Comenzó el combate
08.09.08 @ 08:21:35. Archivado en Sobre el autor, Literatura, Ensayo histórico

El silencio casi podía palparse. La brisa, repentinamente, se detuvo. Las hojas de los árboles dejaron de sonar. El general montó sobre su caballo blanco. Miró al horizonte, levantó la mirada hacia las oscuras nubes que cubrían sus cabezas y se replegó sobre sí mismo durante unos segundos.
–¡Lo hacéis por Dios y por España! No temáis, pues más allá de las cumbres está la libertad. Están vuestras madres, vuestras mujeres, vuestros hermanos y vuestros hijos. Ellos, que son el futuro, esperan vuestro regreso, emocionados, porque saben que no volveréis con las manos vacías. No lleváis oro, ni diamantes, ni otros poderes terrenales. Pero en vuestros corazones españoles y cristianos habéis labrado un detente vivo, un escudo fuerte contra los enemigos.
No tenemos fuerzas -prosiguió bajando el tono, pero no la firmeza-. Somos débiles, pecadores y despreciables... ¡Mas no dudéis que la Gracia se derrama generosa sobre aquellos que no dudan en luchar contra el ateísmo radical y el libertinaje!
–¡Viva el General Malavia! –exclamó un soldado, seguido de otro ‘viva’ estruendoso, unísono, rompedor y vibrante, emocionado, fraternal y sublime. En ese ‘viva’ múltiple y único se unían los espíritus, en comunión fascinante, unos con otros, y todos con Dios.
–Mis queridos soldados, bravos españoles de los cuatro puntos cardinales. De las húmedas tierras gallegas a las costas levantinas, pasando por las cordilleras, llanuras y collados de Castilla, esa noble Castilla de la cruz y el martirio. Pero de más allá. Somos españoles por nación, y orgullosos de serlo, pero por encima de ello, que amamos y veneramos hasta el extremo, somos ciudadanos del Cielo. En ese destino están puestos nuestros ojos y nuestros corazones.
-¡Viva Cristo Rey! –sonó un bisoño espontáneo entre las filas de gallardos carlistas, seguido de una respuesta todavía más conmovedora si cabe.
-¡Sí, sí, sí! En Cristo, Rey del Universo, ponemos el ánimo y en Él nos abandonamos. Somos sus soldados, soldados de la Iglesia de Dios. Y en la Virgen María, protectora de la Hispanidad, joyero de grandeza y de santidad, confiamos ciegamente. Pero ya no quiero cansaros más con largos discursos. He dicho lo que debía deciros: que confiéis en vuestras fuerzas dadas por lo Alto. Puede que no todos vivan para recoger los laureles de la victoria en esta pelea. Muchos moriréis... ¡Benditos sean los que nos precedan en la Vida Eterna! Habéis confesado vuestros pecados y habéis comulgado ¡No tengáis miedo! ¡Sois inmortales! ¡Valor, valor, mis leales soldados!
Tosió ligeramente y enderezó el uniforme.
-Os transmito los saludos paternales del Rey Carlos –continuó–, que reza constantemente y se desvela por todos y cada uno de vosotros. Y ahora, sin más dilación, os pido que me sigáis en el último grito, el último momento previo a la batalla gloriosa que os espera. Después de la Cruz, viene la Resurrección. No lo olvidéis nunca. Hijos míos: ¡Viva el Rey! ¡Viva España Católica! ¡Viva Cristo Rey!
-¡¡Viva!! ¡¡Viva!! ¡¡Viva!! –exclamaron con un vigor casi sobrenatural los ejércitos de la boina roja. En sus rostros tostados por el fiero sol, cansados y valerosos, se reflejaba el agotamiento, pero también la esperanza y la fe. Muchos lloraban callados, pensando en sus esposas y en sus hijos. Morían por ellos. Por defender los valores sagrados de la Familia, la Patria y la Religión cristiana.
Y haciendo la señal acordada, comenzó el combate.
Comentarios:
Y el italianizante Edu J.? Y Juanan? etc....
Salud y República Cristiana!!
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Ciriaco de Málaga
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