Yo también fui titiritero
19.04.08 @ 11:00:49. Archivado en Arte, Recuerdos del autor
Sí, sí. Como lo leen. Yo, Ciriaco de Málaga: el Castigador, el Ortodoxo, el Circunspecto, el Indomable, el Azote de Tibios e, incluso, el Carcelero, fui actor aficionado. Cómico, titiritero, saltimbanqui, comediante o como quieran llamarme.
En mis años mozos me entregué al oficio bohemio del ensayo a destiempo, del probador de trajes, a la dura y trabajosa memorización de interminables papeles.
Y no crean ustedes que me dejé llevar por las mejores obras de Lope de Vega, Shakespeare o el Duque de Rivas. No, qué va. Por desgracia, me arrastré a un sinfín de composiciones teatrales, algunas tragicómicas, de autores como Federico García Lorca, Jerónimo López Mozo, y otras de elaboración propia. Mi grupo se hacía llamar La Tarima, y llegamos a deambular por varios locales de mi ciudad, recibiendo incluso la calurosa felicitación del alcalde socialista de aquellos años, cuyo apellido era Peinado.
Fui Juan, el marido celoso, ardiente y brutalmente asesinado de Yerma, el padre gitano de la novia en Bodas de Sangre, el corifeo de una serie de poemas seleccionados del Romancero Gitano y Poeta en Nueva York. También fui el sargento homosexual y reprimido que alistaba soldadesca decrépita y torcida. Encarné a un condenado a muerte que acudía gustoso al cadalso por obedecer ciegamente al Rey "su señor". Hice de paleto pueblerino acosado por una recua de feas y desagradables prostitutas que se burlaban de mí.
Fui paseante aristócrata francés en la Calle Mayor que vio nacer a Miguel de Cervantes, figurante y criado en el Tenorio complutense; fui el Señor Tepán en el Picnic de Fernando Arrabal, finalmente muerto a bombas con mi señora y mi hijo.
Yo, Ciriaco de Málaga, rector de la moral y de las buenas costumbres, para mi vergüenza, fui el ministro repugnante, salido, babeante, que se abalanzó con deseos carnales sobre los pechos de la ministra de exteriores de un imaginario país vecino, provocando una guerra de funestas consecuencias.

Cargué escenarios, transporté ropas, llevé sillas, trasladé muebles, perchas, cortinas y soporté el calor de focos encendidos. Mi cara fue maquillada en innumerables ocasiones. Busqué músicas, gasté tiempo, esfuerzo, sudor, nervios y hasta alegrías en cada una de las representaciones.
Fui titiritero, en efecto. Amigo y colega de saltimbanquis. Durante más de tres años, mi voz, mis brazos, mi mente, todo mi cuerpo fue titiritero. Por amor al arte y por vencer la timidez que me aprisionaba desde la infancia. Y aunque muchos, la gran mayoría de los papeles que interpreté iban contra mis principios, no me arrepiento de haberlos hecho. Cada uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, pero yo estoy encadenado a un pasado del que no quiero desprenderme.
Comentarios:
Por cierto, y este Buenaventura quien es? ( un grosero y maleducado seguro)
Excelente post como siempre :).
Esperemos que la excelente formación grecolatina del sr. ciríaco le haga entrar en razón; y saber que la escena no perdió para siempre a un actor como la copa de un pino.
Lo dicho, recapacite, que montamos una obrita rápido...
Saludos¡¡¡
Oh carcelero, guardián de la moral, dinos tu el camino, para ser como tú, subnormal.
Solo espero que los halagos que recibes al volcar tu basura en forma de hez html compensen tu taciturnidad y la fría soledad nocturna que te acompañan al escribir estos ¿artículos?
Mire haber, si vamos a tener un actor en potencia ( porque perodista, escritor y político, sabemos que lo tenemos) y lo que se esta perdiendo Holywood.
Si retorna, esa faceta oculta, avíseme, por favor, para poder verle y aplaudirle, pues seguro que no nos decepcionará.
Créelo porque todo lo que cuento es cierto.
En serio, me ha gustado mucho este post, empezando por la imagen de arriba y terminando por la de abajo, jeje, y pasando por el texto.
Amigo Ciriaco, ser actor es uno de los oficios más maravillosos que puedan existir. Llevar por unos minutos una máscara que oculta tu verdadero ser, todo por el arte, es digno del mayor de los elogios.
Ya estás más cerca de Sabina...
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