Lo que se sabe sentir se sabe decir
Miguel de Cervantes>
Conocí al Ingeniero Juan Carlos Blumberg en Madrid y de casualidad. Él pasaba por una esquina, yo lo reconocí y no lo dejé hasta que me prometió que me daría unos minutos para una entrevista. Esa misma tarde, me recibió en el hall del Hotel Suecia. Pasamos entre turistas, maletas y botones, y logramos una mesa alejada donde mi entrevistado puso una carpeta de la que empezó a extraer una docena de fotos. Al ritmo de la descripción de cada imagen que mostraba de su hijo Axel, fue llorando y a la vez explicándome los detalles del secuestro, de los fallos policiales y del temido fin: el asesinato de su único hijo por parte de los captores. El desarrollo de mi entrevista y de las que brindó durante todo ese primer tiempo giró en torno a una idea: “le juré a Axel que voy a luchar por la justicia en la Argentina, y voy a lograrlo”.
Desde su fundación, el apoyo masivo de sus marchas y sus propuestas legislativas, Blumberg comenzó a cumplir su promesa: ponerse a trabajar en la justicia, no sólo criticando el estado actual de cosas, sino proponiendo posibles soluciones.
Sus propuestas son, entre otras, que se archive la reforma oficialista del Código Penal, que se baje la imputabilidad de los menores, que se urbanicen las villas, que se combata firmemente el tráfico de drogas, que se investigue el desarrollo patrimonial de los jueces federales, que se aplique la ley tal como está y que se controle a los presos que salen en libertad condicional.
Todas son discutibles y discutidas por todos los foros sociales y políticos del país. También es discutida la adhesión de una parte del arco político argentino (la derecha y el centro), aunque sería también discutida la adhesión del otro lado, ya que toda la clase política argentina está manchada de sospecha. Lo cierto es que donde los críticos y opositores se equivocan es cuando tildan al ingeniero de fascista, de hombre de ideas represoras y de que se parece cada vez más a la escoria militar de los años de plomo. Para empezar a Blumberg y a cualquier militar represor los diferencia un criterio básico: la ley. Mientras que el ingeniero propone y discute en torno a la ley establecida, y en el marco de la democracia, para aquellos militares asesinos la ley no era más que una muñeca a la que se podía violar, matar y volver a hacer vivir sentándola en su sillita de torturas. Para que la Argentina vuelva a ser un país en serio, las discusiones deben guardar parámetros de seriedad y un cierto grado de meditación. El insulto aparece cuando las ideas no se valen por sí mismas.
Discutamos sobre lo beneficioso o no de los proyectos de Blumberg, y seamos respetuosos de los que sufrieron y sufren, y se la juegan, arriesgan, hacen y no sólo hablan, como casi todos los otros.
Sábado, 18 de febrero
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel