Soñamos España

La caja de Natalia Carrero

24.11.08 | 08:49. Archivado en Literaturas


El riesgo literario se asume con naturalidad si no se piensa en el riesgo, si se encara como se ha hecho con esta caja que encierra una variedad de formas, novedosas, riesgosas, y que terminan por convencer al lector casi sin parecer querer convencer a nadie.
“Antes de leer y escribir, yo ya fabulaba. Inventé con una amiga, que me obedecía, una historia que no acababa nunca” dice Clarice Lispector, fuente inspiradora de Natalia Carrero (Barcelona, 1970) y de esta, su primera novela. Pero la escritora brasileña es fuente y también excusa de un juego y una necesidad: la escritura. De eso se trata esta obra, que convence a pesar de ser breve, metaliteraria, fragmentaria, autorreferencial y sin más hilo que las propias cavilaciones de esa primera persona que apela siempre a sus fantasmas y a sus sueños como únicos motores de lo que podríamos llamar argumento. La escritura, la lectura y Clarice Lispector intentándole marcar el paso o la huella a una Nadila (tal es el nombre de la protagonista, de la que se puede tener noticias también en su otra vida, la web: www.nadila.com), perdida o en la búsqueda de algo que la sobrepasa y que registra en sus palabras con frenesí, ilusión e incertidumbre, todo a la vez, en medio de esa selva de recortes, mentales y gráficos (el libro es un collage de fotos, dibujos, manuscritos a mano y citas).
El mérito de la obra consiste básicamente en que el lector encuentra en los devaneos filosóficos y literarios de la protagonista un fundamento de entretenimiento por sí mismo y no un mero camino hacia la resolución de algún conflicto. Soy una caja (Caballo de Troya, 2008) de Natalia Carrero es una novela que invita a la lectura de la literatura en general, a volver a un clásico como es la gran Clarice Lispector y presenta en sociedad a una joven autora, de verdad, interesante.


Ninfas infantes de Guillermo inconstante

17.11.08 | 09:05. Archivado en Literaturas


La memoria es la guagua y Guillermo Cabrera Infante el conductor. Pasean, cómo no, por la Habana, él y sus amigos. La guagua es ese autobus que necesita del combustible infatigable, infinito, inconstante que fluye en forma de parrafadas anormales y geniales de ese cómico, de ese crítico del mundo y del cine, de ese apátrida y de ese enamorado de su patria como ningún otro, de ese cubano inmortal.
La ninfa inconstante llega después de su muerte a través de una bonita edición de Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores y nos cuenta una historia de amor, de locura y de muerte. Estela, “Estelita “, es una niña mujer que no llega a los dieciséis y que se encuentra ante la extrañísima palabrería de un crítico de cine, muy mayor que ella y muy enamorado. Él la seduce con la sensualidad de los paseos por una Habana que le traen música de boleros y letras romanticonas, con virilidad adulta, con juegos de palabras que confunden a ella y desternillan de risa a la platea. Ella es una Lolita cubana y él es, sin más, Guillermo Cabrera Infante, con su maestría para llevarnos a todos a pasear arriba de su sabiduría de cines, de literaturas, de geografías, de lenguas conocidas y de esa lengua propia que es fantástica por poética y porque otorga al texto ese plus extraordinario de neologismos como rompecabezas y lo son, pero no logran detenernos en la consecución del paseo, nos nos interrumpen la lectura de los sucesos de alcobas ni la escucha de esas aceras explotadas de diálogos imperdibles.
Como bien se puede leer en la contraportada del libro, la edición de la novela secreta del autor de Tres tristes tigres y La Habana para un infante difunto, estaba al caer y es una verdadera suerte poder acceder a una novedad de este autor.
Con todos los condimentos de entretenimiento y de novela de culto, de un señor culto de verdad, La ninfa inconstante es quizás la gran novedad editorial en castellano de este 2008.

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Horacio Ferrer, esa voz bandoñonera

10.11.08 | 09:05. Archivado en Literaturas


María de Buenos Aires, esa “operita” ("por falta de género para esa especie de cantata o de oratorio; nos pareció simpático lo de operita") parida por Horacio Ferrer y Astor Piazzola, fue el corazón del homenaje que el primero le realizó al segundo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, este último jueves 6 de noviembre. Interpretada en la voz cantante del andaluz Enrique Moratalla y en la música del excelente grupo de cuerdas catalán Versus Ensemble, el genio del bandoneón revolucionario volvió a vivir en su arte de la mano de su amigo el grandísimo y original poeta Horacio Ferrer (Montevideo, 1933).
Ferrer es sin duda quien mejor encarna recitando la poesía del tango: las palabras arrabaleras de Buenos Aires, mezclas de neologismos, lunfardos y construcciones deliberadamente rítmicas –como si tuviesen que sí o si seguir el 2x4, con sus cortes y quebradas-, cobran en la vital voz de este representante armado siempre de su flor en el ojal, uno de los emblemas porteños más vivos y que mejor representan a un lado del tango que se desentiende de la marketinera vidriera de la sola danza a lo Valentino, o de esa gastada sonrisa gardeliana. La Poesía con mayúsculas se hace poesía de la calle y retoma el aliento de la respiración que el tango impone en cada canción, en cada poema, en cada línea, en cada esquina.
María de Buenos Aires, esa musa y duende que imaginaron estos dos monstruos de la escena iberoamericana, recuerda que en la cultura popular de este género musical rioplatense titilan perlas de encanto único que cada vez que se suben al escenario, sea cual fuere, saben y sabrán refulgir no sólo como una “operita” sino como una “Ópera”, de esas que colman las butacas y los corazones del mundo.

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De sepulturas y peregrinaciones rescatadas por J. C. Oates

03.11.08 | 09:34. Archivado en Literaturas


Una eterna candidata al Nobel, una de las escritoras con más prestigio y con un muy digno volumen de ventas en todo el mundo, una mujer que acaba de perder a su marido después de cuarenta y cinco años de matrimonio. Joyce Carol Oates, esa señora de las letras norteamericanas vuelve a dar la talla en una novela que no siendo de los puntos más altos de su carrera, sí que ofrece lo que sus seguidores piden siempre: una buena historia y bien contada.
Los Schwart son una familia que huyen en 1936 de la Alemania nazi y recalan en Estados Unidos. El padre, un profesor de instituto sólo consigue en su nuevo país el trabajo de sepulturero y vigilante del cementerio. Una metáfora de cómo la familia se irá desmoronando ante la vista de los prejuicios de su entorno y la huida de la hija y protagonista, Rebecca, quien se escapará de su hogar y peregrinará por diferentes puntos de lo que se da en llamar la “América profunda”. En la búsqueda de su padre y en la habilidad de esa mujercita por sobrevivir, residirá el verdadero meollo de una historia con una fuerte impronta de mensajes psicologistas y un telón de fondo histórico que colocan a la novela en lo mejor de la tradición realista estadounidense.
Además de la calidad en la construcción de la historia y en la precisa y sencilla arcilla con la que Oates trama su prosa, el contenido tiene un detalle adicional que la vuelve más atractiva, ya que la historia se basa en la verídica historia de la abuela de la escritora –según confesó la misma autora- Blanche Morgenstern. La tragedia de su abuela, ahora convertida en Rebecca también aporta una mirada cruda sobre un problema actual: la violencia doméstica. “Me temo que la violencia contra las mujeres –y contra los niños– es una constante de la especie humana. No se trata de un drama específicamente americano, ni español, ni contemporáneo, sino que parece estar profundamente enraizado en la naturaleza del hombre. Sin embargo, creo que las leyes pueden regular este perverso comportamiento “instintivo”. Por eso gran parte de mi obra ha sido reflejo del efecto de la violencia doméstica sobre las personas más indefensas”, declaró la autora, quien adelantó que publicará Dear Husband (Querido esposo), en la próxima primavera.


Sábado, 2 de junio

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