La victoria de las palabras huecas
19.10.07 @ 13:19:35. Archivado en Política, Educación

Hace un año aproximadamente empecé el Curso de Adaptación Pedagógica. Acompañado y animado por el inefable dueño del Balcón, continuábamos martes y jueves, con cristiana resignación, unas letales sesiones de palabras huecas, vana intención de acoplar al cerebro de licenciados en diversas materias (Geografía, Historia, Lengua española, Bellas Artes, Música, Humanidades, Historia del Arte) una serie de conceptos pedagógicos, psicológicos y políticos.
Sí, he dicho bien: políticos. Constante adoctrinamiento, hacia un lado, por supuesto. Democracia a saco, Constitución por todas partes, respeto a la diversidad, a las distintas tendencias sexuales (todas aceptables), y a las confesiones religiosas, respeten o no a la mujer. Concluimos con la elaboración de unidades didácticas con mucha imagen y poco texto, poca disciplina y mucha participación del alumno en la toma de decisiones. Desde el Consejo Escolar hasta los deberes para mañana. Que nada puede imponerse. El maestro no es maestro sino acompañante y animador, y que el aprendiz vale tanto como el profesor.
Qué recuerdos, amigo, de aquellas tardes en las que abortamos siestas para recibir un amarillo y andrajoso título. Porque lo que se dice aprender, aprendimos poco. No podré nunca olvidar aquel momento en que el bueno de Don Félix y yo salíamos del aula y él me comentaba con gran pesar y hasta remordimiento:
-Me siento mal, es que no atendemos casi nada en clase, ¿eh?.
-¡Pues vete a confesar! -espeté sin dudarlo una centésima de segundo. No es falta de respeto hacia el sacramento, pero a mí no prestar atención ante semejante palabrería hueca no me causaba ningún pesar. Creo que, al contrario, hasta era beneficioso para el espíritu no hacerlo.
Pero vamos a ver. Es que es de sentido común. Si te viene un alumno con sordera, pues llamas al orientador del centro y le pides consejo. Luego, le apartas en un sitio especial y le dedicas el tiempo que haga falta. Si es ciego, lo mismo. Y si es musulmán, le enseñas que estamos en un país eminentemente católico y que aquí se respeta a la mujer y la libertad de expresión. Y santas pascuas. Gran pérdida de tiempo esto del C.A.P. Pero imprescindible para poder ser profesor el día que Dios y los hombres quieran.
Y para colmo, el último día nos llevaron de excursión, como si fuéramos críos. Sólo nos faltaba ir agarrados de la mano con el babero colgando del cuello. De paseo por la ciudad, ahí queda eso. Al llegar al Hospitalillo donde estuvo San Ignacio de Loyola, la profesora, relativista e incrédula hasta el tuétano, afirmó textualmente que "bueno, aquí se dice, cuenta la leyenda, que estuvo Ignacio de Loyola, pero... ¡a saber si es verdad!".
Yo, ante tamaña barbaridad, me ofusqué. Don Félix es testigo de ello. Pero ¿cómo pueden ser tan malos? Si lo dice la placa será verdad. Y además hay documentos que así lo atestiguan. Ignorante, ¿a qué tiene que ir sembrando la duda gratuitamente? Porque San Ignacio estuvo allí. Sin duda, pies impíos y descreídos mancharon aquel lugar bendecido por el gran fundador de la Compañía de Jesús. Vaya mujer, a saber qué les dirá a sus alumnos. Que Nuestro Señor Jesucristo no existió y que lo de San Pedro y las Llaves es un cuento chino. Mejor no imaginármelo.
En fin, no quería extenderme mucho, y ya lo he hecho. Para rematar todo este tinglado pseudo-progre, todo nos lo barnizaban con alabanzas constantes a la LOE (Ley Orgánica de Educación) aprobada por el actual gobierno socialista, y ante la que me manifesté enérgicamente en noviembre de 2005. Sin ningún éxito, porque la cosa siguió adelante y nos la hemos tragado con aceite de ricino.
Otro día les contaré las aventuras y desventuras que nos ocurren en la academia a la que nos hemos apuntado, como sendos Quijote y Sancho, para luchar contra los molinos de la adversidad y del progresismo educativo. Porque aunque a algunos les fastidie, nosotros también terminaremos moldeando conciencias.
Comentarios:
Espero, y deseo, no verle dando clase en ningún instituto público aguantando gentuza y sí en algún medio de comunicación relevante, como la Cadena COPE o los diarios "" El Mundo"" o "" La Razón""
Un saludo cordial
Si alguien aún piensa que el CAP es algo así como el "Manual del buen profesor"... le animaría a que echara un vistazo a los tres libracos de los que me tuve que examinar, que, dicho sea de paso... hasta ortográfica y gramaticalmente estaban mal escritos.
El CAP es un señor coñazo, lleno de cursilerías y transigencia para buenos y malos. Una de las profesoras es para echar de comer aparte y todo con un tufillo de "el alumno es un incomprendido que pasa por una etapa muy difícil" que me dan ganas de echarme a reír. Como si yo no hubiese tenido quince años y no por eso me choteaba de los profesores o pasaba de estudiar.
Todo para saber los órganos que componen la comunidad educativa y cómo de hace una unidad didáctica y una programación. 180 euros pagados por algo que me podrían haber enseñado mis hermanas que son profesoras.
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Ciriaco de Málaga
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