Soñamos España

De lo que puede resultar si se une una línea de puntos

19.05.08 | 09:17. Archivado en Yo era argentino...

Le adiviné en la cara la argentinidad. Suena a chulería y a confesión de brujo, pero es verdad. Antes de sentarme en mi butaca de avión al lado de la que le ocupaba él –sentado y con cara de distraído-, arriesgué con una pregunta tonta y en castellano (estábamos por despegar desde un aeropuerto americano hacia Madrid) -¿y tú no tienes equipaje?- me miró como quien oye una acusación repentina y casi surrealista. –No ¿porqué?-. Ya en el no me contenté con el acierto. Era un hombre elegante que pisaba los sesenta, y vivía en Madrid desde hacía treinta y un años. No treinta, treinta y uno.

Enseguida comenzó una conversación contra reloj (los dos debíamos dormir algunas horas, de las nueve de diferencia que nos separaban con nuestro destino español), pero sin apuros a la vez. Mi compañero de viaje me confesó, después de algunos silencios dignos de suspiros, que era uno de los pasajeros de “El charter de Videla”. Era la primera vez que oía ese título para nombrar a ese torrente desvalido de toda justicia, que fue expulsado a golpe de tiro y picana, de la Argentina del proceso genocida. España fue su destino final, estuvo veinte años sin volver a su tierra, y pisó con asco, en una vuelta que no debería haber sido, la plaza de la vergüenza de Galtieri, un 2 de abril de 1982. Los coches llevaban calcomanías con banderitas celestes y blancas, sobre las que una frase escupía: “Los argentinos somos derechos y humanos”.

Después de no querer describirme con silencio y ojos acuosos, los días en los que estuvo secuestrado por aquellos canallas, pidió una manta a la azafata. El recuerdo le había traído frío y a mí también.

Ya cruzando el Océano Atlántico la charla anduvo siempre por la Argentina trágica del ‘45 a hoy. Mi compañero nombró a algunas personas claves, a tres o cuatro momentos de la historia, y a ciertas anécdotas esclarecedoras de su concepción de porqué estamos como estamos y somos lo que somos. –Ya tenés los puntos, ahora te toca unirlos- me dijo.

Me fascinó la idea gráfica. Una línea de puntos, un caminito de hormigas, los rayos de la bicicleta que se funden todos en un centro, como una verdad más que posible.

Nos estrechamos la mano en Barajas y nos deseamos buena suerte.

A mí me queda unir esa línea de puntos que me dejaste en la imaginación, me queda decirte -robándole al poeta rosarino- que quién dijo que todo está perdido…si vos venís a ofrecer tu corazón.

Y yo ahora, con el poder total que me da el azar de ser un personaje secundario treinta y un años después, pongo la voz de millones en tus oídos: Perdón, no te lo merecías; no te lo merecías ni vos, ni ninguno de los de tu familia.

Lo último. Te juro que tu dolor no fue en vano para muchos de nosotros y que sabemos que tu testimonio deberá ser nuestro mantra y la luz que ilumine el futuro.

Gracias por ayudarme a entender que sí existe una línea de puntos, que es muy importante unirlos y que esto no debe de olvidársenos nunca.

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La Argentina falseada de Vargas Llosa

07.04.08 | 12:06. Archivado en Yo era argentino...

Mario Vargas Llosa llega a Rosario, Argentina, y lo recibe una turba enardecida que apedrea el autobús que lo transporta, rompiéndole los parabrisas. Esto lo lleva al escritor peruano a publicar en El País del domingo 6 de abril un artículo titulado “Borges y los piqueteros”, en donde sin temblarle la mano, expulsa que alguien escribirá la historia del porqué el país que después de ser el mejor educado de la América latina, “una ficción borgeana..(la lleva) a dividirse, ensangrentarse, provincianizarse, y en resumidas cuentas, pasar de Jorge Luis Borges a los piqueteros”
A la gente de la estirpe de Vargas Llosa le encanta Sarmiento, entonces concluye: “(Los piqueteros) son emblema de la otra Argentina, la que rechazó el camino de la civilización y optó resueltamente por la barbarie”. Otra vez: civilización y barbarie.
Sin perder el hilo de la polarización estupenda, José Pablo Feinman en Página 12, contestando a un artículo de Beatriz Sarlo publicado en La Nación a propósito del último cacerolazo contra el gobierno de Cristina Férnandez, pone sobre la mesa esa dicotomía marchita, casi risueña: gorilas vs cabecitas negras, rubios contra negros, peronistas contra todos. Casi textual
Parece mentira pero sí, la fuerza de las categorías clásicas hacen espacio en la prensa y en nuestros pensadores y analistas. Parece que nadie sabe ya cómo encarar el caso argentino. Acaso haya que recurrir de nuevo a Perón, a Evita, a Sarmiento.
Lo cierto es que mientras los que deberían desmenuzar y echar luz sobre lo que de verdad pasa en el país, los que desde los medios de comunicación deberían desandar caminos preguntándose el porqué y el porqué para encontrar alternativas, siguen reproduciendo la vana lucha que llevó a la tierra de todas las posibilidades, a ser lo que hoy es: fragmentada, deslucida, de guerrilla barrial por un pedazo de la torta o, mejor, de la vaca.
La presidenta seguirá apaleando a los ricos del campo con sus medidas (aunque con ello caigan los medianos y pequeños productores), los periodistas y liberales de boquilla, seguirán atrasando en su análisis unos cincuenta años, y los chicos que nacen y crecen en la bendita Argentina (los hambrientos, los ricos, los de clase media, todos por igual) seguirán siendo educados (desde los medios, desde el balcón de la Casa Rosada, etc.) en la teoría del buen argentino: bárbaro o civilizado, peronista o antiperonista, blanco o negro.


Elecciones argentinas. Lección 1: soy responsable

01.10.07 | 09:08. Archivado en Yo era argentino...


Acusar a los demás de los infortunios propios es un signo de falta de educación.
Acusarse a uno mismo, demuestra que la educación ha comenzado.

Epicteto de Frigia

Nunca nos explicaron que aquellos a quienes llamaban políticos eran nuestros empleados, además de nuestros representantes. Somos el país en el que los que debieran jugar en el mismo equipo juegan en contra, y los políticos nos van ganando. Entonces el tiempo que empleamos en pelearnos, ellos contra nosotros, políticos contra la gente, es lo que el país tardó en hundirse como un barquito de papel.
En resumen hemos aprendido a construir una nación en la que lo que importa es llevar al poder al contrario, es decir, coronar a un rey para después intentar matarlo en cada mesa de café. Pero no exigirle que haga bien su trabajo, ni enjuiciarlo y detenerlo si delinque, ni destronarlo mediante las urnas si lo hace muy mal, ni tampoco proponer nuevos reyes (¿López Murphy no es el mismo que…?, ¿Adolfo Rodriguez Saa no es aquel que…?); simplemente hemos desarrollado la exquisita idea de que el primer trabajo argentino es deshacer como sea el concepto de la responsabilidad individual. "Yo no lo voté", "yo, argentino".. Jugamos el partido contra los políticos, los políticos ganan, nosotros no somos responsables de nuestro mal juego, somos víctimas y lloramos, quemamos unos neumáticos sobre la ruta y vemos el humo ascendiendo al cielo mientras apretamos los dientes con una bandera que compramos para el mundial, decimos ‘este país se va a la mierda’ todo vez que nos sea posible, gritamos ‘que se vayan todos’ durante unas semanas y después… ¿y después qué?
Después vienen otras elecciones. ¿Otra vez dos bandos? ¿Otra vez habrá que pelearse contra los políticos? ¿Otra vez perderemos por goleada?
A un mes de elegir un nuevo gobierno constitucional los argentinos nos deberemos preguntar si vamos a elegir para después lamentarnos sin exigencias, si no será mejor resignar un rato de Tinelli para enseñarles a nuestros hijos qué es eso de la responsabilidad y qué es eso de la República (res, cosa, pública, de todos), y porqué para vivir en una verdadera comunidad es necesario una política, la práctica de una dinámica natural en donde elijamos al que creamos el mejor de nosotros, el más adecuado para que administre lo de todos y legisle con las leyes que normalizan el sistema de vida que queremos.
La lección número 1 en las escuelas argentinas, propongo, será explicarnos a todos porqué, por ejemplo, Néstor Kirchner es jugador de mi mismo equipo porque yo lo elegí para que trabaje en esa posición del campo de juego, y porqué elegiré a otro jugador si este lo hace mal. Y si este lo hizo mal no acusaré al FMI, ni a fuerzas extrañas e invisibles, ni a criterios tan vagos como políticas de izquierda o derecha; porqué me haré cargo de mi responsabilidad, de mi elección. También podré presentarme como candidato al mejor de mi barrio o de mi ciudad porque puedo creer en mis aptitudes para administrar mejor que mis vecinos, y este hecho supondrá que deberé intentar luchar contra el descreimiento de esa horrible mafia que los argentinos dimos en llamar “clase política”.
Los maestros deberán explicar a los alumnos: primero, que sí es posible, y segundo, que para entender el concepto de elegir, habrá antes que leer el capítulo de responsabilidad, que definiremos como "estoy dispuesto a pagar los precios y hacerme cargo de los resultados de mi voto". Yo elijo, yo respondo por mi elección.
Tendríamos que saber implementar una pedagogía cívica y democrática tan básica que podamos entenderlas hasta los argentinos.


Argentina y otro 9 de julio. El dilema de no saber usar la independencia

09.07.07 | 08:46. Archivado en Yo era argentino...

Alguna vez alguien dijo que la más grande de las facultades de una persona es la de poder ser independiente en sus ideas y tener la convicción y fortaleza para llevarlas a cabo. En esta semana de julio en que Argentina se celebra aquella declaración de Independencia del reino de España del 9 de julio de 1816… Yo me pregunto y les pregunto a mis compatriotas: ¿qué ha pasado con aquella, la más grande de las facultades en nuestro país? ¿Quién sabrá responder a la cuestión de nuestro fracaso general a casi doscientos años de tan ilustre momento?
La historia nacional ha desandado un camino gobernantes que lograron lo que parecía imposible: hacer pobre a uno de los países más ricos del planeta. Lo único cierto es que la generación de todos estos personajes nefastos y surrealistas (afrancesados, monárquicos, chauvinistas y militares advenedizos) ha sido fruto de la sociedad argentina, y cuando digo sociedad argentina estoy hablando de cada uno de nosotros, de usted, de su vecino, de su intendente y de la maestra de sus niños. Nuestros gobernantes, esos dependientes de tantas dependencias, no bajaron de una nave espacial, salieron desde las entrañas mismas de nuestros barrios.
Los hombres y las mujeres de mi país no hemos sabido ser independientes si lo es quien no depende de algo o alguien que marque su paso y determine su ideario y someta a seguirla sin miramientos. Sin ir más lejos, en estos casi veinticinco años de democracia fatal: Alfonsín fue sometido por los militares y la inflación; Carlos Saúl M por EEUU y por él mismo; De la Rúa por su evidente insuperabilidad para el blooper (agradecemos a quien comandó el helicóptero); Kirchner por el monstruo argentino endémico que se llama Peronismo.
Yo arriesgo que lo primero que de verdad nos hará independientes es la construcción de un país regenerado desde el fortalecimiento de la educación, porque la ignorancia es lo primero que nos está perpetuando en esta serie de insoportables sometimientos.
En este 9 de julio no estaría mal sentarnos a pensar para tomarnos un poco en serio lo de la independencia, lo de la facultad aquella de generar una idea propia y tener la fortaleza de llevarla a cabo.


De cómo se es argentino en España, en secreto

16.04.07 | 11:19. Archivado en Yo era argentino...

Hoy juega Boca vs River y mi amigo Billy Marín llega a Madrid en un avión de Aerolíneas Argentinas (su transporte y su lugar de trabajo) con algunos discos y libros que le he pedido. Podríamos ir a ver el partido a un bar de los cercanos a la Puerta del Sol (de esos que tienen Canal Plus), pero a mi amigo Billy no le gusta al fútbol, podría celebrar nuestro encuentro después de no vernos durante un largo año en una parrilla argentina de las que abundan en esta ciudad, pero yo soy vegetariano. Los dos somos argentinos a la manera de ser de los argentinos que yo he conocido, rompiendo sin decirlo el estereotipo, yendo en contra, asumiendo la sobreactuada negativa como política vital.
El ejemplo sirve para desahogarme un poco sobre el arduo trabajo que se me pidió para la próxima edición de la Revista Argentina de España en la cual se hablará sobre el perfil de los argentinos aquí, con estadísticas, testimonios y alguna foto que otra de alguien tomándose un mate al pie de la Cibeles. El trabajo es casi de espía porque los argentinos en España somos sin lugar a dudas el secreto mejor guardado de todos los contingentes que por aquí desfilan. Los argentinos somos y no somos inmigrantes, somos y no somos españoles, somos y no somos latinoamericanos, somos y no somos argentinos. Que si nos reunimos en algún sitio, pues no; que compramos o usamos tal o cual producto bancario, pues no se sabe porque somos tanto los que tenemos pasaporte español que cómo llamar compra de argentinos a estos; que somos los inmigrantes más cualificados a nivel educativo y/o cultural, pues la oleada del “corralito” ha traído una inmigración económica con menos preparación lejana a los altos niveles anteriores.
Los argentinos somos esa masa de conversadores sospechosos, esos mutantes incómodos que se disipan en la geografía ibérica, y que después de unos años a 15.000 km de distancia preguntándonos todos los días sobre qué maldita cosa somos y prometiéndonos que ahora sí se puede volver, hacemos una valijita y nos vamos silbando bajito hacia Barajas, disimulando el tango en los pasillos de Nuevos Ministerios, solapando nuestra ambigua identidad, sumando a la leyenda urbana que solo a nosotros nos interesa y tanto nos gusta.


MALVINAS, 25 AÑOS. Mi 2 de abril, por Martín F. Yriart

02.04.07 | 11:27. Archivado en Yo era argentino...


Hablé este fin de semana con mi amigo Martín F. Yriart y le pedí que escribiese algunas líneas para este blog recordando los 25 años de Malvinas.
Este es el testimonio de alguien que vio el horror de cerca.

MI 2 DE ABRIL
El 2 de abril de 1982 yo tenía 39 años. Había visto cómo los militares y sus secuaces civiles secuestraban a mi mujer, y torturaban y mataban a mis amigos y colegas. Desde la ventana de mi oficina, donde yo explicaba los rudimentos de la física atómica a otros periodistas, se veían los edificios blancos, mudos e inertes de la Escuela de Mecánica de la Armada, pero tardé años en enterarme de lo que sucedía allí. Algo pasaba, porque mi jefe, un doctor en física y almirante del más alto rango, que vestía siempre de civil, llevaba una pistola calibre 9 mm en el portafolio. El 1 de abril, a las 2 de la tarde, su secretario privado, un ex suboficial de Infantería de Marina, me dijo: “El almirante Castro Madero quiere que usted no se mueva de aquí hasta nueva orden. Estamos ocupando Malvinas. Ya están las tropas embarcadas”. A mí se me heló la sangre y lo vi como en las malas películas de Hollywood. La Thatcher estaba a punto de perder la reelección y estos pelotudos del Ejército se la estaban dando servida. Íbamos de cabeza a la derrota y a la humillación. Pocas horas después supe la verdad: había sido Anaya el que le había calentado la cabeza a Galtieri, con el premeditado desembarco en las Georgias. A las diez de la mañana del 2 de abril de 1982, en la explanada de la flamante Fábrica de Combustibles Nucleares de Ezeiza, renuncié a mi contrato como agente de prensa de la Comisión Nacional de Energía Atómica. La renuncia me fue rechazada, con la intimación de que debía permanecer en el cargo hasta el día de la inauguración de la Central Nuclear Embalse. Cumplí. Trabajé en la CNEA hasta ese día. A la mañana siguiente volví a Buenos Aires, bajé del avión de la Fuerza Aérea que nos había traído de Córdoba a todos los periodistas, me tomé un taxi en Aeroparque, y me fui a mi casa. No sabía de qué iba a vivir, pero me daba igual. Desde 1976 estaba en una lista negra del Servicio de Inteligencia del Ejército. Esa lista la tenían sobre su mesa todos los responsables de los diarios argentinos. Me lo había dicho Héctor Magnetto, en Clarín, cuando aquel año fui a pedirle trabajo, después del cierre de La Opinión. “¿Cómo ha venido usted a verme?”, me dijo. “¿No sabe que me compromete?”. Un año antes de “la toma de las Malvinas”, la devolución de la soberanía ya era un hecho consumado en Whitehall; faltaba sólo la fecha, como lo cuenta Jorge Marirrodriga en la página 13 de El País del domingo 1 de Abril de 2007. La negociación había estado a cargo del coronel Balcarce, un militar retirado, adscripto al Departamento Malvinas del Ministerio de Relaciones Exteriores, formado como oficial de estado mayor en la academia de Sandhurst y en la École Militaire de París, que había dedicado su vida a la restitución legal de las islas por la vía diplomática, y con quien colaboraba yo ese año desde su minúscula oficina en un petit hôtel polvoriento del Barrio Norte, a unos pasos de la Cancillería. Han pasado 25 años. Me siento tan frustrado y cabrero como el 1 de abril de 1982. Sólo me consuela que, gracias a esa torpeza mesiánica y demagógica de Anaya y Galtieri, se derrumbó por fin una dictadura militar que a los argentinos nos debe 30.000 muertos y desaparecidos. Y el archipiélago de las Malvinas, con sus 649 cruces blancas.

MARTÍN F. YRIART


LA ARGENTINA QUE MÁS NOS AVERGÜENZA

27.02.07 | 09:17. Archivado en Yo era argentino...


Las famas no son gratuitas: los argentinos somos reconocidos adónde fuéramos, entre otras cosas, por nuestra reconocida habilidad para creernos mejores; la vanidad como la más miserable de nuestras Bellas Feas Artes.
A los argentinos nos han enseñado a creer que una manera de demostrar esa “supremacía” de nuestra raza consistía en discriminar, en diferenciarnos, en la práctica lisa y sencilla de la agresión a los diferentes. Así crecimos, y por lo visto así se sigue educando a las nuevas generaciones, con la mentira que nos margina del mundo, el autoengaño argentino y su estúpido puñetazo sofocado de ego.
Un estudio difundido por Página 12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-80898-2007-02-26.html), elaborado por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), demuestra la grave situación en la que se encuentra Argentina, ante estos asuntos.
En el conurbano bonaerense, donde fue realizado el sondeo, el 83,8 por ciento de los encuestados contestó que existen “muchas/bastantes” prácticas discriminatorias en la sociedad argentina.
El dato que más repugnancia me ha causado es el siguiente: el grupo social que más afectado se ve por la discriminación es inmigrante, el de los bolivianos. El 52,3 de la población boliviana dice ser discriminado. Le siguen los peruanos, con un 30,6; los paraguayos, con un 24,3; los judíos, con un 17,1; los chinos, 14,6; y los chilenos, 11,7.
La vergüenza nacional de mi país resulta la que deriva de una premisa falsa: creerse más de los que realmente se es, y ese gesto del todo hijo de la ignorancia repercute en el entorno social, cultural, político y económico. En Argentina; con honrosísimos casos de movimientos inteligentes, se sigue reproduciendo el modelo de la segregación por razas, nacionalidades, o religiones.
Qué tristeza, que hastío, que dolor más grande nos causa a los argentinos emigrados que hoy levantamos la bandera de la igualdad lejos de nuestra tierra, que nuestro país siga perpetrando este atentado contra sí mismo.


Argentina se conmueve: el primer desaparecido en democracia

09.10.06 | 13:18. Archivado en Yo era argentino...


Hubo un antes y un después en la conciencia colectiva de los argentinos marcada por la huella del proceso militar iniciado en 1976, y su más alto grado de perversión se llamó Desaparecidos. Se contabilizaron alrededor de 30.000 los que ya nunca más volvieron luego de ser secuestrados por el terrorismo de estado en universidades, lugares de trabajo, en la calle o en sus propias casas. Hoy, a veintitrés años de recuperada la democracia, el caso de la desaparición de Julio López, vuelve a encender las alarmas. López fue el testigo y acusador principal del represor Etchecolatz, quien resulta el primero de los militares genocidas que se encarcela tras las sentencias de amnistía (Punto Final y Obediencia debida) firmadas por Alfonsín y Menem.
Después de tantos años algunas cosas parecían ponerse en su lugar. El gobierno de Kirchner había asumido un papel de reconocimiento legítimo a las víctimas de aquellos días aciagos. Las madres y abuela de Plaza de mayo ya no son ni las locas ni las molestas, son esas mujeres que supieron ganarse a fuerza de perseverancia ejemplar un lugar privilegiado en la voz y el voto de lo que a derechos humanos acontece en Argentina. La abolición de las leyes de amnistía y la sentencia para Etchecolatz, demuestran el giro radical y demandado por una sociedad que, como todas, no descansa hasta que llega la justicia.
Pero ahora que el tren de la lentísima justicia argentina avanzaba…¿quién se ha robado a Julio López, quien es ése o esos que como un niño que no acepta su derrota en el juego pinchan la pelota?
El militar aún libre Reynaldo Bignone tuvo el desparpajo en estos días de hacer llegar a los medios una carta en la que invita a los jóvenes “a terminar lo que la dictadura no pudo” y otros cientos de personas pidieron en estos mismos días para los militares asesinos “la amnistía más amplia posible”
Más de 100.000 argentinos de a pie acaban de llenar la Plaza de Mayo pidiendo por la aparición con vida de Julio López. Es el espíritu incansable de las Madres y Abuelas lo que llevará a Argentina a encontrar los verdaderos caminos de la justicia, sino todo el sufrimiento habrá sido en vano.


La diferencia entre Blumberg y un militar represor

25.09.06 | 12:36. Archivado en Yo era argentino...

Lo que se sabe sentir se sabe decir
Miguel de Cervantes>

Conocí al Ingeniero Juan Carlos Blumberg en Madrid y de casualidad. Él pasaba por una esquina, yo lo reconocí y no lo dejé hasta que me prometió que me daría unos minutos para una entrevista. Esa misma tarde, me recibió en el hall del Hotel Suecia. Pasamos entre turistas, maletas y botones, y logramos una mesa alejada donde mi entrevistado puso una carpeta de la que empezó a extraer una docena de fotos. Al ritmo de la descripción de cada imagen que mostraba de su hijo Axel, fue llorando y a la vez explicándome los detalles del secuestro, de los fallos policiales y del temido fin: el asesinato de su único hijo por parte de los captores. El desarrollo de mi entrevista y de las que brindó durante todo ese primer tiempo giró en torno a una idea: “le juré a Axel que voy a luchar por la justicia en la Argentina, y voy a lograrlo”.
Desde su fundación, el apoyo masivo de sus marchas y sus propuestas legislativas, Blumberg comenzó a cumplir su promesa: ponerse a trabajar en la justicia, no sólo criticando el estado actual de cosas, sino proponiendo posibles soluciones.
Sus propuestas son, entre otras, que se archive la reforma oficialista del Código Penal, que se baje la imputabilidad de los menores, que se urbanicen las villas, que se combata firmemente el tráfico de drogas, que se investigue el desarrollo patrimonial de los jueces federales, que se aplique la ley tal como está y que se controle a los presos que salen en libertad condicional.
Todas son discutibles y discutidas por todos los foros sociales y políticos del país. También es discutida la adhesión de una parte del arco político argentino (la derecha y el centro), aunque sería también discutida la adhesión del otro lado, ya que toda la clase política argentina está manchada de sospecha. Lo cierto es que donde los críticos y opositores se equivocan es cuando tildan al ingeniero de fascista, de hombre de ideas represoras y de que se parece cada vez más a la escoria militar de los años de plomo. Para empezar a Blumberg y a cualquier militar represor los diferencia un criterio básico: la ley. Mientras que el ingeniero propone y discute en torno a la ley establecida, y en el marco de la democracia, para aquellos militares asesinos la ley no era más que una muñeca a la que se podía violar, matar y volver a hacer vivir sentándola en su sillita de torturas. Para que la Argentina vuelva a ser un país en serio, las discusiones deben guardar parámetros de seriedad y un cierto grado de meditación. El insulto aparece cuando las ideas no se valen por sí mismas.
Discutamos sobre lo beneficioso o no de los proyectos de Blumberg, y seamos respetuosos de los que sufrieron y sufren, y se la juegan, arriesgan, hacen y no sólo hablan, como casi todos los otros.


El juramento argentino

26.07.06 | 10:56. Archivado en Yo era argentino...

“La fidelidad a un juramento es algo que a los españoles no nos cabe en la cabeza. Ni a los argentinos (…)”. Lo escribe Elvira Lindo y lo publica en El País de España, el domingo 23 de julio. Y me hace pensar en aquel juramento que nos hicimos los argentinos en el diciembre del 2001. Los que salimos con las cacerolas a la calle y gritamos “que se vayan todos” nos juramos, nos recontrajuramos que no les dejaríamos pasar ninguna más. Fueron épocas en que a los políticos salientes se los insultaba por la calle y hasta se les llegaba a cachetear. Juramentos argentinos que creo deben revisarse unos años después.
Néstor Kirchner con más de tres años en el gobierno y una escalada histórica en la aglutinación de poder es hoy una figura a la que nadie puede hacerle sombra política real. Su popularidad es extraordinaria y su reelección en el 2008 (y a día de hoy) está casi asegurada. Pero (más allá de la tesis de que el santacruceño resulta “el menos malo”) y planteando una evaluación somera sobre los logros de este gobierno…¿quién puede afirmar con rotundidad que los argentinos fuimos fieles a aquel juramento del 2001? ¿Quién puede negar que la disolución de una oposición real en Argentina juega en contra del país? ¿Quién puede asegurar que este gobierno ha generado un modelo económico sustentable? ¿Porqué Kirchner está tan enojado con la prensa, quien no deja de mostrar todos los días los agujeros negros aún sin resolver?
En tiempos de cumbres y contracumbres, de poderes y superpoderes, de Chavez, Lavagna y Menem en el senado, cuatro años y medio después del helicóptero huyendo de la Casa Rosada, creo que los argentinos debemos a volver a revisar nuestros juramentos y a exigirnos por una vez en la historia fidelidad a lo juramentado. Qué parte hemos cumplido y qué parte no. Una evaluación necesaria de nuestras cuentas para no volver a los años en los que los promotores de aventuras políticas del país éramos, con una suicida inconsciencia cívica, los mismísimos votantes.


Yo era argentino, ahora soy latinoamericano (2)

17.07.06 | 14:42. Archivado en Yo era argentino...


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Yo era argentino, ahora soy latinoamericano (1)

13.07.06 | 06:30. Archivado en Yo era argentino...

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