Era temprano. Corría el relente de la mañana. Mis sudores iban en aumento. ¡Ring, ring, ring! Maldito despertador. Hay que ir a clase. En fin, me visto, desayuno y para allá. Saludo a mi madre. Al suplicio. Hazme un favor, ¿puedes comprarme unas cosas? Las necesito urgentemente. Llévamelas al instituto. Que sí, que me hacen mucha falta... Jo, ¡qué mal, siempre dejándolo todo para última hora!
Pedro vuelve a Nazaret. Sobre las aguas que le vieron bautizarse, en el sepulcro donde fue depositado.
En las arboledas que contempló y en los desiertos que habitó. Montañas que le escucharon, rocas que le vieron caminar. Pastores, labradores, artesanos. Fariseos.
Piedra y silencio. Noche y tinieblas. Oscuridad. Se acaba el día. Y algo más que el día. Pero no. No del todo. Misterio. Algo brilla. En nuestro interior, esperanza. Silencio. Espera.
Habitaba las cumbres nevadas y los desiertos lejanos. Le temían. Nadie le conocía. Ni siquiera se atrevían a nombrarle. Pero Él quiso hacerse hombre. Y se hizo. Verdadero Dios y Verdadero Hombre. Quedándose, para siempre, entre nosotros. Como Cuerpo y Sangre. Pan y Vino. Dios. Jesucristo. Sacramento.
Veneremos, pues, inclinados
tan grande Sacramento.
La antigua figura
ceda el puesto al nuevo rito
la fe supla
la incapacidad de los sentidos.
Al Padre y al Hijo
sean dadas alabanzas y júbilo.
Salud, honor,
poder y bendición
al que de uno y de otro procede
una gloria igual sea dada.
Llegó firme y sonriente; fue avanzando la tarde, reptando, cada vez más triste e implorante. Levantaba la mirada hacia el cielo, como si el cielo pudiera consolarla. Pero el cielo, del que su Gobierno reniega, no pudo sostenerla.
Política por los cuatro costados, supo eludir las cuestiones más complejas: el aborto y la eutanasia, y, con gran habilidad, siempre llevaba el discurso a su terreno. Ropa elegante, como ella lo es.
Siempre he sido consciente de la suerte que he tenido al nacer en una familia cristiana, en la que he aprendido el valor de la vida humana, y lo necesario que es su defensa desde el primer instante en que ésta ha comenzado. Por eso sé que sólo Dios es dueño de nuestra vida, y sólo a Él corresponde decidir cuándo empieza y cuándo termina.
El Frívolo es una persona dicharachera, pacífica, sobrada de “talante” como su amigo ZP y que, de vez en cuando, le da por mear fuera del tiesto. Recuerdo aquel día en que le dio por ponerse, en uno de los programas que presenta, unos zapatos de mujer, cuando él es hombre.
El Frívolo contó a los medios de comunicación que la cadena de Fuencarral, propiedad del “Cavaliere” (representado aquí en la figura de Paolo Vasile) le explota a base de bien.
Ha llegado la primavera. ¿Acaso no lo notas? Huelen las calles a explosión de gramíneas, rico caudal de volátiles semillas. Respiras el aire del campo y es distinto. La vida se aproxima, vuelan los pájaros, las mariposas, los halcones y las garzas. El sol manifiesta su mayestática grandeza, derrotando a las gélidas bocanadas del último y agonizante resquicio invernal. Refulgentes rayos, venced. Y yo os canto con la poesía hecha sonido y las imágenes.
De entre todos los presidentes demócratas con los que compararle, probablemente con el que menos semejanzas tiene Barack Obama es con Bill Clinton (1993-2001), a pesar de haber nombrado a su mujer, Hillary, al frente del Departamento de Estado. No es este el lugar para extendernos sobre ello, pero lo cierto es que las personas a las que nombra el presidente para su Gabinete no son necesariamente las de su más estricta confianza, sino aquellas de experiencia y prestigio reconocidos que el Senado aceptará confirmar (VIRGALA, 1994).