
A Marcelo Giaccardi, compañero de secta
Adoro la idea de poner en la hora de la sobremesa el tema de las sectas. Lo que más me importa es las conclusiones sobre la cerrazón mental o uso de la ignorancia de los que apuestan, entre migas de pan y vasos sucios, gritando verdades como catedrales. Primero digo que creo que comenzaré uno de los cursos que se imparten en la Iglesia de de Prestiditología, que me recomendó un amigo (es importante que el nombre de la Iglesia u organización suene extraño, sospechos0 y haga eco en otra palabra que rememore una “secta” conocida). Lo primero que preguntan los comensales es el nombre de mi amigo. Apuesto por decir que no lo conocen, es la mejor manera para que abran las puertas de su sinceridad: ese amigo está, en principio, abducido, raptado, devorado por las fauces de una secta (cuando dicen la palbra secta abren los ojos como si los estuvieran apuñalando). Me preguntan si es la misma de Tom Crusie, de Julio Iglesias o de Ronaldinho. Yo siempre respondo que sí, que ellos son parte de “nuestra fe”, ya en el juego, juego. Alguien saca a relucir desde el fondo de la mesa que ha leído “por ahí” que luego quitan los hijos a las familias y hacen con ellos bandas organizadas de delincuentes juveniles. Otro aporta el dato de un famoso que ha declarado que a él le habían obligado a vender una casa con piscina. Todos saben mucho muchísimo sobre un tema del que nadie tiene la más mínima idea.
Lo esencial del que habla sobre sectas es que el diablo, la corrupción y “el lavado de cerebro” (frase verbal básica para definir en una línea la ignorancia del ignorante) funciona como motor esencial para la constante y progresiva acumulación de poder de esos hombres (¿Quiénes son esos hombres sin rostro, esos alienígenas que brotan de la nada y violan todos los derechos amparados en organizaciones que “nos obligan” a seguir su fe?)
Todo es delito para el que pasa por delante de un templo que no sea el de su gusto. Todo es malversación de fondos, robo, usura y lavado de cerebro, lavado de cerebro, lavado de cerebro. Porque el prejuicio es el bastión primero del ignorante y el segundo es el miedo disfrazado de prevención. Si soy prejuicioso y temo, reclama el enano subconsciente del ignorante que nos acompaña con su repulsa en la sobremesa, no necesito el esfuerzo de mi progreso.
Hare Krishna ó Secta Moon, Evangelismo ó Hinduismo, Mormón o Mahometano; al ignorante y prejuicioso todo nombre que le quede lejos de lo que aprendió en la escuela primaria, lo tienta para engendrar sospechas y le merece el insulto porque sencillamente lo salva del conocimiento de lo diferente.
Pertenezco a la secta de los que saben que la palabra secta viene de seccionar, de formar parte de un sector, de ser miembro por elección de un grupo social.
Usted es parte de una secta señor lector, igual que yo, igual que todos. Amén.
Sábado, 2 de junio
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Julio César Izquierdo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel