Félix
17.05.10 @ 21:15:20. Archivado en Sobre el autor, Literatura, Ocio, Naturaleza, Recuerdos del autor

Bordeando los valles de hierba y flores, me asaltan los recuerdos de la infancia. La Alcarria está hoy repleta de primavera. Exulta, rebrota, estalla en agua clara.
Vienen los paseos en bicicleta, contigo al lado. Las madrugadas de agosto, frescas y rojizas, en que me llevabas a por palomas torcaces. O, cuando en días de entretiempo, bajábamos la cabeza para buscar preciadas setas de cardo.
Me salen, espumeantes, los recuerdos del corazón. Tu nombre repiquetea en mi cerebro, tu voz templada y aguda, mostrando tus sabios consejos de anciano. Seco de carnes, avispado, pulcro y con la historia de tus días bien completada.
Su cabeza comienza a desvariar, como Quijote alcarreño;
enjuto de carnes, vivaz pese a todo.
Su figura es triste y sus andares cadenciosos,
rítmica la forma de expresar sus vulgares expresiones.
(Entiéndase vulgar en el término de "popular", "llano",
esto es: de tercer estado, si vale la comparación.
Con sus muchas diferencias).
Del caballero venido a menos, digo lo que fue: hidalgo sin título, perillán de los cerros, cautivador de mozas, doncel de las vegas.
Ni montó caballo ni salpicó de sangre
los pantalones de bestia noble.
En cambio, su perfil se dibuja en el pasado de una España pícara
que se extingue a cada instante.
A sus ochenta y ocho años, vivió para la vida, sin más.
Él y su circunstancia.
Aún se mueve con agilidad, y, como el personaje cervantino, se inventa e imagina escenas que no son. Pero no de leer -en eso no como el loco manchego- sino de lo contrario. De no vivir en sociedad, asilvestrado, se le seca el seso.
Me vienen a la memoria los recuerdos petrificados, imágenes capturadas en la retina, esa película invisible que nos aprisiona levemente el corazón de cuando en cuando.
Dejo caer los párpados y huelo el tomillo y la ajedrea. Escucho sus consejos inmortales: "Recuerda lo que te dice tu tío". Y menciona la carrasquilla para el picor de garganta.
O el modo que tienen las torcaces de bajar al agua y de cómo doblar, en el preciso instante, el gatillo terminante.
Rodamos por el camino en bicicleta.
Vienen los recuerdos, y se mezclan con mi juventud primera y la infancia que no cesa.
Le llevo camino del laboratorio, colegio de otro tiempo. Vamos al laboratorio. Y le enseño el cuerpo humano disecado en plástico, los platillos y probetas.
Apenas tres años y él más de sesenta.
Su cara arrugada, siempre risueña.
Su risa.
Sus aventuras. Su mocedad. El amor por los animales: siempre anécdotas.
Ahora se despide en el ascensor.
Y nos dice "hasta la próxima".
Sí, Félix...
Hasta la próxima.
Tú serás, quizá el último pícaro español,
castellano nuevo, alcarreño del XX,
hogareño, paseante, cazador,
barrendero, jardinero,
amante de los árboles y las flores,
de los mamíferos y las aves.
No fuiste tierno, porque ni quisiste ni pudiste.
En el gran teatro del mundo ese no fue tu papel.
Ni entrañable siquiera.
O quizá sí: entrañable a tu manera.
Y ahora nos cierras la puerta del ascensor,
¿quién sabe? para abrirla a tu manera.
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Ciriaco de Málaga
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