La jornada comenzó a eso de la una del mediodía en nuestra estación de Cercanías para coger el tren que nos llevará a nuestro destino, que no era otro que la capital de España. Me reuní para ello con la españolísima Bandera de Adiós Ayer, y lo que pensábamos que iba a ser un trayecto sin pena ni gloria dio para mucho.
"Cuando se llevó el cuerpo a enterrar, le acompañé y volví sin derramar una lágrima. Tampoco lloré durante las oraciones que recitamos dentro del sacrificio de nuestra redención que te ofrecimos por ella, puesto ya el cadáver al borde del sepulcro, antes de ser depositado, como se acostumbra allí. Pero todo el día estuve interiormente muy triste. Con la mente turbada, te pedía como podía que curases mi dolor. Y no lo hiciste, según creo, para que grabara bien en mi memoria, aunque sólo fuera por esta lección, la fuerza que tiene la costumbre, incluso en las personas que ya no se apacientan de palabras vanas.
Ha llegado el gran día. En cuatro horas aproximadamente comeremos juntos el incombustible Miguel Ángel Malavia; la invicta Bandera de Adiós Ayer; el Demonio del Mediodía, dueño de un Balcón inexpugnable; el sagaz e italianizante Edu J; y este que les escribe, pesadilla de turbios agentes conspiradores.
El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, presidirá el próximo lunes 11 de septiembre, en la Catedral de la Almudena, una Misa funeral por las víctimas del accidente de Barajas. No encuentro razones para la celebración de dicha ceremonia.
«Os aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él» (Marcos 10, 15-16).
Pocas han sido las películas me han hecho llorar. Ninguna de ellas lo ha conseguido tras verla por segunda, tercera o cuarta vez. Todas menos una. Sólo una.
"He encontrado en Roma el mejor modo de servir a Dios, ayudando a estos pobres muchachos y no los dejaré por nada del mundo"
(S. José de Calasanz, 1600).
La fiesta anual y el cuadro que colgaba de los pasillos de mi colegio. Un pálido anciano recibiendo la última Comunión. Su lengua extremada, los ojos cerrados y un fondo oscuro, en penumbra. La pintura era de Francisco de Goya y Lucientes, genial aragonés y alumno de sus escuelas. Las Escuelas Pías, Piedad y Letras. San José de Calasanz. Pero todo eso lo supe mucho después.
Pues, por favor, si alguien sabe, que me diga lo que dice esta canción. Con la música del villancico de Los peces en el río, un grupo de rusas disfrazadas de gitanas hablan de un "torrero", de una "fiesta" y de un "caballero". Alucinante.
No haría falta que lo declarara solemnemente. Mas, como yo soy muy solemne, lo declaro sin rubor: Youtube es un pozo inagotable de recursos musicales, gráficos e incluso históricos. Aunque hoy, por desgracia, me he topado con un hallazgo que me ha hecho caer en la decepción y, por consiguiente, en la más honda tristeza.
El Obispo Auxiliar de Madrid, Monseñor César Franco Martínez, presidió ayer, en la Sala Retiro del Pabellón 8 de IFEMA, la Misa funeral por las víctimas del accidente aéreo ocurrido anteayer en Barajas. Concelebraban junto a él, el Obispo de Canarias, Monseñor Francisco Cases, y otros dieciocho sacerdotes de la archidiócesis.
"No temáis, porque yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28, 20).
Con parte los cadáveres de los ciento cincuenta y tres fallecidos en el accidente de Barajas aún sin identificar, a cualquier creyente le asalta una duda existencial: ¿Por qué Dios permite tanto sufrimiento, aparentemente gratuito? ¿Por qué suceden desgracias tan terribles e inexplicables?
"Os echarán mano, os perseguirán, os llevarán a las cárceles y os harán comparecer ante los reyes y los gobernadores por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras vidas". (Lucas 21, 12-20).
El Obispo de Yong Nian, Monseñor Han Dingxiang, pertenecía a la Iglesia católica de China -clandestina- fiel a la Santa Sede. El próximo 9 de septiembre se cumplirá un año de su fallecimiento en lamentables circunstancias: llevaba ocho años encarcelado por las autoridades comunistas del país.
Una leyenda piadosa, hermosa y antigua, que acabo de escuchar, hace un par de horas, en la homilía de mi párroco. Y ahora voy a compartirla, en este día tan especial, con vosotros.
La sublevación de los franceses de Argelia provocó, en mayo de 1958, la caída del gobierno de Pierre Pflimlin y de toda la IV República Francesa. Acechaba en todo el país un gravísimo enfrentamiento civil.
Pasó la época de Santa Juana de Arco, la Doncella de Orleáns; de María Antonieta, mártir de la Monarquía tradicional; de Josefina de Beauharnais, la primera esposa de Napoleón Bonaparte.
Hoy es época de las modelos cantautoras, de las italianas con genes brasileños, unidas a presidentes de origen húngaro, que tocan la guitarra y cantan al amor.
Pedro Calderón de la Barca y Barreda González de Henao Ruiz de Blasco y Riaño (1600-1681), además de gran poeta y dramaturgo excepcional, era sacerdote. Como tal, solía decir misa en la madrileña iglesia del Salvador a primera hora de la mañana.
"El combate por el Reino incluye necesariamente la experiencia de una pasión de amor" (Gaudete in Domino, 37; 9 de mayo de 1975)
Tal día como hoy, a las 21:40 horas de hace 30 años exactamente, Pablo pasó de la cruz a la luz. El que había entregado su vida entera a la Iglesia, consumido por una fidelidad extrema, tras muchos sufrimientos humanos, corporales y espirituales, alcanzó por fin el descanso eterno.
"Como no sabemos cuando vamos a morir, llegamos a creer que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todo sucede sólo un cierto número de veces. Y no demasiadas.
Comienza la primera semana de agosto. En la gran ciudad palpita, sobre el asfalto, un sofocante calor de verano. Languidecen, curtidos, abnegados, los cuerpos morenos sobre las aceras, ligeros de ropa, resignados, camino del trabajo.