Tarde de sábado cualquiera
18.10.08 @ 19:06:00. Archivado en Sobre el autor

Hay días en los que da gusto quedarse en casa. Son aquellos en los que el cielo otoñal se cubre de nubes oscuras y amenaza tormenta. Días en los que desciende la temperatura y comienza a agradecerse la calefacción del hogar.
Es el momento idóneo para sentarse a leer, escribir, conversar con la familia, escuchar la radio, ver la televisión,... Ojear el lomo de los libros que descansan en las estanterías, pasear una y otra vez por el pasillo sin tener nada que hacer. Sentarse para, acto seguido, volver a levantarse.
Especialmente agradecidos para este menester son los sábados. Uno se levanta descansado bien avanzada la mañana, sin ninguna necesidad de madrugar. Y todavía queda otro día por delante -el Día por antonomasia- para disfrutar del ocio del fin de semana.
Hoy es un día especial porque mi madre cumple cincuenta y nueve años. Ya están preparadas las tortillas de patata, los canapés, los platitos de aceitunas, pequeños bocadillos de jamón serrano, queso cortado en forma triangular, sandwiches de tomate picante, etc. Dentro de un rato, en breves minutos, empezarán a llegar tíos, sobrinos, primos carnales y segundos, amigos y amigas de la familia, acompañados de sus respectivos cónyuges.
Todas las bombillas del salón se encienden en estas ocasiones. Hay un murmullo generalizado y un cruce de conversaciones simultáneas que vivifican el tono y el vigor de mi casa, que se convierte, durante un par de horas, en entrañable hospedería de parientes.
Sábado, 18 de octubre de 2008. Son las siete de la tarde. La jornada languidece y miro, a través de mi ventana enrejada, cómo los árboles de mi avenida apenas se mueven por el viento. Un cumpleaños más, en una ciudad cualquiera, de una familia cualquiera.
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Ciriaco de Málaga
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