Dos niños... que lo dieron todo
06.08.07 @ 12:45:00. Archivado en Historia, Religión

“Os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio”.
Estas proféticas palabras del Señor, recogidas por el evangelista Lucas, nos acercan hoy, 6 de agosto, a un acontecimiento señalado por el santoral católico, y muy especialmente querido en la diócesis de Alcalá de Henares.
En este día se celebra la festividad de los Santos Niños, ejecutados a comienzos del siglo IV. Las persecuciones impulsadas por Diocleciano provocaron un enorme reguero de mártires en todos los rincones del Imperio Romano.
Cuenta la tradición que nuestros jovencísimos mártires se llamaban Justo y Pastor. Eran dos niños de seis y nueve años de edad que, tras conocer el edicto imperial que prohibía la fe cristiana, se negaron a obedecerlo. Quisieron dar así testimonio de fidelidad al Evangelio.
San Isidoro de Sevilla recrea así las palabras que Justo pudo pronunciar para consolar a su hermano menor: “No temas, Pastor, hermano mío, la muerte del cuerpo que nos acecha, ni los tormentos que nos aguardan, muy superiores a nuestra corta edad; acepta el suplicio lleno de confianza. Porque el mismo Dios que se ha dignado llamarnos a tal gracia, nos dará también fuerzas iguales a los tormentos”. Fueron ejecutados, en las afueras de la ciudad, que entonces recibía el nombre latino de Complutum.

Sobre aquel lugar, conocido desde entonces como Campo Laudable, se levantó una pequeña ermita y, andando el tiempo, la Colegiata y hoy Catedral Magistral.
El culto a los infantes se difundió pronto. De hecho, la primera referencia se encuentra en San Paulino de Nola (355-431), un galorromano que quiso enterrar a su hijo junto a los mártires, "para que la sangre de los santos le protegiera".
Los restos mortales de Justo y Pastor se conservan en una preciosa urna de plata de principios del siglo XVIII, en la cripta que se sitúa dentro de la girola del templo catedralicio. Enfrente, encontramos la piedra donde fueron degollados. Cuenta la leyenda que sus tiernas cabezas, al caer sobre la roca, dejaron una profunda huella que todavía puede apreciarse.
La inocencia y fortaleza de sus creencias siguen siendo estímulo para los cristianos del siglo XXI.
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Ciriaco de Málaga
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