Es ecuatoriana y se llama María. Hace tres años que llegó a España y en su pueblo de Quito dejó a dos hijos pequeños con la abuela materna. Hace tres años que no los ve. Hace tres años que trabaja a destajo en Valencia: ahorra, envía dinero, ahorra, envía dinero, ahorra, envía dinero. Esta es su vida. Hace unos meses la llamaron de un programa de televisión y le propusieron un trato. Ellos traían a su familia gratis, después de agilizar los trámites para que sus dos niños se quedaran en España y a cambio ella acudía al plató, contaba su triste historia, salpicada de turbias relaciones sexual-familiares, y se dejaba grabar en directo en el momento clave del reencuentro con sus niños. No antes. Y esto es importante. Sus niños llegan a Madrid y hacen noche en la capital pero ella sólo podrá verlos en el momento del programa, justo el día después, aunque esa noche ella también estará en Madrid. Esa no es la única condición. Además ha de fingir sorpresa cuando la presentadora anuncie que van a entrar en el plató sus pequeños y su madre. Yo, que conozco a María, la animé a aceptar la oferta, aunque deteste el uso de asuntos del alma. Ella dijo que sí a todo. Habría aceptado cualquier cosa. Y esperó. Hace unas semanas, una productora del programa la llamó y le dijo que como el espacio se había cancelado por baja audiencia, todo lo que estaba en preparación quedaba suspendido y todas las gestiones anuladas. Y yo ahora no sé qué decirle.
Mariola Cubells ADN

Foto: Siro López