
Jorge levantó la copa y dijo :“salud, por el Club de la Ñ”, y allí quedó para siempre el título y ahí quedamos retratados los socios honoríficos de ese club altisonante que, sin borrachera aparente, formamos un club una noche, y arreglado el mundo dos o tres horas después, nos retiramos con las mandíbulas trastocadas en diferentes taxis que cruzaron la noche madrileña, tan contenta.
Está claro que para que la vida o el destino tienda jugadas irrepetibles, esas conjunciones de locos o lanzallamas como quería Arlt, cada uno debe ocupar un lugar relevante en el equipo. Jorge, fue el director técnico y qué bien lo hizo: nos llevó por el camino de las provoletas y las patatas, y remató con unas reproducciones dedicadas como escarapelas inolvidables, de esas eñes subversivas que nos dan nombre y nos admiran; del otro lado el oráculo al que llamamos Martín, nos recordó que era él el creador del monstruo de esas seis cabezas y que como buen científico loco, reconocía que el Frankestein logrado lo hacía muy feliz; Ilan juró que existía una lengua nueva que había descubierto, que era una especie de virus santo que recorría el imperio y que nos invitaba a conocerla; Alberto aportó datos confidenciales sobre curiosidades del sexo femenino, de tabacos originales hallados en aeropuertos borgeanos y de unos tatuajes secretos; Paco quiso reordenarlo todo desde el verdadero principio y describió escenas íntimas que conoce sobre la vida de Adán y Eva, pero lo dijo en voz baja y porque se sabe que algunos andan “inspirándose” en esos secretos con ánimo de lucro; yo me limité a reunir el testimonio de esos conjurados que, al final concluían con la elegante y siempre sabia interrupción de nuestro director técnico que se dejaba escuchar desde la esquina de la mesa: “más vino, ¿no?”
Arreglado o no el mundo, los seis caballeros de la mesa madrileña nos retiramos a nuestros aposentos con el gusto en la boca de quien inventa sin darse cuenta una cofradía de algo que se siente adentro, como una idea que aparece sin buscarla, algo que alguien llamó en esa noche química y que a mí me gusta llamarla, simple y agradecidamente, Amistad.
Confirmo leyendo el comentario de Angel, que el Club de la Ñ , es un sentimiento, un deseo, un momento de extasis y felicidad pura. Encuentro de almas gemelas, que practican la terapia de la amistad. Son esos momentos del club de la Ñ que nos hace poder sobrellevar un poco mejor esta cruel realidad.
Amigos Conbloggers, atento a lo terribles que es´ta pasando en Argentinam hago aquí el comentario, aunque no corresponda, desde el día de ayer estoy con una contractura terrible con dolor de cabeza y he estado deprimido viendo el accionar de la Gendarmería Nacional con su paso de ganso al mejor estilo nazi reprimiendo a simples trabajadores del campo que estaban sentados y no opónían resistencia y he revivido por estres postraumático las cosas padecidas en la plaza de Mayo y en otros lados con la Policía y el Ejécrcito.-De la misma misma manera que al ver a Delia, a Moreno, he revivido el tiempo de Lopez Rega y las las tres A, así que amigos creo que este nefasto gobierno reditúa la sangrienta dictadura militar.-Alértese la población, y los Organismos de Derechos Humanos Internacionales.-
Atte
Atte
Es toda una curiosidad el club de la Ñ. Les deseo buena vida, que lleguen a ser una buena cofradia ó una buena logia y que tengan mucha salud. o sea nada de ÑAÑAS. Chau LR
Viernes, 22 de agosto
Xoán Xulio Alfaya
ADIÓS AYER
Vicente Torres
Silvia Carreño
Vilagarcía na Rede
Miguel Torres Galera
Manuel Molares do Val
José Javier Solabre Heras
Juan José Coronado
José Sánchez Tortosa