Hacia el amanecer de Michael Greenberg (Seix Barral) y Locos de Felipe Alfau (Backlist) muestran dos de los posibles países de la locura, el de le realidad en el primero, el de la literatura, en el segundo.
Greenberg es un periodista (Times literary Supplemenet, The New York Review of Books) que se embarca en la más dificultosa crónica de su vida: relatar la caída en un trastorno bipolar de su hija Sally. “El 5 de julio de 1996 mi hija se volvió loca. Tenía quince años y su desmoronamiento marcó un momento crucial en la vida de ambos”. Así comienza el lento peregrinar de la enfermedad en las realidades de un grupo de gente, el entorno de Sally.
El libro tiene la capacidad de presentarse, además de cómo una crónica de los acontecimientos en sentido cronológico y fluído, con la posible estructura de una buena novela, con la presentación en escena de los personajes con sus psicologías y su definida cercanía o lejanía desde el epicentro del drama. Su esposa, su ex esposa, los médicos, las amigas de su hija, todos tiene algo que decir, que aportar, o simplemente que confesar con sus palabras y sus gestos ante la situación que consigue trastabillar la vida de un conjunto social que no sabe cómo afrontar el problema.
Hacia el amanecer también es un alegato sobre la fortaleza de los lazos familiares ante situaciones límite.
Locos es la primera novela de Felipe Alfau, ilustre desconocido del olimpo literario en castellano. Nacido en 1902 en Barcelona, emigró a Nueva York (donde murió en 1999) a los catorce años donde produjo su obra que recién fue descubierta en la década del ’80, donde llegó a concedérsele el National Book Award.
Este volumen cuenta con un interesante marco histórico y analítico en forma de epílogo por Mary McCarthy. La escritora y crítica explica que para ella esta novela es por los temas tratados y el modo en que se los plasma un fresco de España: “considerada como un absurdo, una mezcolanza de mendigos, chulos, policías, monjas, ladrones, asesinos y artistas del timo. El título se refiere a un Café de los Locos, en Toledo, donde, en el primer capítulo, son presentados como parroquianos susceptible de ser ‘personajes’”.
Alfau, raro entre los raros españoles, es un constructor de atmósferas entre insólitas e irreales, a la manera de Flan O’ Brienn, que enamora y pide lectura y relecturas.

La narrativa femenina tiene en Katherine Mansfield (Nueva Zelanda, 1888- Fontainebleau 1923) y en Flannery O’ Connor (Estados Unidos, 1925- 1964) dos de las más altos exponentes de la maestría para el cuento. Las reunimos bajo la excusa de dos interesantes ediciones bajo el mismo título: Cuentos completos.
Los de Mansfield los publica Alba editorial, con una bonita envoltura dorada, una introducción de Ana María Moix y diversas traducciones a cargo de Clara Janés, Esther de Andreis, Francesc Parcerisas y Alejandro Palomas.
Ana María Moix resume la psicología de los personajes de la neozelandesa como la de aquellos aquejados por la “enfermedad incurable” de “ser sólo el sueño de lo que pudieron ser”. Las criaturas de sus cuentos deambulan bajo esa transparencia casi fantasmagórica y se mienten, sospechan unos de otros y finalmente se escabullen en finales abiertos o decididamente congelados por un punto final inesperado. Son estampas finas con fondos atroces de vidas desamparadas en la cotidianeidad, figuras Chejovianas, maniquíes que no dejan de enmascararse tras velos de pretendidos glamoures.
En los setenta y tres cuentos y los quince fragmentos reunidos en este volumen, la obra completa de Katherine Mansfield, se lee una literatura indispensable.
Flannery O’ Connor podría ser la sucesión bestial de la escritora neozelandesa. Los cuentos completos que edita DeBolsillo en su colección Contemporánea, representan una suerte de fresco psicologista y folklórico de las historias decrépitas que se vivieron en el siglo XIX en las tierras del sur de Estados Unidos. Es en esos cuencos de palabras poblados de un inglés de argot sureño (traducciones de Marcelo Covián, Celia Filipetto y Vida Ozores), se construyen esas escenas dialogadas donde los negros y los blancos se entreveran en medio de conflictos no sólo raciales sino religiosos, económicos y políticos.
Dice con acierto Gustavo Martín Garzo, en el prólogo del volumen, que este “es un libro divertido y terrible a la vez, ante el que no sabremos si reírnos o sentirnos horrorizados”.

Ya se hacía la pregunta Italo Calvino y se contestaba con las respuestas que conformarían, una encima de otra, la definición más clásica de Clásico.
Lo cierto es que para el disfrute de lo que es un clásico en la literatura, uno de los más inspiradores o motivantes de los estímulos es la calidad de la edición. Porque hoy no se hablará en este blog de los dos libre que presuntamente se reseñaría (cuánto más podríamos decir del Bouvard y Pécuchet de Gustave Flaubert, o de Los miserables de Victor Hugo), sino de la excelencia en la edición. La editorial Backlist del grupo Planeta viene desde el 2008 entregando una serie de clásicos, asimismo titulados, dignos del gusto de la relectura. Si todos los grandes hombres de letras recuerdan tal o cual portada, con su portada, su calidad de papel, incluso el traductor, esta colección reciente devuelve el gusto por las grandes obras. En el caso de Los miserables, resultan de una calidad extraordinarias las notas de José Luis Gómez, la introducción de Alain Verjat y la traducción de Nemesio Fernández Cuesta. En el de Bouvard y Pécuchet, parte de lo mismo para la traducción de la clásica Aurora Bernardez y el prólogo de Carlos Pujol.
Clásicos de la literatura, clásicos de la edición.

Dos libros que muestran la infinidad de formas de entender un conflicto bélico, a través de la pluma de varios autores.
Partes de Guerra (RBA) es el título que Ignacio Martínez de Pisón le da a una lista de relatos sobre la guerra civil española, que él compila en un volumen.
Dos criterios que el libro tiene como voluntad y principio resultan curiosos, y lo explica el mismo compilador en el prólogo: el primero es el de la sucesión cronológica. Los relatos están ordenados de manera tal que cada uno vaya abarcando un simbólico trozo de los años entre 1936 y 1939. El segundo el de la necesidad que siendo estos relatos decididamente vinculantes con una manera política de entender aquella realidad fueran “escritos por hombres y por mujeres, de derechas y de izquierdas, de autores que pertenecen al mainstream y autores que no, relatos ambientados en la España nacional y en la republicana, en el frente y en la retaguardia, en el campo y en la ciudad, en el norte y en el sur…”
Bernardo Atxaga, Andrés Trapiello, Max Aub, Miguel Delibes, Ana María Matute son algunas de las pléyades literarias que intentan contar aquel episodio irrenunciable para la Historia de España y del mundo.
El final del desfile (Lumen) de Ford Madox Ford es una novela en cuatro partes, o cuatro novelas o tres novelas con una coda, según quien lo mire. Lo que es seguro es que será una de la novedades más ambiciosas del panorama literario en español del 2009, ya que es la primera vez que esta gesta (que muchos comparan a En busca del tiempo perdido, por su calidad y extensión) es traducida a nuestro idioma.
El final del desfile se compone de cuatro novelas: Hay quien no (1924), No más desfiles (1925), Se podría estar de pie (1926) y El toque de retreta (1928), que se compilaron por primera vez en un solo volumen en 1950, en la edición americana de Knopf
El desmoronamiento del matrimonio de Cristopher Tietjens, el protagonista, y Sylvia, con la cortina de la Primera Guerra Mundial, da pie para hablar mediante una prosa ajustada e incisiva, del amor, la traición y el horror que trae aparejado un conflicto bélico.
Sábado, 2 de junio
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Julio César Izquierdo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel