El belén de Belén
26.12.08 @ 11:58:41. Archivado en Tradiciones, Recuerdos del autor

Puede que algo de mi amor por la Historia se deba al Belén. Digo esto porque siempre me gustó recrear el momento, la circunstancia y la ambientación concreta de aquel Nacimiento concreto.
Recuerdo con especial cariño, al llegar estas fechas, la colocación de aquella colección de figuras de plástico, luego de barro, colocadas en torno al Misterio de la Sagrada Familia.
Cómo olvidar ese Belén que poníamos en el armario de mis padres, con papel de plata simulando el río, los patos -sin patas- que surcaban su cauce, el pescador, la lavandera, y tantos pastores y animales. El serrín, papel arrugado haciendo valles y montañas. Y cada año, más grande, más complejo, más perfeccionado. Cambia de sitio. Primero en mi habitación, luego en la de mi hermana. Y finalmente en la terraza. Escoria, corcho, musgo, romeros, tomillos, frutos silvestres, agua corriente. Se hace de día, ¡y se apagan las luces de las casas! Se hace de noche, ¡y se encienden! ¡Qué prodigioso milagro!
Suena la música clásica, y el murmullo del agua rozando las piedrecitas, o la bombilla que finge ser fuego cubierto de pajas. Mi padre gruñe al prepararlo. Hay que cargar con los tablones. Comprar el papel que hará de cielo. Son muchas horas de preparación, mucho gasto de tiempo, mucho tiempo de paciencia y de minuciosa reflexión: dónde colocar el nacimiento del río, dónde el Portal, dónde los Reyes Magos que vengan de la dirección adecuada, la Anunciación, el poblado disperso de Belén,...
Mi abuela, todos los años, acariciando el musgo húmedo, pronuncia siempre las mismas palabras: "¡A ver cuando os presentáis al concurso! ¡Seguro que lo ganáis!".
Y yo, cuando todavía no levanto un metro del suelo, me quedo mirando la perspectiva de los que acuden a adorar a ese Niño que no tiene más que un pañal. Esas figurillas cobran vida en mi interior. Me dejo llevar por la imaginación. Escucho el trinar de los pájaros, siento el frío de la noche, penetro en el aroma de las plantas, y descubro el misterioso acontecer de los hechos que allí se representan.
Los ángeles... ¡Dos ángeles! Uno sobre el Portal, mayestático, y otro, encorvado, habla con los pastores. ¿Qué les dirá? ¿Qué pensarán? Mis ojos crecen como platos. Los Reyes vienen en camello, con sus cofres dorados sobre el regazo. ¡Y dentro de unos días esos mismos Reyes vendrán a traernos regalos! ¿Cómo puede ser?... ¡Pero es!
Entonces me emociono, y empiezo a saltar de alegría, y me quedo mirando fijamente a la estrella plateada que anuncia algo inexplicable, que yo no comprendo todavía. El Señor de la Historia y del tiempo, del momento preciso, de lo convertido para siempre en recuerdo y en sentimiento. El Niño ha nacido. Y otro niño lo siente, lo percibe, aunque no sepa explicarlo. ¿No sabe? Quizá sí. Quizá sepa. Quizá solamente tenga que esperar unos años para explicarlo.
Comentarios:
Por cierto, Ciriaco, el retrato que has realizado del belén, es preciosos y de una riqueza de detalles, impresionante.
Juanan, primera noticia que tengo de lo suyo.
La Estrella de mi pueblo es particular porque no señala a la Virgen como las demás. Sino que es la Virgen la que señala a la Estrella. Y ya no se sabe cuál es la Estrella y cuál la Virgen, porque no hay diferencia y la luz de María resplandence todo el año desde mi villa.
Mi pueblo recoge el grano y la paja de manos de infatigables segadores.
Caminos de pastores atraviesan mi pueblo guiados por la Estrella. Y los reyes de oriente y occidente también, porque mi pueblo está en mitad del camino real, como núcleo de posadas.
Dios ha nacido cerca del Jordán y del Guadalquivir, e incluso del Henares porque su río de Amor nunca se seca...
Felicidades a Ciriaco de Málaga y a sus fieles lectores y comentaristas.
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