañil se mete a vendimiador, ya digo.
Con todo, este año hay novedades. Los españoles vuelven a alistarse al ejército de vendimiadores, por el tema de la crisis económica, pero también hemos vuelto a ver a españoles que han ido a Francia a vendimiar, como antes. He leído por alguna nota en internet que doce mil españoles han acudido a cortar uvas a las viñas francesas en esta campaña.
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A través de "El Surco" quiero felicitar a todos aquellos que se dedican a la agricultura, cada vez más sacrificada y con menos alegrías. Cuando he leído tu artículo, Javier, me ha hecho recordar tod aquello que vivía cuando iba con mi abuelo a la viña y les veía vendimiar. Eran jornadas duras, pero eran días en las que todos arrimábamos el hombro, abuelos, sobrinos, nietos,... claro que para nosotros era divertido, sobre todo porque nos juntábamos los primos. Con el paso del tiempo, las viñas han dejado de existir y ahora nos encontramos un montón de casitas adosadas, con patio y calles asfaltadas.
Sábado, 2 de junio
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel