Cuando se llevó el cuerpo a enterrar...
28.08.08 @ 19:41:46. Archivado en Religión
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"Cuando se llevó el cuerpo a enterrar, le acompañé y volví sin derramar una lágrima. Tampoco lloré durante las oraciones que recitamos dentro del sacrificio de nuestra redención que te ofrecimos por ella, puesto ya el cadáver al borde del sepulcro, antes de ser depositado, como se acostumbra allí. Pero todo el día estuve interiormente muy triste. Con la mente turbada, te pedía como podía que curases mi dolor. Y no lo hiciste, según creo, para que grabara bien en mi memoria, aunque sólo fuera por esta lección, la fuerza que tiene la costumbre, incluso en las personas que ya no se apacientan de palabras vanas.
Me pareció también que debía tomar un baño. Había oído decir que el nombre latino de balneum (= baño) derivaba del griego balanion (balaneión), por creer que arrojaba la angustia del alma. Y reconozco también en esto tu misericordia, ¡Oh Padre de los huérfanos!. Me metí al baño y salí de él lo mismo que había entrado. Mi corazón no trasudó ni gota de la hiel de mi tristeza.
Después dormí. Cuando desperté hallé mi dolor en parte aliviado (...). Poco a poco fueron volviendo mis antiguos sentimientos respecto a tu sierva. Me acordaba de su santa y piadosa entrega a ti y de la ternura y paciencia que me había demostrado a mí. Ahora me veía repentinamente privado de ella. Tenía ganas de llorar por causa de ella y por causa mía y por mí. Y solté mis lágrimas, que tenía reprimidas, dejándolas correr cuanto quisieran, haciendo de ellas una almohada a mi corazón. Y descansó de verdad, pues mi llanto resonaba sólo en mis oídos, no en los de los hombres que pudieran interpretarlo mal.
Y ahora, Señor, te lo confieso en este escrito mío. Léalo quien quisiere e interprételo como quisiere. Y si le parece que hay pecado en haber llorado yo por el breve tiempo de una hora a mi madre muerta entonces a mis ojos -a ella que, durante tantos años me había llorado para que yo viviese a los tuyos- que no haga burla de mí. Lloré más bien, en su gran caridad, por mis pecados delante de ti. Padre de todos los hermanos de tu Cristo".
San Agustín de Hipona. Confesiones. Libro IX, cap. 12.
Comentarios:
Seguramente, usted, me responderá que eso es sencillísimo, pero cuando uno tiene que estudiar para un examen cuesta un poco más.
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Ciriaco de Málaga
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