Salamanca, tú y yo
20.01.08 @ 10:30:20. Archivado en Arte, Ficción

Quinientos años de Historia pasaban por delante de nuestros ojos. Piedras doradas de una urbe milenaria. La Universidad, la Clerecía, las dos catedrales. El Palacio de Monterrey, el convento de San Esteban, la Plaza Mayor. El Tormes. Y la noche, que se avecinaba.
Después de varias horas recorriendo el casco viejo de la ciudad, estábamos muy cansados. Hacía frío, aunque a mí todavía resultaba soportable. Las torres y cúpulas de Salamanca perfilaban el horizonte en un anochecer de fondos rojizos, anaranjados y nublados. Habíamos pasado por delante del toro contra el que un cruel ciego había arrojado al pobre Lázaro. Todo era tan sugerente que, en cada rincón, se recordaba una historia de la literatura y una anécdota del arte universal.
Seguimos paseando por las amplias avenidas, las angostas callejuelas, los parques y plazas hermosas de la ‘Roma chica’. Y sin saber cómo, llegamos, extenuados y desorientados, a otro puente sobre el Tormes. Ya era muy tarde y la temperatura descendía por momentos. Pero, sin embargo, la vista que contemplábamos ahora era tan magnífica que se nos olvidó el malestar. Sobre las aguas negras se reflejaba la catedral plateresca, iluminada por unos potentes focos colocados en su base. Las suaves ondas del río mecían tejados, cornisas, arquivoltas y contrafuertes.
–Oye, tengo mucho frío– dijiste en voz apenas perceptible.
Te apoyaste contra la barandilla del puente y, a pesar de todo, seguiste contemplando la imagen del reflejo. No te diste cuenta, pero yo miraba el reflejo del reflejo en tus ojos. Y me quedé, inmóvil, durante unos segundos, tratando de percibir tus sentimientos más íntimos a través de tu mirada, tan misteriosa como apacible y suave, similar a las hojas de los álamos del campo mecidos por el viento.
Hubiera deseado paralizar para siempre ese instante. Aún así, a pesar de ser consciente de su inevitable finitud, aquellos escasos instantes se me hicieron gloriosamente eternos. Era como si el Paraíso hubiera pasado a mi lado, rozándome la punta de los dedos y estremeciéndome el alma como nunca antes lo había hecho. Sentí una enorme emoción que me recorrió el cuerpo, de pies a cabeza. No podía decir nada; y, no pudiendo hacer otra cosa, me deleité en el sosiego del momento.
Una ráfaga de brisa helada te hizo suspirar. Pero pese a todo, no te moviste. Me acerqué ligeramente a ti y te abracé.
Sin poder articular más palabras besé tu rostro, susurrando un tímido ‘te quiero’ que pasó de la piel al agua en forma de lágrima. Que cayó, sin que nadie lo viera, al río Tormes. Lágrima perdida, lágrima emocionada, lágrima pasajera, fugitiva, callada. Lágrima que se fundió con el agua negra de la noche, entera y eterna.
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Precioso el post.
El te quiero que se le cayó en forma de lágrima al río a Ciriaco en Salamanca. Ciriaco tuvo un pensamiento anterior a esa lágrima, y causa de ella, que se llamaba "pensamiento contemplativo de la Belleza de un lugar, una emoción agradecida al Creador", Que desató en la fría y silenciosa noche, acompañada de soledades habitadas, una oración llena de calor, de amor y de agradecimiento. Eso creo que le ocurrió a Ciriaco. Ciriaco es, y no sé si lo sabe, lo que se dice en esas canciones de homenaje: un muchacho excelente.
Pero no estoy de acuerdo en lo de que "se pierda en demasiadas descripciones arquitectónicas". Salamanca es la protagonista, "tú y yo" hace referencia a una pareja anónima que vive su amor formando parte del entorno, del ambiente, de los monumentos, del río, del frío de la noche, de la luz, del color..., como un elemento más, de Salamanca, el pretexto para describir la ciudad, una ciudad en que los elementos arquitectónicos son de vital importancia. La vivencia de la pareja no es independiente de Salamanca, forma parte de la ciudad, está integrada en ella.
Al menos yo lo he visto así.
Le aconsejo que siga leyendo más y a más autores para que esa forma se vaya influenciando y enriqueciendo puesto que tiene talento pero aún le quedan muchas batallas por librar si quiere dedicarse a escribir relatos.
Espero Ciriaco (¿te puedo tutear?) que te tomes esto como una critica constructiva. No un ataque si no una forma de animarte a seguir escribiendo historias cortas o largas pero esforzándote mas que yo creo que puedes hacerlo mas y mejor.
Espero verle dentro de unos años pronunciando el discurso de agradecimiento em el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, tras haber sido galardonado por el Premio Miguel de Cervantes.
La insigne Universidad de Salamanca alberga el Banco Nacional de ADN, en el que recientemente se ha abierto un espacio dedicado a muestras de ADN de pacientes enfermos de Fibromialgia y/o Fatiga Crónica, lo que sin duda será un gran adelanto en el estudio y avance terapéutico de estas dos patologías.
Ciriaco puede ser duro e intransigente, puede ser sensible y emotivo, puede ser amigo y también enemigo. Puede ser un fiel cronista y puede ser un imaginativo poeta. Puede ser un niño bien, repeinado con su raya al lado izquierdo y puede ser un hombre justo y cabal y hecho y derecho. Ciriaco es sólo Ciriaco.
Sencillamente, un texto para enmarcar. Mi sincera felicitación.
Increíblemente romántico.
Como dijo el inmortal Rafael Farina:
¡Salamanca, tierra mía/ de arte y sabíduría/ de belleza sin igual/ tú serás la primera/ en la Fiesta Nacional".
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Ciriaco de Málaga
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