Soñamos España

100 SOÑAMOS ESPAÑA 100

23.06.08 | 09:40. Archivado en Qué quiere decir Soñamos España

No sabía exactamente lo que yo mismo pensaba, hasta que llegó Internet y su buen amigo el blog. No sabía cómo podía definirme en términos políticos y el blog me lo contó, no entendía qué era esto de la comunicación virtual y me mostró como se daba ese fenómeno a través de los comentarios de los lectores, yo no sabía en qué lugar preciso del mundo moderno mis criterios y mis ideas podían abrirse camino y Soñamos España me iluminó con cien artículos (buenos, regulares y malos), esa butaca únicamente mía.
Cien artículos y un nombre y apellido, entre cientos de miles de millones de artículos y nombres y apellidos. Una carita en una foto, un nombre de un periódico, un currículum, universos de ojos enfrentados a pantallas en Pekín, en Brasilia, en Estambul, en Ottawa, en Sidney, en Tánger.
El blog y sus más de dos años de vida me abrieron la maravilla entre vertiginosa y mágica de la palabra suspendida en el eter universal, como una piedra que cae al agua y hace aros infinitos, ecos constantes y planetarios. El blog, animalito robótico con alma, sabe que con su poder ha sabido dibujarme la cara, las manos, la ilusión de los que envían una carta de las de puño y letra con ganas de recibir respuestas.
A los que con sus comentarios han contribuido a llenar esta caja de cristal, mi más agradecido reconocimiento.

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La noche 99 de la inmigración en España

16.06.08 | 10:50. Archivado en Qué quiere decir Soñamos España

Como en un cuento kafkiano, un hombre promete esperar 100 noches sentado bajo la ventana de su amada para lograr su amor. La noche número 99, se pone de pie, levanta su banquito y sin dilación alguna, se retira para siempre. La tan mentada crisis española, esta desaceleración económica que hace que lo españoles se peleen entre sí mientras muchos inmigrantes nos miramos y nos preguntamos todo con una sola palabra: ¿crisis? (crisis para nosotros es ver pasar tres presidentes en una semana, atentados narcos, corralito, secuestro express, etc.) ha puesto como primer blanco desesperado a los que llegamos de afuera. El gobierno actual, en un manotazo de ahogado que además de intentar salvarse hace un gesto sobreactuado a la galería, invita a los extranjeros a volverse a su país, limosna mediante (pagan el paro entero –un año total de lo que se venía cobrando en su empleo último- a cambio de que el extracomunitario renuncie a su tarjeta de residencia y trabajo, y no vuelva por unos cinco años).
Y en la noche 99; después de haber pasado por los peores tránsitos de la aventura inmigratoria: llegar al territorio desconocido, soportar los miedos todos de conseguir un lugar donde vivir, para muchos aprender el idioma, y el gran desafío de trabajar de lo que sea primero, casi siempre en condiciones paupérrimas, después, mucho después, tener en la cartera tarjeta de residencia (muchos hicimos fiestas cuando nos la dieron), hacer amigos, echar raíces…y por supuesto que, sin estar demasiado enterados, colaborar durante años a que las arcas del estado español se robustezcan; nos invitan a irnos, como quien despide a un amante en medio de la noche, porque ya se ha obtenido del mismo lo que se buscaba.
En este bar desde donde escribo estas líneas, hoy la camarera me ha preguntado apenas he entrado: buenos días, ¿lo de siempre? …¿Alguien supone lo que puede significar para mí esta condecoración, este reconocimiento? Es que yo soy un ciudadano más de España, soy el que vino a sumar a la consolidación económica y sociocultural de este país, soy uno más del grupo de amigos del barrio, soy un vecino, soy el que llegó con la ilusión de que algún día, en algún bar de la ciudad, alguien me dijera: buenos días, ¿lo de siempre?
Algunos soñarán con que con los que tenemos otros acentos levantemos el banquito y nos vayamos en la noche 99, pero tendré que prevenir a los berlusconis de turno: a mí nadie me echa de mi casa.

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El club de la Ñ

02.06.08 | 09:57. Archivado en Literaturas


Jorge levantó la copa y dijo :“salud, por el Club de la Ñ”, y allí quedó para siempre el título y ahí quedamos retratados los socios honoríficos de ese club altisonante que, sin borrachera aparente, formamos un club una noche, y arreglado el mundo dos o tres horas después, nos retiramos con las mandíbulas trastocadas en diferentes taxis que cruzaron la noche madrileña, tan contenta.
Está claro que para que la vida o el destino tienda jugadas irrepetibles, esas conjunciones de locos o lanzallamas como quería Arlt, cada uno debe ocupar un lugar relevante en el equipo. Jorge, fue el director técnico y qué bien lo hizo: nos llevó por el camino de las provoletas y las patatas, y remató con unas reproducciones dedicadas como escarapelas inolvidables, de esas eñes subversivas que nos dan nombre y nos admiran; del otro lado el oráculo al que llamamos Martín, nos recordó que era él el creador del monstruo de esas seis cabezas y que como buen científico loco, reconocía que el Frankestein logrado lo hacía muy feliz; Ilan juró que existía una lengua nueva que había descubierto, que era una especie de virus santo que recorría el imperio y que nos invitaba a conocerla; Alberto aportó datos confidenciales sobre curiosidades del sexo femenino, de tabacos originales hallados en aeropuertos borgeanos y de unos tatuajes secretos; Paco quiso reordenarlo todo desde el verdadero principio y describió escenas íntimas que conoce sobre la vida de Adán y Eva, pero lo dijo en voz baja y porque se sabe que algunos andan “inspirándose” en esos secretos con ánimo de lucro; yo me limité a reunir el testimonio de esos conjurados que, al final concluían con la elegante y siempre sabia interrupción de nuestro director técnico que se dejaba escuchar desde la esquina de la mesa: “más vino, ¿no?”
Arreglado o no el mundo, los seis caballeros de la mesa madrileña nos retiramos a nuestros aposentos con el gusto en la boca de quien inventa sin darse cuenta una cofradía de algo que se siente adentro, como una idea que aparece sin buscarla, algo que alguien llamó en esa noche química y que a mí me gusta llamarla, simple y agradecidamente, Amistad.

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