El futuro de Obama
22.12.08 @ 13:00:11. Archivado en Política, Bad Day at Black Rock

Aunque aún sea pronto para definir los rasgos de la futura Administración Obama, me permitiré comparar algunas características de la victoria del primer presidente norteamericano negro (o mulato, pues tanto da para los racistas) con la de su correligionario Franklin Delano Roosevelt en 1932.
En primer lugar, me gustaría señalar el hecho de que Obama ha sido el primer demócrata del Norte que gana las elecciones presidenciales desde Kennedy en 1960 (y también el primer senador desde entonces: hasta ahora, todo habían sido gobernadores). Como es bien sabido, la política antisegregacionista de la administración Kennedy (1961-1963) convirtió la sección del Sur de EE. UU. en un bastión republicano que sólo pudieron reconquistar demócratas sureños: Carter en 1976, Clinton en 1992 y 1996. En cambio, los senadores por Massachusetts como Michael Dukakis (1988) o John Kerry (2004) cosecharon sonadas derrotas.
En ese sentido, creo poder afirmar que Obama ha construido una nueva (y quizás duradera) mayoría electoral basada en el apoyo masivo de las minorías y los inmigrantes. No es algo nuevo en la política estadounidense, pero hacía tiempo que no se veía (al menos, desde el siglo XIX). En efecto, Obama no ha necesitado ser sureño para batir a los republicanos en Estados del Sur considerados feudos permanentes del partido del elefante: así ha sido en Virginia (la auténtica joya de la corona de Obama, un Estado que no ganaban los demócratas desde 1964), Carolina del Norte y Florida. Y ha conseguido esta meritoria hazaña sin recurrir, por tanto, a la solidaridad entre paisanos. Obama ha vencido a McCain en esos Estados movilizando a minorías que no votaban (como los negros en Carolina del Norte y Virginia) o que votaban antes a los republicanos (en Florida), sin necesidad de obtener la mayoría del voto blanco que consiguieron Carter o Clinton.
A nivel nacional, la victoria de Obama se ha fraguado sobre esa coalición de votos negros (el 96 %), hispanos (un 67 %) y trabajadores blancos (Obama ha conseguido el 43 % del voto blanco, cinco puntos más que Kerry, pero aún lejos del 55 % de McCain); amén del esperado respaldo de las mujeres (57 %), que al final no se solidarizaron con Sarah Palin. Con ellos, ha conseguido conquistar todo el Medio Oeste, básico para cualquier presidente: Ohio, Illinois, Wisconsin, Michigan, Indiana (y está por ver Missouri), todos ellos Estados blancos e industriales en los que Reagan y Bush triunfaron. En el Suroeste, los hispanos le han dado a Obama Nevada, Nuevo Mexico y Colorado (la Convención de Denver dio resultados), Estados conservadores socialmente. El resto de la victoria ha descansado en los tradicionales feudos demócratas, es decir, las dos Costas, la Atlántica y la Pacífica.
Roosevelt basó su victoria de 1932 (y, sobre todo, la de 1936) también en una gran coalición de trabajadores blancos y negros, porque fue a partir de Roosevelt cuando el voto negro cambió de republicanos a demócratas (en concreto, se llevó el 76 %, según BOSCH, 2005: 230-231). Igualmente, Roosevelt obtuvo una victoria abrumadora en el Colegio Electoral en medio de una crisis económica profundamente grave de la que propuso (y logró) salir mediante un New Deal basado en la intervención del gobierno en la regulación de la economía (con consecuencias tan profundas que no hay espacio para hablar de ellas), después de 12 años de administraciones republicanas defensoras del laissez-faire, incluida la del olvidado Herbert Hoover (1929-1933), incapaz de resolver la Gran Depresión dejando hacer. Al igual, Obama, siguiendo la tradición demócrata, promete la intervención del gobierno en la economía para salvar a las clases medias y garantizar la universalidad de la sanidad (Roosevelt creó la Seguridad Social en 1935... ).
Por último, Obama ya se ha mostrado activo anunciando la aplicación de medidas urgentes contra la crisis en cuanto asuma la suprema magistratura, el próximo 20 de enero. Roosevelt devolvió la fe a los norteamericanos cuando les anunció el 4 de marzo de 1933 que en sus primeros cien días impulsaría una serie de medidas urgentes para paliar los efectos de la crisis y poner en marcha la legislación social en el Congreso, añadiendo que los americanos sólo debían tener miedo al miedo mismo. Todavía queda por ver en qué queda su nueva política exterior respecto a Cuba y Venezuela y si tiene conexiones con la política de buena vecindad que desarrolló FDR.
Obama citó en su celebración al presidente Lincoln, otro modelo de liderazgo en tiempos de crisis al que ha leído con provecho. Pero aún falta por ver cómo evoluciona su presidencia. En cualquier caso, los europeos que se pavonean llamativamente con aires de superioridad ante la derrota del racismo en EE. UU. deberían recordar la legislación antirracista de EE. UU. que tiene la friolera de 145 años de antigüedad, y reflexionar que fue Europa, y no América, la que ha cometido la única masacre que no tiene comparación en la Historia: el Holocausto. Nosotros, que no somos racistas. Si no hay racismo en Europa es porque no ha habido negros. Si no hay antisemitismo en Europa es porque ya no quedan judíos. ¿Votaremos a un président de la Republique marroquí, a un premier pakistaní o a un presidente guineano nosotros? Ahora que llega la inmigración en masa veremos cúan racistas somos los europeos. En ese sentido, para bien y para mal, los EE. UU nos llevan doscientos años de adelanto.
Harry Lime
Historiador y analista político
Comentarios:
Profundamente agradecido y ss. afmo.
cch.
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Ciriaco de Málaga
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