(Las buenas experiencias siempre merecen ser contadas, aunque sea, como en este texto, sin entrar en muchos detalles, para no cansar.)
Hay quien elige caminar algo en verano. Una de las ventajas de hacerlo por el Camino de Santiago es que uno no es del todo rebaño, o lo es cuando quiere. Vamos, que te enganchas y desenganchas de la "manada" cuando te apetece.
He pasado una parte de mis vacaciones caminando por el norte de España, algo más de una semana, suficiente para conocerlo. Mi caso era saciar una curiosidad de años. Quería saber que era eso, con raíces tan viejas, revitalizado durante los últimos años al compás de años jacobeos y nuevas formas de hacer turismo con el camino como principal excusa. Voy a intentar daros unas pequeñas pinceladas....
Los "rebaños" de el Camino, en cualquier caso, son de lo más agradable porque se eligen libremente. Generalmente la nacionalidad, el hablar la misma lengua, pesa mucho, aunque el camino de Santiago sigue siendo el camino de Europa. Encuentras personas de Francia, Italia y Alemania, aunque también de fuera del viejo continente. Es una apoteosis de la convivencia, es un lugar de encuentro para que Europa se construya también desde abajo. El inglés es el instrumento más frecuente de comunicación, aunque cada vez son más los que conocen el español.

Hay aventuras absolutamente dignas de mención, como la de un milanés (el de la foto), ahora errante, que salió de su ciudad a finales de mayo para emprender el camino. Lo encontré haciendo el camino de vuelta cerca de Pamplona, cuando mis piernas todavía iban muy pesadas, y las agujetas y los tirones musculares me provocaban un cierto desanimo sobre mis posibilidades de futuro como caminante. Él, en cambio, con sus setenta y dos años era un pluma, su cuerpo estaba engrasado, su cuerpo se había convertido en una prolongación del camino.
He visto otras peripecias admirables como la de un bilbaíno que camina y camina con un pequeño carro y sus dos pequeños perros, de ida, de vuelta, por el camino francés, por el camino aragonés, por el de la costa... Tiene una baja laboral permanente y una pequeña pensión, no soporta estar en su casa, no soporta el sedentarismo de el sofá y el televisor, no ha creado una familia, es huérfano de padre y de madre...no tiene ataduras, es libre e inquieto y necesita un hábitat apropiado. Asegura que lo ha encontrado en el Camino.
Karin fue una de las personas más agradables que me encontré, antes de llegar a Pamplona. Es alemana, de Múnich, habla español y España es un foco de atracción para ella. La juventud europea se lo pasa en grande recorriendo las tierras del norte de nuestro país. Como Karin, hay muchos jóvenes de Europa que se cogen la mochila y deciden venir a caminar, muchos solos y sin conocer nada de nuestro idioma. Las paradas para tomar una caña o un café suelen ser los momentos más divertidos, el ambiente es inmejorable. Los bocatas son el tentempie más consistente.
En el Camino uno va con la casa y con la vida a cuestas. Una compañera conocida en el caminar me dice que se piensa de todo, del pasado y del futuro, de lo de antes y de lo de ahora, de lo más elevado y de lo más terrenal, pero quizá hay más sacrificio que turismo. Sacrificio deportivo, espiritual, físico...las motivaciones son muy variadas. El caso es que se sufre, pero se disfruta.
Hay paisajes. España va cambiando de tono según vamos andando. Hay contrastes llamativos como el del pino y la cebada, en los alrededores de Puente de la Reina, contraste que con la primera luz del día se hacen especialmente agradable, y el olor es estupendo, pero eso no soy capaz de contarlo. La cebada en la llanura y el pino en las lomas contiguas. Muy bueno.
Paisajes españoles y paisanajes europeos caminando hacia un mismo lugar. Lo dejé en Burgos para disfrutar del resto de las vacaciones de otra manera. Continuaré sin tardar demasiado. Ancha es Castilla.
Sábado, 2 de junio
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel