
La verdad es que no sabe bien cómo llegó allí, debe ser que todo pasó muy rápido. Sólo sabe que se llama Carlos, nació en Ecuador tiene treinta años y hoy en todo Madrid se festejan las fiestas de San Isidro.
Una turbamulta de jóvenes y viejos y niños pasean bajo el sol y comen rosquillas y carnes asadas y toman calimocho.
Carlos se rasca la panza flaca bajo la camiseta de su selección y mira a su hijito vestido de chulapo, dentro de ese folklore chulo y aséptico que Dios le dio a los madrileños.
Del otro lado se puede ver al Vicente Calderón, el estadio del Atlético de Madrid, la ciudad capital del imperio con su catedral y sus edificios blancos. Un chotis ensordecedor nubla los oídos, mientras los baños prearmados soportan largas colas de mujeres con mantones y vestidos a lunares que están a punto de hacerse encima y que cada dos palabras dicen las palabras joder y guapa.
Carlos oye la voz de Isabel Pantoja que cruza toda la pradera de san Isidro, cruza esa voz como una paloma mediática y tonadillera, cruza el parque de atracciones, cruza los madroños y los osos, cruzan las familias chinas que parece que en cada conversación se estuvieran condenando a muerte, cruzan a todos los ecuatorianos y colombianos y españoles y llega, llega la voz de la Pantoja. La verdad es que Carlos no sabe cómo reconoce tan bien la voz de esa mujer que está probando sonido para tocar después, no sabe porqué su hijo ecuatoriano está vestido con ese chaleco blanco y negro que le queda tan bonito, no sabe que mientras bebe su botellín de cerveza y piensa que mañana luego de la fiesta y de dejar atrás la turbamulta sudada y de cruzar el Manzanares o la M30 y luego caminar hasta su casa, él en su Madrid, seguirá siendo feliz.
Sábado, 18 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel