Cuatro años se cumplen desde que don Felipe se casó con Letizia Ortiz, desde entonces Princesa de Asturias.
Desde ese momento hemos visto como doña Letizia se ha ido adaptando al puesto más complicadamente protocolario de los que existen. Al principio la criticaron por ponerse un vestido de Caprile rojo pasión que la realzaba como a una princesa de cuento de hadas. Ahora dicen (los cotillones) que es demasiado sobria, que su sobriedad es a veces algo gris.
Lo cierto es que la joven princesa se está moviendo con tino en el complicado escaparate por el que tiene que pasear. Es una profesional de los medios y se nota. Se nota también su influencia en el príncipe Felipe. Creo que desde que está ella sus discursos tienen otro toque (sin salirse de la institucionalidad propia del cargo) más directo, incluso don Felipe enfatiza más y eso es algo que se agradece.
Cuando veía y coincidía con la periodista Letizia en TVE, me llamaba la atención lo claro que parecía tenerlo todo, gran reportera, presentadora creíble y solvente… Era de esas mujeres “lanzadas” que se toman muy en serio su trabajo. Seguro que ahora también lo hace. Una mujer plenamente convencida, sin reservas, de que este será el siglo de ellas. Ahora todo eso lo tiene hacer compatible con el añejo mundo de la monarquía.
Doña Letizia no tiene un precedente claro como princesa de España (para encontrar a la última en ejercicio hay que remontarse a finales del siglo XIX, cuando todavía en el mundo no existía el desbarajuste mediático en el que nos movemos y para ver a la Realeza en directo había que irse a la verja del palacio de Oriente: otro mundo). Tiene, eso sí, a la reina como máximo referente, aunque sus circunstancias son muy diferentes. Doña Sofía, de la Casa Real griega, fue educada para lo que hace, no ha completado en su vida otro horizonte vital. Lo de doña Letizia, sin embargo, es la historia de una chica apasionadamente periodista que es llamada por el heredero de la Corona de España. A partir de ahí tiene que construir un personaje. A veces pienso en la soledad que puede sentir (mucho más dura que la que siente el presentador cuando se enciende el piloto rojo, y que también ella conoce). Lo suyo es una puesta en escena por unas avenidas que están llenas de semáforos, los que regulan el interés del Estado, de señales de tráfico, que son un protocolo algo agobiante, y también de cotillitas que te ponen la zancadilla con más o menos mala baba. Es su trabajo.
La princesa, en fin, es una joven que iba para periodista con brillo y ha terminado dando brillo al principado de la Asturias donde nació, y aún tiene mucho que llover, tanto como el día de la boda en el que comenzó todo, y la veremos envejecer en el puesto. Un primer balance dice que está dando los pasos con tino, seguramente bien aconsejada y sin arriesgar mucho para no equivocarse, y además ha traído al mundo a dos pequeñas que serán una infantitas con unos abuelos muy normales con apellido Ortiz y Rocasolano. Una revolución que duda cabe. Hace cuatro años escribí en otro artículo a propósito del tema: “Doña Letizia aporta una interesante dosis de realismo en la fotografía de la Casa Real”. Lo mantengo.Ya llevamos cuatro años de princesa, ¿con Z?.
Sábado, 2 de junio
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel