Si Bayona no hubiera existido
02.05.08 @ 15:52:29. Archivado en Historia, Ficción

El silencio es sepulcral en medio de las calles. Ni un pájaro en los árboles se atreve a emitir el tímido gorjeo de la amanecida. Los madrileños, apostados en cuarteles, tabernas, conventos, comercios y hasta en los hogares más humildes, esperan.
El sable presto y el fusil cargado. Valientes muchachos, delicadas jovencitas, mujeres curtidas por el sol, hombres bizarros de noble pecho y encendido patriotismo. Panaderos, herreros, soldados, estudiantes, campesinos, alfareros, libreros.
El pueblo de Madrid espera con impaciencia la llegada de los ejércitos franceses. Napoleón Bonaparte ha ordenado la invasión de España y las águilas imperiales planean sobre la capital del Reino. Pero el orgullo ibérico no se humilla ante la soberbia gabacha. Ni un paso atrás.
Carlos IV, el Rey, dirige a la turba. El ejército español se halla desplegado, con sus mejores efectivos, por toda la Península. El príncipe Fernando, llamado a heredar el trono, se encuentra junto a su padre. "Somos menos, señor, pero somos mejores. En nuestra unidad reside nuestra grandeza. Venceremos al pérfido invasor, padre. Napoleón conocerá la valentía de nuestras gentes".
Padre e hijo se aman profundamente y son el ejemplo de príncipes dispuestos a dar su vida por su Nación. Jamás se plegarían ante el invasor. Son los mejores reyes que nunca España ha soñado tener.

Comienzan los cañonazos. El enemigo se acerca. Prietas las filas. Enorme expectación. El Rey Carlos se endereza el Toisón de Oro que luce brioso sobre el pecho. Fernando se endereza sobre el brioso corcel que monta.
"Soldados: ¡España! Ese ha de ser el grito unánime de todos nosotros en esta hora decisiva. El pueblo y sus reyes contra el enemigo. Hoy no hay divisiones. No hay señores ni criados; no hay siervos ni dueños. Todos somos iguales, porque a todos nos llama el deber: ¡España!".
La Historia, maestra de la vida, nos habla de otros hechos bien distintos. Carlos IV y Fernando, el futuro Fernando VII, postrados ante Napoleón en el Palacio Imperial de Bayona, abdicando en él y éste, a su vez, entregando la corona a su hermano José.
La Historia, maestra de la vida, vuelve a mostrarnos su rostro más desagradable. Pero, sin embargo, aquel Madrid desangelado y descabezado, con dos reyes viles y cobardes, supo enfrentarse a los estandartes de Bonaparte.
La Guerra de la Independencia no había hecho más que empezar. El destino, al menos en eso, nos daría la razón.
Alcalá de Henares, a 2 de mayo de 2008.
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Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Esta mujer, Ciriaco, siempre faltando yo creo que tendrías que vetarla de por vida.
No lo entiendes porque eres muy lineal en todo. Es tu problema.
Buenas reflexiones para esta conmemoración. La vocación de dramaturgo en estos textos es evidente. No nos deje sin alguna obrita que representar...
Saludos
¡Si ya lo decía el pobre primo Luis, desde Francia! "¿Cómo podemos confiar en un soberano cuya máxima preocupación es su estómago?". Y al pobre primo y a toda su familia y amigos les cortaron la cabeza, los del estómago vacío.
No sé si la libertad conduce al pueblo, pero no hay maestra más lista que el hambre, según el refrán popular.
De Trafalgar a Bailén sólo van dos años y medio y un gran incremento del déficit público español a costa de los menos favorecidos mientras que en ese cortísimo período de tiempo todos los héroes y todos los tiranos de las tragicomedias española y europea se travisten en un santiamén por mor de la Razón de Estado, concepto que sigo sin entender.
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Ciriaco de Málaga
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