¿Edificio sin puertas?
23.06.07 @ 09:06:30. Archivado en Iglesia, Evangelización
Todos los hombres han sido convocados por el Señor, Jesús, a la construcción del Reino universal de la justicia, del amor y de la paz. Los creyentes en Él –la Iglesia- han de ser el anticipo de dicho Reino, organizándose en comunidades fraternales, y también la promotora oficial del mismo; ‘oficial’, pero no única, pues el Espíritu Santo no pone fronteras a su acción. Por exigencia de estas fidelidades, la Iglesia no puede ser un edificio sin puertas, un túnel que se traga todo lo que llegue.
En sus tres primeros siglos, siglos de fidelidad, el bautismo o puerta de entrada exigía una previa conversión a los valores del Evangelio. Había un serio ‘escrutinio’ del aspirante o neófito que tenía que decidirse seriamente a gobernar su vida por las exigencias del amor y cambiar sus actitudes paganas por las actitudes evangélicas (Hombre Nuevo); si no era ésta su disposición, no se le admitía al bautismo; incluso se le exigía, además, un tiempo prudencial de comportamiento evangélico que ofreciera alguna garantía de futuro cristiano. Esto nunca podía asegurar que el bautizado no volvería a pecar; la debilidad humana no quedaba curada; pero estaba en el camino verdadero; era fácil arrepentirse y seguir la marcha por el Camino elegido, Cristo. Como dice Santo Tomás de Aquino: El que va por el buen camino, aunque vaya cojeando, llega al destino verdadero; pero el que va por otro camino, no llega nunca.
Hace siglos que se desmontó la puerta y se entra en la Iglesia sin ninguna exigencia de conversión y sin que nadie garantice la futura conversión del bautizado. Consecuencia: La Iglesia ya no es sacramento-anticipo del Reino ni promotora del mismo y se ha visto obligada a pedir perdón por tantas veces como ha sido anti-Reino. Honestamente ¿se puede seguir con este régimen indiscriminado de administración bautismal? ¿Podemos tranquilizar la conciencia con algún remiendito ineficaz? Es necesario volver a la exigencia original. A ningún aspirante se le puede negar la entrada. Pero nadie que carezca de las disposiciones debidas puede exigir ser admitido. Si no se viene con ‘el traje boda’, no hay lugar para él.
Hoy hay instituciones dentro de la Iglesia que han resucitado el sistema de ‘exigencia’ de conversión. Es un paso digno de todo encomio. Aunque hay que poner un exquisito cuidado para que el baremo de exigencias explícitas e ‘implícitas’ sea puramente evangélico. Siempre hay un peligro de imponer el ‘pensamiento único’ a gusto de los responsables. El pensamiento único es pseudoevangélico; con él el Reino queda suplantado por la Institución. Y ésta empieza a heder a secta. Restringir la libertad de los hijos de Dios es deshonesto, antievangélico y anti-Reino. El Evangelio y el Espíritu que lo ilumina son una mina riquísima de aplicaciones ilimitadas en amplitud y en variedad. Cultivar, sí, la identidad evangélica de las actitudes de cada miembro y respetar la libertad de cada uno para proyectarse en la vida. Es sospechosa la impresión de ‘pensamiento único’ que transmiten estas instituciones. Aunque con ello copien los lamentables modos administrativos de nuestra Iglesia actual.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/102358
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
La Iglesia debe de volver a reflejarse en el "espejo" de sus comienzos y asumir que no se puede bautizar a los/as bebes sencillamente por pura biología: una persona recien nacida no tiene auto-conciencia y es incapaz de decidir por si misma si desea seguir el camino de Jesucristo, unico camino y unica verdad, o no.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Matías Castaño Sánchez
autor
Contacto








