
Hoy juega Boca vs River y mi amigo Billy Marín llega a Madrid en un avión de Aerolíneas Argentinas (su transporte y su lugar de trabajo) con algunos discos y libros que le he pedido. Podríamos ir a ver el partido a un bar de los cercanos a la Puerta del Sol (de esos que tienen Canal Plus), pero a mi amigo Billy no le gusta al fútbol, podría celebrar nuestro encuentro después de no vernos durante un largo año en una parrilla argentina de las que abundan en esta ciudad, pero yo soy vegetariano. Los dos somos argentinos a la manera de ser de los argentinos que yo he conocido, rompiendo sin decirlo el estereotipo, yendo en contra, asumiendo la sobreactuada negativa como política vital.
El ejemplo sirve para desahogarme un poco sobre el arduo trabajo que se me pidió para la próxima edición de la Revista Argentina de España en la cual se hablará sobre el perfil de los argentinos aquí, con estadísticas, testimonios y alguna foto que otra de alguien tomándose un mate al pie de la Cibeles. El trabajo es casi de espía porque los argentinos en España somos sin lugar a dudas el secreto mejor guardado de todos los contingentes que por aquí desfilan. Los argentinos somos y no somos inmigrantes, somos y no somos españoles, somos y no somos latinoamericanos, somos y no somos argentinos. Que si nos reunimos en algún sitio, pues no; que compramos o usamos tal o cual producto bancario, pues no se sabe porque somos tanto los que tenemos pasaporte español que cómo llamar compra de argentinos a estos; que somos los inmigrantes más cualificados a nivel educativo y/o cultural, pues la oleada del “corralito” ha traído una inmigración económica con menos preparación lejana a los altos niveles anteriores.
Los argentinos somos esa masa de conversadores sospechosos, esos mutantes incómodos que se disipan en la geografía ibérica, y que después de unos años a 15.000 km de distancia preguntándonos todos los días sobre qué maldita cosa somos y prometiéndonos que ahora sí se puede volver, hacemos una valijita y nos vamos silbando bajito hacia Barajas, disimulando el tango en los pasillos de Nuevos Ministerios, solapando nuestra ambigua identidad, sumando a la leyenda urbana que solo a nosotros nos interesa y tanto nos gusta.
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rrupta constituida por políticos, militares, empresarios y otros que gobiernan -aun en la actualidad- con el desvarío de los antiguos conquistadores en búsqueda de la fuente de la riqueza y la eterna juventud- satisfaciendo solo sus necesidades y olvidando el bien común.-
Parecería como que por acá por "Finisterre" imperara el timpo mítico primordial, circular, donde todo se repite, y no el histórico.-
Eso hace que todos estemos aquí en "la nave de los condenados", -aun con el actual gobierno- Por eso mi estimado amigo Roz eche el ancla por allí y desarrole su familia, amigos y proyectos, porque allí tiene Ud la posibilidad de estar en la historia...
Cordiales Salu2
Muy bueno y profundo su artículo, refiere a la identidad de los argentinos.....Civilización o barbarie, peronismo o anti, etc, etc, siempre esto o lo otro, tango o rock, asado o verduras.. y así sigue la lista interminable de aspectos, que refieren precisamente al hecho de no tener un solo orígen, ya que si bien la mayoría provenimos de españoles y/o italianos, también están los turcos, los judíos, los ingleses, etc, etc, en alguna medida como alguna vez se habló constituyeron un crisol de razas....Por otro lado están los justos y los injustos -estos últimos los "Isidoritos Cañones" -los garcas, como se dice en jerga que tan mal nos dejan en todos lados, pero por siempre priman mas los bien nacidos....En fin es una larga lista de antinomias y al fin está el tema de la identidad que Ud plantea.-El páis único, maravilloso dotado de todos los climas, cultivos, y bienes de la naturaleza-"De Dío" como dicen los italianos católicos- mas lamentablemente también poblado por esa extraña raza co...
Domingo, 19 de febrero
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