Mi JMJ
31.08.11 @ 17:28:24. Archivado en Sobre el autor, Religión, Recuerdos del autor

He vivido la JMJ de Madrid en mi doble vertiente de peregrino y periodista. Asistí a la Misa inaugural del martes 16, presidida por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Mons. Antonio Mª Rouco Varela, en la plaza de Cibeles. Fue especialmente emocionante ver tantas banderas ondeando junto al altar, como símbolo de la universalidad de la Iglesia.
El miércoles fui a la tertulia con el Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, en la antigua plaza de toros de Vista Alegre, donde nos animó a rezar intensamente por el Santo Padre. Gracias a sus sentidas palabras, todos los asistentes pudimos sentirnos más unidos al Papa y a toda la Iglesia.
Con intensa emoción vi con mi familia, a través del televisor, la llegada del Santo Padre al aeropuerto de Barajas. Por la tarde me desplacé hasta los estudios de Radio Nacional de España, en Prado del Rey. Allí pude comentar, junto al locutor Miguel Ángel Domínguez y a Mª Ángeles Fernández (directora de “Últimas preguntas” en TVE y “Frontera” en RNE) la llegada de Benedicto XVI a la Puerta de Alcalá y la celebración de la liturgia de la Palabra en Cibeles.
Comenté también el encuentro del Papa con las religiosas y los jóvenes profesores universitarios en el Monasterio del Escorial. Fe y cultura se dieron la mano en un entorno monumental, el gran edificio construido por Felipe II, el monarca que quiso unir definitivamente a nuestro país con el destino de la Iglesia.
Las palabras pronunciadas en el interior del templo por Benedicto XVI quedaron grabadas en mí como un estímulo para mi labor docente: “la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación. Sed para ellos estímulo y fortaleza”.
Asistí como peregrino, en el cuadrante F3, a la Vigilia de Cuatro Vientos. El sofocante calor del día no hacía presagiar, en modo alguno, lo que ocurriría unas horas más tarde. Aquella visión impresionante de las amenazantes nubes y los relámpagos me hacía revivir aquel pasaje del Evangelio: «Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua» (Marcos 4, 37). La presencia del Señor en la Eucaristía, los momentos de silencio y adoración, la consagración de los jóvenes al Sagrado Corazón de Jesús realizada por el Papa, culminaron con unas palabras de amor paternal: “Queridos jóvenes: hemos vivido una aventura juntos”. La fe, una vez más, venció a las dificultades.
La Misa del día siguiente estuvo marcada por la alegría. El entrañable mensaje inicial del Papa nos hizo vibrar: “Espero que hayáis podido dormir un poco, a pesar de las inclemencias del tiempo. Seguro que en esta madrugada habréis levantado los ojos al cielo más de una vez, y no sólo los ojos, también el corazón, y esto os habrá permitido rezar. Dios saca bienes de todo”. Una hermana de mi novia, que ha estado trabajando durante mucho tiempo en la organización de la JMJ como voluntaria, tuvo el privilegio de recibir la Sagrada Comunión de manos del Santo Padre.
La homilía de Benedicto XVI giró en torno a la unidad de Cristo, cabeza de la Iglesia; unidad en torno al Papa y a los obispos; unidad de todos los fieles, jóvenes venidos de todos los rincones del mundo. Todos unidos en una misma fe, Iglesia universal. El Papa terminó haciendo una petición: “No os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios”.
Rápidamente, al terminar el rezo del Ángelus tuve que salir del aeródromo de Cuatro Vientos, rumbo, de nuevo, a RNE. Me esperaban para retransmitir en directo la despedida del Papa a los voluntarios en IFEMA y su salida de Barajas. Me quedo con dos frases suyas: “Amar es servir y el servicio acrecienta el amor. Pienso que es este uno de los frutos más bellos de vuestra contribución a la Jornada Mundial de la Juventud”. Y la última, ya en el aeropuerto a punto de salir hacia Roma: “La gracia de Cristo derrumba los muros y franquea las fronteras que el pecado levanta entre los pueblos y las generaciones, para hacer de todos los hombres una sola familia”.
La Jornada Mundial de la Juventud ya ha terminado. Volvemos a nuestros lugares de residencia habitual con alegría y esperanza. Comienza el curso escolar. Ahora nos queda esperar y rezar para que los frutos de la JMJ sean abundantes, para nuestro bien y el de toda la Iglesia.
¡Gracias, Santidad, por habernos confirmado en la fe! Por su profundo magisterio, por sus gestos de amor hacia todos nosotros. Y gracias, también, por haber ayudado a demostrar al mundo actual que la Iglesia está viva y es joven. Le doy las gracias, en mi nombre y en el de toda mi familia.
Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!
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Ciriaco de Málaga
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