
Era una fría tarde de abril cuando la turba comenzó a agolparse junto al recinto catedralicio. Las banderas tricolores ondeaban recortando el azul del cielo y, de cuando en cuando, los vítores radicales estallaban furiosos: "¡España, mañana, será republicana!", "¡Esta bandera es la verdadera!", "¡Juan Carlos Primero de Franco es heredero!", "¡Marichalar, ponte a trabajar!".
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