Los nacionalismos y los escrúpulos: Hitler, la India, la ikastola y Katyn
21.09.07 @ 10:43:28. Archivado en England, In General
Mi amigo Ricardo dice que la Pérfida Albión ha sido una nación de piratas y lo fundamenta con argumentos casi irrefutables. Pero uno, que tiene sus debilidades, escora hacia la anglofilia, qué le vamos a hacer.
Leía ayer en la página de la BBC un artículo sobre un nuevo documental de la casa titulado “Hitler’s secret Indian army” en el que se mencionan unos documentos que los servicios secretos británicos deberían haber mantenido en secreto hasta 2021 pero que acaban de hacerse públicos:
Berlín, 3 de abril de 1941: Subhas Chandra Bose, líder independentista indio de ideas pro-comunistas, acepta la oportunidad que le da el ministro de exteriores alemán Von Ribbentrop de crear el “Centro de la India Libre” desde el que organizará el “Gobierno de la India Libre” y un ejército para luchar por la causa: la “Legión de la India Libre”. Bose cuenta con reclutar a los prisioneros indios que Rommel ha capturado en el norte de África para luchar contra los británicos por la independencia de su país.

A finales de agosto de 1942 la Legión se compone de unos 3.000 antiguos prisioneros indios que cambiarán el juramento a Su Majestad Británica por el siguiente: “Juro por Dios que obedeceré al líder de la raza y del estado alemán. Adolf Hitler, como comandante de las fuerzas armadas alemanas en su lucha por la India y cuyo líder es Subhas Chandra Bose”.
Bose llegó a estar un poco preocupado por la ruptura del pacto de su mentor con Molotov pero no demasiado: su nacionalismo se impuso a su “ideología política” (en realidad creía que una dictadura en la India, ya fuera comunista o fascista, era la única forma de hacer de su país una potencia mundial) y pragmáticamente siguió colaborando con el régimen nazi e incluso se reunió con Hitler en mayo de 1942.
El problema llegó cuando tras la derrota de Stalingrado, Bose se dio cuenta de que el Reich no estaba ya en condiciones materiales de ayudarle en su lucha.
Así que esta vez se fijó en el Japón y allí se fue ni corto ni perezoso en febrero de 1943 en un submarino alemán primero y en uno japonés después. El gobierno imperial le ofreció su ayuda y, con un ejército de 60.000 indios sacados también de los campos de prisioneros, ayudó a las tropas niponas en su lucha contra el Imperio Británico en oriente.
Mientras tanto los legionarios indios que Bose dejó en Alemania se integraron en las Waffen SS de Himmler y todavía son de infausto recuerdo en algunas zonas de Francia por las barbaridades que cometieron en su retirada al final de la guerra.
Se supone que Bose murió en un accidente de avión en Taiwán cuando regresaba a Tokio desde Singapur el 18 de agosto de 1945, pero este hecho ha sido siempre motivo de discusión por falta de pruebas e incluso se ha llegado a decir que murió en Siberia en manos soviéticas. El gobierno de Taiwán niega que se estrellara ningún avión aquel día en su territorio.
Tras la guerra se prohibió a la BBC dar información alguna sobre este tema: nada de hablar de la Legión, nada de hacer referencia a Bose.
Este mismo año se ha publicado en Toulouse una novela titulada “L’Indien du Reich” escrita por Michel Renouard (Privat) cuya tesis es que fue el servicio secreto británico el que intentó deshacerse de Bose ya desde su etapa berlinesa en el marco de una operación que en código se llamó “Bushido”.
MI IKASTOLA
Todo esto me recuerda las andanzas de Martín Abadía, el cura nacionalista vasco y pro-nazi que Jon Juaristi novela en “La caza salvaje”. No es casualidad que en mis primeros añitos en la ikastola una “andereño” (maestra), quiero creer que con menos luces que mala intención, nos dijera en voz baja pero como algo grande: “Hitler sólo aceptaba que los alemanes se mezclaran con otra raza pura, la vasca”. Y todos exclamábamos sinceramente impresionados: “¡Oh….!”
EL BOSQUE DE KATYN
Ha coincidido la noticia que comento con el estreno de la película de Andrezj Wajda sobre la mantanza de Katyn en la que su padre, capitán del ejército, fue uno de los 22.000 militares y civiles polacos prisioneros asesinados por Stalin en abril de 1940. Cuando poco después un general polaco pro-soviético llamado Berling quiso organizar un pequeño ejército con soldados prisioneros de su país, el jefe de la NKVD, Lavrenti Beria, le confesó. “No podrá contar con ellos, cometimos un grave error”. La sinceridad de Beria al hablar de “error” es más que discutible si juzgamos por todo el mal que le quedaba por hacer, pero al menos lo que dijo se acerca a la verdad.

Por otra parte me pregunto qué fue de Berling: lo que él intentó a un lado del frente de la Segunda Guerra Mundial fue parecido a lo que Bose hizo al otro lado. Que éste tuviera más “suerte” es pura coyuntura porque las situaciones se podrían haber intercambiado fácilmente.
Sirva todo esto para ilustrar la falta de escrúpulos de los ultra nacionalistas para conseguir sus objetivos, y cómo todo esto que es condenable por todos porque ocurrió hace 60 años, no se quiere ver cuando está sucediendo aquí y ahora.
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