Soñamos España

Dos escritores vivos: Edmundo Paz Soldán y Gustavo Nielsen

23.02.09 | 08:43. Archivado en Literaturas

Los dos son ejemplos de una literatura viva, desprejuiciada, sin complejos de parentescos artísticos ni de influencias atormentadoras. El boliviano Edmundo Paz Soldán y el argentino Gustavo Nielsen publican en España dos obras dignas de lectores curiosos.


Los vivos y los muertos (Alfaguara) muestra quizás la obra más imbuida del vértigo de un presente sofocante, en la trayectoria de Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, 1967). La historia se desarrolla a través de los diálogos interiores, casi voces en off, de adolescentes de barrio en Estados Unidos. Webb, Hannah o Junior cuentan en primera persona, entre la candidez y el delirio que suele impregnar con violencia ciertas crónicas policiales de la vida americana, sus anhelos, sus recuerdos; en definitiva, las historias de la que son parte. Y esta película (el ritmo fragmentado parece un thriller cinematográfico, en el que cada capítulo se titula simplemente con el nombre de quien habla) mucha veces de terror, otras veces de suspense psicológico, se hace interesante en tanto y en cuanto no resulte un buen texto inglés traducido al castellano (que muchas veces puede parecerlo), sino como oportunidad para la lectura de una sociedad compleja, que tienen en sus jóvenes a los portavoces acaso más perspicaces y punzantes.

La fe ciega (Páginas de Espuma) reúne siete cuentos de Gustavo Nielsen (Buenos Aires, 1962). Lo que de verdad mueve el mundo de los relatos que se citan en el volumen y en la extensa carrera del escritor bonaerense (Ha publicado cuatro novelas y tres libros de cuentos) es la atmósfera que sabe crear y que teje en base a la definición de personajes que vagan, como si fueran soñados por otros. Hay algo de burbuja y de recuerdo, una suerte de tempera mojada que invita a una lectura de entrelíneas, de guiños y de grietas que dejen ver el otro lado, acaso el real. El autor de Auschwitz (2004) y de Playa quemada (1994) crea en sus mejores cuentos un enigma perfecto, sin que nos demos cuenta. "El café de los micros", que cierra el volumen –donde un padre y un hijo esperan la revancha de unos desconocidos en una carretera llena de tedio y miedo- y el que lo abre: “Adiós, Bob” –sobre una mirada melancólica de una inmigrante en Nueva York que debe despedirse de su gata y de la ciudad-; dan clara muestra del prodigio sencillo del escritor y arquitecto, que desde aquí celebramos.

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Daniel Moyano, la recuperación del trino

09.02.09 | 08:56. Archivado en Literaturas


La dulzura poética del peruano Porfirio Mamani Macedo, quien acaba de publicar su Lluvia después de mi caída y Un réquiem para Darfur (Hipocampo Editores. Lima, 2008), me lleva a otra dulzura, la lectura recobrada del gran Daniel Moyano.
Tropo Editores de España edita El trino del diablo y otras modulaciones, de uno de los olvidados más notables de la literatura argentina del siglo XX. Daniel Moyano (Buenos Aires, 1930- Madrid, 1992), autor de ocho libros de relatos, cinco novelas, ganador del Premio Juan Rulfo de 1985 y no ha encontrado en Europa todavía la categoría de gran prosista de la lengua castellana, que se merece. En el texto de Mario Benedetti que sirve de prólogo al volumen, el poeta uruguayo desanda una sentida mini biografía de quien se consideró un escritor de provincia, de vida modesta y de “una honestidad congénita…”; además de iluminar sus años de exilio madrileño en el que llegó a ganarse la vida trabajando de fontanero y músico.
Muchas pueden ser las voces que lograrían encuadrar el estilo de Moyano: Kafka, por su naturalidad para relatar lo más surrealista; García Márquez, por ser dueño de un imaginario cercano a ciertas aristas del realismo mágico; pero también Cortázar, Chéjov, Pavese y Rulfo, todos por motivos que acercan a los grandes contadores de historias. Pero si hay algo que el autor de La espera y el estuche de cocodrilo supo generar quizás como nadie, fue ese lento rodar de una dulzura, como quien retrata con ganas de hermosear lo que cuenta, como quien con una sintaxis simple, llana y luminosa no hace más que alabar a la misma prosa, alabando a sus personajes.
La novela (El trino del diablo) y lo cinco cuentos del volumen (Tía Lila, Desde los parques, El halcón verde y la flauta maravillosa, Golondrinas, Tiermusik y María Violín) enhebran la tradición del contar en su mejor versión, esa que hace gala de naturalidad y sencillez, sin descuidar la calidad literaria. Daniel Moyano es y seguirá siendo, como bien nos recuerda Benedetti “uno de los más notables y originales cultores de una lengua que es de todos”.

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Dos formas de la ironía: Josep Pla y el soldado Svejk

02.02.09 | 08:59. Archivado en Literaturas

Dos ediciones del último 2008 merecen una celebración por su calidad y porque nos acercan a dos clásicos tan distintos y tan cercanos en su irónica mirada sobre la vida y el mundo: Notas y dietarios de Josep Pla (Backlist) y Las aventuras del buen soldado Svejk de Jaroslav Hašek (Galaxia Gutenberg/ Círculo de lectores).

Svejk es uno de los personajes más memorables de la literatura universal, porque es el idiota más inteligente que se pueda conocer, tanto como el Quijote pueda ser el loco más cuerdo. Traducida por primera vez desde el checo por Mónica Zgustova y con las ilustraciones que Josef Lada para la primera edición en su lengua original, la odisea del hombre empeñado en ir al frente de batalla de la Primera Guerra Mundial, tiene en esta versión un volumen de lujo.
En el transcurso de las cuatro partes de esta obra inacabada, el buen Soldado Svejk no dejará de encontrarse en las situaciones más desfavorables y penosas, contados a través de diálogos desternillantes con personajes variopintos (taberneros, médicos, capitanes y generales del ejército, presidiarios).
Escribía el autor en su introducción y no se equivocaba: “Quiero mucho a este buen soldado Svejk, y estoy convencido de que cuando narre sus aventuras durante la Guerra Mundial, todos vosotros sentiréis por este héroe humilde y desconocido la misma simpatía”


Quizás tenga razón el prologuista Carles Casajuana cuando escribe que los cuatro textos que reúne el volumen de la edición de Backlist (El cuaderno gris, Notas para Silvia, Notas dispersas, Notas del crepúsculo) resulten “el alcaloide de la vasta obra de Josep Pla, su nervio secreto”. Sea como sea, sin dudas las cuatro obras destilan lo más puro de la llama planiana: esa ideología llevada al papel, sencilla, irónica y clara, que echa por tierra cualquier criterio de barroquismo y afila una literatura realista estirada hasta el máximo de la sobriedad y el pragmatismo.
Su agudeza para contar su visión del mundo, armado sólo de una sintaxis precisa, “antiliteraria” y una capacidad sobresaliente para la ironía sin rebusques retóricos, iluminan los paisajes temáticos más banales (descripción de una charla con un vecino, reflexión sobre el localismo ampurdanés, descripción sobre la última semana santa), con coloquialismos y una cercanía única para con el lector.
La extraordinaria vida literaria de Josep Pla, prolífica como ninguna en el panorama literario español (47 volúmenes y más 30.000 páginas), encuentra en este volumen la representación más intensa de un autor considerado toda una literatura.


Jueves, 16 de febrero

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