Cuatro años se cumplen desde que don Felipe se casó con Letizia Ortiz, desde entonces Princesa de Asturias.
Desde ese momento hemos visto como doña Letizia se ha ido adaptando al puesto más complicadamente protocolario de los que existen. Al principio la criticaron por ponerse un vestido de Caprile rojo pasión que la realzaba como a una princesa de cuento de hadas. Ahora dicen (los cotillones) que es demasiado sobria, que su sobriedad es a veces algo gris.
Lo cierto es que la joven princesa se está moviendo con tino en el complicado escaparate por el que tiene que pasear. Es una profesional de los medios y se nota. Se nota también su influencia en el príncipe Felipe. Creo que desde que está ella sus discursos tienen otro toque (sin salirse de la institucionalidad propia del cargo) más directo, incluso don Felipe enfatiza más y eso es algo que se agradece.
No consuela que hayan desmantelado la red mafiosa porque cuando la inseguridad ciudadana aumenta hay una cierta tendencia a mitificar a la policía. Claro que lo de Coslada es un caso aislado que no puede emborronar el trabajo de "los municipales", aunque es un caso grave: casi veinte años soportando a unos polis mafiosos es demasiado tiempo. Gines Jiménez llevaba dos décadas al frente de la policía municipal. Vaya tipo este. Iba para periodista y acabó dictando su ley en la comisaría.
Ahora los vecinos se explayan, respiran, se irritan, aunque han estado callados, por miedo. Ya se sabe que la pistola en el cinto impone mucho.
El, el sheriff cosladeño, siempre con su "abran paso, abran paso". Un camarero ha declarado que ya podía tener cuidado con echarle un poquito de la Coca-Cola del cubata fuera del vaso. Al hombre le temblaba el pulso ante la mirada implacable del sheriff. Sí, sí, todo un personaje.
Y, sin embargo, fueron las prostitutas las que encendieron la chispa de la rebelión, prostitutas rumanas. La valentía suele acampar más facilmente en los territorios donde se tiene menos que perder. En fin, ellas pusieron la denuncia que hizo a la Policia Nacional iniciar las investigación que acabó con Gines Jiménez y los suyos enchironados.
A mí con el bicentenario de la guerra de la independencia española me ocurre como con Mayo del 68, que también recordamos ahora. Prefiero nadar en aguas superficiales y quedarme en la mitología de las bellas estampas de libertad más que bucear en el análisis certero de la realidad.Prefiero contemplar la estampa de un pueblo luchando por su independencia que detenerme a analizar el hecho de que parte de ese pueblo (no todo) gritaba "viva las caenas". Y en la revuelta de Mayo del 68, me atrae la bonita imagen del hombre/mujer joven en busca de su felicidad frente a la vieja infelicidad burguesa de todos los que piensan bajamente en pos de una concepción mercantil de la vida, pero me asusta saber que algunos (no todos) de aquellos revolucionarios de la primavera parisina enarbolaban la bandera de un personaje como Mao, pero esto es otra historia.
Voy con el bicentenario: pueblo que se levanta contra la invasión de las tropas napoleónicas. Napoleón, que después de usar la armada española (antes invencible) para hacer frente por mar a los ingleses (sin éxito como se comprobó en el desastre de Trafalgar-1805) quiso entrar en España como Pedro por su casa.Y la verdad es que lo hizo. Lo hizo porque le dejo el gobierno comandado por Godoy. La verdad es que España, o mejor dicho, sus gobernantes, no han alcanzado nunca más tales niveles de indignidad. Comenzaron cediendo los barcos y la tropa marinera y terminaron entregando la honra.
Sábado, 2 de junio
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel