Carta al Papa
19.04.10 @ 13:37:55. Archivado en Sobre el autor, Religión

Queridísimo Santo Padre:
Estoy seguro de que ignoráis mi existencia. La mía, como la de tantas otras ovejas confiadas a Vuestra Santidad por Mandato divino (Jn 21, 15-19), es una función sencilla pero importante: rezar por el Papa, sucesor de Pedro, cabeza visible de la Iglesia, Pastor universal.
Sois Benedicto XVI, el último eslabón de la cadena que hunde su raíz en el lago Genesaret. Allí, donde el humilde pescador Simón se convirtió, por la Gracia de Dios, en pescador de hombres (Lc 5, 10). Allí, junto a las aguas, Simón comenzó a convertirse en la piedra angular sobre la que sería edificada la Iglesia (Mt 16, 18). Nuestra Iglesia.
Desde que en mayo de 2003 vuestro predecesor, Juan Pablo II, visitara el aeródromo de Cuatro Vientos, en Madrid, mi cercanía con la Sede Petrina ha sido grande y creciente. En aquella tarde fui más consciente que nunca de la importancia de la tradición, recibida del pasado, y que se proyecta hacia un futuro incierto pero esperanzado, en el que la nueva Jerusalén, ataviada como una novia que se adorna para su esposo (Ap 21, 2), reciba, exultante, conmocionada, asombrada, la gloriosa y magnífica Segunda Venida del Salvador del mundo.
Los tiempos, Santidad, son difíciles para la Iglesia y para toda la Humanidad. Cristo es crucificado de nuevo en los vientres de la mujeres embarazadas. Descuartizados los miembros de los niños no nacidos, parecen resonar las palabras del salmista: en la calle la espada me deja sin hijos, en casa reina la muerte (Lam 1, 20).
Los miserables de la tierra habitan un mundo cada vez más pobre y materialista. Sabéis mejor que nadie, Santo Padre, el hambre que padece la mayoría de los habitantes del planeta. Toda señal cristiana de caridad, en fin, es burlada, vilipendiada y perseguida. Pese a todo, el mundo necesita seguir recibiendo el calor y la esperanza de aquel Cordero bendito que resucitó de entre los muertos, porque como Él mismo nos dijo "sin Mí no podéis hacer nada" (Jn 15, 5).
Vuestra Santidad cumple hoy cinco años en el Pontificado. Contáis con el apoyo y la oración del Pueblo de Dios. Del cariño filial de millones de cristianos católicos dispersos por los cinco continentes. Sois Benedicto XVI, Pastor de la Iglesia, Vicario de Cristo en la Tierra. Que la confianza en Nuestro Señor Jesucristo y en la Virgen María siga siendo faro luminoso en vuestra prolífica trayectoria.
Besando la mano de Vuestra Santidad, se despide, no sin antes agradecerle su fecunda labor apostólica y magisterial, y deseando que el Señor le proteja y conceda larga vida, para nuestro bien y el de toda la Santa Iglesia,
Ciriaco de Málaga.
Comentarios:
Fuera de bromas, emociona ver que otros comparten un cariño tan sincero hacia el Sucesor de Pedro. Gracias por este artículo tan bonito
El respeto de los no católicos por la persona que ocupa la sede petrina se gana, como lo han venido ganando los últimos pontífices hasta el actual.
Ese creciente respeto por la autoridad moral de los recientes sucesores de Pedro es lo que molesta a los enemigos de la Iglesia y de la espiritualidad, en general.
Creían que debilitando el poder temporal acabarían con el Cristianismo, ¡mas al contrario! Lo purificaron y, en consecuencia lo reforzaron. Así que ahora para atacarlo han de enfrentarse directamente al mensaje evangélico desde su raíz: la moral cristiana del amor, como bien apunta don Ciriaco.
Si San Benito, -de quien tan devoto es el Santo Padre- recomendaba aquello de “ora et labora”, quizá hoy haya que remedar el consejo con “ora et ama”. No en vano, la primera encíclica de Benedicto XVI fue “Deus caritas est”. ¡Aprendamos de su magisterio!
Que ahora, y más que nunca, en la tormenta que azota a la Iglesia se note el apoyo de sus hijos, sobretodo en la oración. Viva el Papa!
No sé si ha aclarado usted su catolicidad de usted jeje
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Ciriaco de Málaga
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