
Sé de Alex Declerq tan poco como que su libro Nada que no sabías se ha publicado por la Editorial Cultiva Libros. Intuyo que es argentino, joven y que este es su primera obra. De él se dice en la solapa “Actualmente escribe palabras: alguna les pone faltas, a otras tildes y al resto las rodea con signos como si fuesen cicatrices”. Esto es quizás su librito: un libro compuesto por un barullo de cicatrices, a veces atiborradas de sentido, a veces ausentes, siempre con una esperanza de poesía, de lírica desgastada, de emoción sin interés por vestirla de formas sintácticas ortodoxas.
El esquema está compuesta por texto cortos —entre una línea y una página y media— en donde el lector se encuentra con una voz conmocionada por algún interés casi siempre de orden doméstico que se convierte o da pie a una reflexión profunda, una queja, un golpe con las herramientas de la lírica o el diálogo. Los viajes y la descripción de algunas diversas geografías (Argentina, Alemania, Estados Unidos), guiados por una conmocionada expresión en primera persona que hace uso de la metáfora y de la narrativa con gusto a aforismo, se ensamblan para componer cada uno de los textos cortos.
Leclerq inicia el arriesgado camino de la literatura vanguardista, fragmentaria, de una narrativa poética tan dificultosa de hacer hablar con una voz propia.
Sábado, 2 de junio
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel