Era temprano. Corría el relente de la mañana. Mis sudores iban en aumento. ¡Ring, ring, ring! Maldito despertador. Hay que ir a clase. En fin, me visto, desayuno y para allá. Saludo a mi madre. Al suplicio. Hazme un favor, ¿puedes comprarme unas cosas? Las necesito urgentemente. Llévamelas al instituto. Que sí, que me hacen mucha falta... Jo, ¡qué mal, siempre dejándolo todo para última hora!
Ha llegado la primavera. ¿Acaso no lo notas? Huelen las calles a explosión de gramíneas, rico caudal de volátiles semillas. Respiras el aire del campo y es distinto. La vida se aproxima, vuelan los pájaros, las mariposas, los halcones y las garzas. El sol manifiesta su mayestática grandeza, derrotando a las gélidas bocanadas del último y agonizante resquicio invernal. Refulgentes rayos, venced. Y yo os canto con la poesía hecha sonido y las imágenes.
Te podrá parecer algo infantil e incluso ridículo, amigo lector, pero ayer visité el Parque Zoológico Municipal de Guadalajara, popularmente conocido como "Mini Zoo". Después de mucho tiempo, pude cumplir uno de esos pequeños caprichos que tenemos las personas.
Hay ciertos atardeceres que sólo pueden verse en la Alcarria de Guadalajara. Donde, a esas horas, sólo se escucha el silencio, se oyen los grillos y se huelen los tomillos y los romeros. Sólo allí puede verse -en tan armonioso matrimonio- unidos al chopo y la encina, donde descansan la tórtola y la paloma torcaz. Donde la brisa de la noche despide los últimos estertores del fuego diurno.
Vivo junto a la carretera. Junto a mí, otras espigas de color violeta como yo son mecidas por el viento. Veo pasar, constantemente, por la carretera, cientos coches a toda velocidad.
Nadie advierte mi presencia, y tampoco me importa demasiado. Soy el producto de una casualidad, de una semilla traída por el viento que germinó en esta tierra seca, recia y dura.
Quiero calzar botas de montar a caballo, peinar canas, llevar sombrero de copa, vestir una levita negra y navegar sobre briosos veleros.
Me gustaría fumar en pipa, que mis hijos me trataran de usted, que mi mujer vistiera sandalias de China y extrajera de las frutas orientales el mejor néctar. Poseer un mastín, una docena de cacatúas y un cercado jardín de mil flores.
¡Quién cabalgara el caballo
de espuma azul del mar!
De un salto,
¡quién cabalgara la mar!
¡Viento, arráncame la ropa!
¡Tírala, viento, a la mar!
De un salto,
quiero cabalgar la mar.
¡Amárrame los cabellos,
crin de los vientos del mar!
De un salto,
quiero ganarme la mar.
Pocos lugares tan cercanos nos han llevado tan lejos. Así es la magia del cine, capaz de transportarnos a épocas pasadas y a lugares remotos gracias a la gran pantalla.
Hay quien lee con frecuencia este blog pero lo comenta poco. Señala esta persona que últimamente publico poco. Tiene razón. La temperatura invernal mantiene mis neuronas en un letargo prolongado, y me cuesta encontrar inspiración adecuada a la voracidad de mis fieles. No obstante, confío en que, superados los hielos de diciembre, vuelva a brillar el sol sobre el azul del mar.