
Apenas leo los autores con los que David Roas abre su conjunto de relatos Distorsiones (Páginas de Espuma), entiendo su juego: Woody Allen, Flan O´Brien, más tarde en un cuento llega el de J. G. Ballard. Ya lo entiendo, ya lo quiero leer porque sé por cuál camino andarán estas historias, parámetros estéticos y conceptuales que adecuadamente cuajados, resultan una bomba. Y están bien cuajados, y demuestran que Roas además de un buen escritor, como es casi un requisito, es un buen lector.
Los veintinueve paisajes del volumen , divididos Espejismos y Asimetrías, tienen la fuerza de lo que avanza sobre un terreno resbaloso, una voz buena que oculta un pensamiento aniquilador, luces de colores que se apagarán para dejarnos en las sombras de una sorpresa terrible. El tono, aunque la diversidad de voces apelan a motivos y hasta géneros que parecen de imposible éxito en un solo libro, es el del engaño inteligente, el del guiño que refiere a otro guiño y a otro y así hasta varios niveles de lectura.
De entre todos los cuentos me quedo con La casa ciega, la inquietante expectativa de un hombre que se ve atraído misteriosamente por una construcción abandonada. Exquisitamente contada, antológica.
Sábado, 2 de junio
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel