3 de mayo
03.05.08 @ 19:54:20. Archivado en Historia

Joaquín Murat, gran Duque de Berg y Cleves, mariscal de Francia, rey de Nápoles, a la sazón comandante del ejército invasor de España y gobernador de Madrid por delegación de Napoleón Bonaparte, se dirigió a sus soldados, tal día como hoy, en los siguientes términos:
Soldados:
Mal aconsejado, el populacho de Madrid se ha levantado y ha cometido asesinatos; bien sé que los españoles que merecen nombre de tales han lamentado tamaños desórdenes, y estoy muy distante de confundir con ellos a unos miserables que sólo buscan el crimen y el pillaje. Pero la sangre francesa vertida clama venganza. En consecuencia, mando lo siguiente:
- Serán arcabuceados todos cuantos durante la rebelión han sido presos con las armas.
- La junta de gobierno va a mandar desarmar a los vecinos de Madrid. Todos los moradores de la corte que, pasado el tiempo prescrito para la ejecución de esta resolución, anden con armas o las conserven en su casa sin licencia especial, serán arcabuceados.
- Todo corrillo que pase de ocho personas se reputará reunión de sediciosos y se dispersará a fusilazos.
- Toda villa o aldea donde sea asesinado un francés será incendiada.
Dado en nuestro cuartel general de Madrid, a 2 de mayo de 1808.
Así se las gastaban los amigos de la libertad, la igualdad y la fraternidad.
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Libertad, igualdad y fraternidad son palabras que suelen emplear los más desfavorecidos para hacer reclamaciones. Cuando dejan de serlo empiezan a restar, y al final siempre queda la fraternidad de consuelo para los que no tienen la conciencia en paz. Me estoy volviendo del enemigo. Perdón por personalizar, es lo que tiene ser consistente.
Era un caudillo y como militar estaba un poco lejos de los ideales de la ilustración. Era ambicioso y su ambición hizo hacer auténticas barbaridades que a la larga no solo le perjudicaron a él si no también a Napoleón y a su imperio.
En el menos peor de los males, Napoleón acertó en coronar a su hermano José rey de España. Por lo menos este hizo lo que pudo. Aunque ni fuera bien comprendido ni querido por la gran mayoría de sus súbditos y muy maltratado ya desde el principio por la historia.
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Ciriaco de Málaga
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