
Paul Viejo nos pone en los oídos quince cuentos. En los oídos, como un susurro, como un secreto, como un chisme. Los relatos de Los ensimismados (Páginas de Espuma), divididos en dos partes (Los descreídos y Los ensimismados) nos meten en historias que en casi todos los casos son versiones borrosas, acaso falseadas, anécdotas disparadoras de comentarios, acerca de historias de dolores familiares (“Todos han vuelto”), diálogos encima de diálogos cinematográficos (“No temas, Jack”), maneras de analizar la escritura y la forma del cuento (“Cada noche”).
Si cada historia es muy diferente y nos presenta personajes de los más tiernos en ceremonias de interior, como los más crueles, tontamente crueles (“Robert y Geena”), existe un hilo que cose todas las páginas y es el de la escritura del silencio, el que hace caso a las miradas, a los recuerdos, a las postales vivas a través de la palabras. Y esta costura, que tan dificultosa le resulta a cualquier autor acosado por las músicas cursis, las influencias semejantes a malas copias, es en el libro de Viejo su gran acierto. La voz de la escritura nos habla en silencio, nos murmura para que no la oigamos, nos invita a quedarnos en los ojos de personajes sin cara, hechos apenas de un aliento fugaz, inquietante.
Sábado, 2 de junio
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel