Crónica de un encuentro pintoresco
29.08.08 @ 19:25:53. Archivado en Sobre el autor, El rincón de Edu J

La jornada comenzó a eso de la una del mediodía en nuestra estación de Cercanías para coger el tren que nos llevará a nuestro destino, que no era otro que la capital de España. Me reuní para ello con la españolísima Bandera de Adiós Ayer, y lo que pensábamos que iba a ser un trayecto sin pena ni gloria dio para mucho.
Primeramente, arremetiendo contra fauna de docentes de la que está poblada nuestra facultad y que, por desgracia, la Bandera y un servidor hemos tenido que sufrir sus sinrazones y falta de sensibilidad (pero que nadie se asuste: también los hay buenos).
A medida que nos acercábamos a nuestro destino que no era otro que la parada de Recoletos, nos encontramos a un tipo divertido que sacó un pequeño aparato de música y una flauta doble muy extraña y se puso a cantar la canción de Alejandro Sanz “El corazón partío” mientras, de vez en cuando, tocaba esta extraña flauta.
Si a esto le sumamos mi cara de sorprendido unido a los comentarios de la Bandera: “Lo que se está perdiendo el Sr. Ciriaco". Imagínense las risas que nos pudimos echar en el tren, entre el showman y los comentarios de la Bandera y mis caras (y eso que yo llevaba mis Ray-Ban de aviador, que son enormes).
Después de que el Cercanías nos expulsará a la calle, nos encontramos con otra sorpresa del destino: Andrés Pajares. Un cómico de los 70 y los 80, al que muchos recordaréis por la serie televisiva de Antena 3 y que ahora es más conocido por sus escándalos y los de sus vástagos. Demacrado, andando sin un rumbo fijo y caminando como una persona de ochenta años.
Posteriormente, tomamos la calle Alcalá, donde compré la colección de los rosarios de Salvat, y pusimos rumbo a la calle Arenal, para vernos con Ciriaco de Málaga. Y ahí esta estaba el joven malacitano, esperando en “Palomeque”, puntual como un reloj suizo, que no dudó en sacar el látigo y azotarnos por llegar seis minutos tarde.
Después de muchos dimes y diretes, optamos por ir a la Plaza Mayor de la Villa y Corte, pues al Bisoño le quedaba una hora para llegar, y los jóvenes Bandera y Ciriaco tenían hambre. Y para saciarla, qué mejor que ir a degustar unos bocadillos de calamares (dos bocadillos, dos mostos y un trina de naranja, no llegó a 10 euros. Bar “La Campana”. C/ Bonoteras, nº 6).
A continuación, para matar la hora que nos quedaba, pasamos al Corte Inglés, a ver los relojes y de paso coger algo de aire acondicionado pues, para ser finales de agosto, el astro rey nos castigaba con bastante fiereza.
Luego pusimos rumbo hacia Atocha. Pasamos por Sol y, cómo no, por la zona baja de la calle Montera, donde se encuentran las tiendas de oro que tanto me gustan. Cogimos la carrera de San Jerónimo donde pasamos por la puerta del mítico restaurante “Lardy”, cerrado por vacaciones, para dirigirnos a la futura casa de Ciriaco de Málaga, que no es otra que el Congreso de los Diputados.
Para luego perdernos por callejuelas de ese Madrid antiguo que a uno le gusta respirar, viendo iglesias como la de Jesús de Medinaceli, la de los franciscanos donde están enterrados los restos del gran alcalaíno Miguel Cervantes Saavedra con la placa dedicada y otra que hace referencia a la Universidad de Alcalá, hoteles como el Urban, el Ritz o el Palace.
Y después de esta caminata, apareció el Bisoño Malavia, con su ropa informal y su sonrisa jovial. Ciriaco de Málaga le saludó desde la acera de enfrente levantando el puño izquierdo cerrado. Después de los saludos protocolarios, decidimos donde ir a almorzar. Primero seleccionamos la terraza del “Brillante”, pero después de advertir que un simple refresco costaba 3.25 euros, nos decantamos por un “Kentucky Friend Chicken” para degustar unos combos y hamburguesas de pollo frito.
Ahí apareció el tercer personaje del día, después del showman del tren y de Pajares: el dependiente. Correcto y educado, tenía la cabeza como la de los Caraconos. Cosa que se acentuaba más por la carencia de vello capilar. Tremendo.
Después de degustar el pollo con especias, comenzó una bonita charla donde pusimos al país en su sitio, arremetimos contra todo los que no nos cuadraba (televisión, política, gente, etc...), futuros proyectos, nuevas experiencias, de lo bueno que está el ron, de ciertos bloggers que no tienen ni idea de nada, etc…
Luego llego el café en “Dunkin Donuts”, donde nos inclinamos por un café italiano (ni punto de comparación de los que uno se beben en Italia y más económico que en la franquicia norteamericana) todos menos la Bandera, que optó por una bebida fría. Yo, que me considero un amante de los dulces, no pude dejar escapar la ocasión de comerme una rosquilla, pues están buenas, aunque no es bueno abusar de ellas.
Hablamos de viajes, y la Bandera nos obsequió con un regalo: un pin de la bandera de España, que hizo las delicias de todos (o como diría usted Bandera: causó furor). Desde aquí gracias.
El Bisoño Malavia nos abandonó para irse a correr, cosa que el resto veíamos difícil pues a esas horas, y después de comer, lo que está uno es para descansar.
La Bandera de Adiós Ayer, el joven malacitano y un servidor nos encaminamos al Real Jardín Botánico, donde disfrutamos de las plantas, tanto autóctonas como tropicales, del arte fotográfico de la Bandera y de la evocación que Don Ciriaco nos hacía de este hermoso lugar (pues hay que recordar a los lectores que este jardín lo creó Carlos III) que hacían trasladarse a uno al 1700, y recordar cuando nuestro país tenía algo de prestigio internacional.
Terminada la jornada, nos dirigimos a coger el tren para volver a nuestra ciudad. La Bandera, dijo que prefería la parada de Recoletos a la de Atocha, y nada, nos pusimos a andar hasta ella. Entretanto, pasamos por el Ritz, donde la copa de champán valía la friolera de 95 euros (he dicho copa y NO BOTELLA), vimos la estatua del Dueño del Balcón (que no es otra que la de Neptuno) nos encontramos con una exposición, de los 20 años que lleva la mujer en las fuerzas armadas, vimos una manifestación de bicicletas, donde tiene el despacho el gran amigo de Ciriaco de Málaga y por éste bautizado como Faraón del Manzanares: Alberto Ruiz-Gallardón.
Y nos despedimos de Madrid.
Hasta la próxima, amigos.
Edu J.
Comentarios:
Lástima que no pudiera acompañarles. Los provincianos somos así: nos vamos al pueblo cuando uno menos lo espera.
Por lo demás, excelente crónica de Don Edu J. Del que esperamos muchas más.
UN PASEO TORERO POR MADRID, CON ESPADAS DIGNOS DE LLEGARLE A LOS TALONES A ENRIQUE PONCE.
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