14.10.09 @ 23:21:09. Archivado en Amor, Iglesia

Existen unos portales en Internet que se disputan la “ortodoxia” y pujan por el integrismo más radical del momento. Alguien habla de “cavernas”.
La pena es que detrás de la pluma –porque se les ve el plumero- o de las teclas, están quiénes se llaman católicos, y en sus juicios, afirmaciones y calificativos brilla por su ausencia el respeto, en su lugar hay coacción, despotismo y el más rancio machismo ancestral que les lleva a descalificar de forma inmisericorde a quien no piensa como ellos… y si son mujeres, ¡mucho más! Como decía un amigo, esos son del gremio del
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30.09.09 @ 23:21:29. Archivado en Respeto, Amor
Hace unas semanas los medios de comunicación se hicieron eco de las mujeres dedicadas a la prostitución que expulsaron de las Ramblas de Barcelona. Un hecho que no resuelve nada, pero que podemos estar seguros será trasladado a otro sitio. Ya se encargaran las mafias de que este chorro suculento de dinero no se les corte.
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15.09.09 @ 18:08:07. Archivado en Fe, Festejar, Amor
Hace más de un año año, presentaba en Desclee el libro “Celebramos la vida”, que era el resultado de unos ejercicios que había compartido con unas hermanas dominicas.
En mi reciente y corta visita a Argentina, me regalaron un Cd de Axel que tiene una canción que precisamente habla de , y que con un lenguaje universal convoca a todos a lo mismo a lo que que convocaba en las páginas de mi libro. Él, habla directamente de valores humanos, sencillos, de actitudes y gestos que a todos humanizan y que todos pueden vivir; yo desde el Evangelio que es también una oferta humanizadora para todos, hago la misma propuesta paryiendo del presupuesto de la fe. Ambos llegamos a la misma conclusión: la necesidad de hacer de la vida una “celebración”. Tenemos todo lo que necesitamos para ello... y no podemos vivir "sin celebrar"
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25.06.09 @ 22:58:55. Archivado en Solidaridad, Amor
Estas son unas de las palabras que dijo hoy en una charla un buen jesuita. Y lo dijo hablando de unos inmigrantes que frecuentan una parroquia en la que colaboran los jesuitas.
Dos jóvenes africanos, que trabajan en la construcción, se presentaron en la Parroquia hace unas semanas con un carro de comida para contribuir al pequeño banco de alimentos de la Parroquia desde la que ayudan a los que se lo están pasando mal.
Este gesto se repitió en tres oportunidades, hasta que la semana pasada, uno de los curas les preguntó, -sabiendo que viven ambos tienen familia en sus países y que ambos piensan casarse a corto plazo- cómo hacían esto. Ellos, con la sencillez de quien sabe vivir de verdad, le respondieron: “Nosotros organizamos nuestra economía de la siguiente forma. Lo que cobramos lo dividimos en tres, una parte para poder vivir nosotros, otra para enviar a la familia, y la otra parte para ayudar a los que se lo pasan mal aquí. Tenemos que contribuir a este país que nos acoge”.
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Detesto a los profetas de calamidades, y hasta ahora me rebelaba porque los que más hablaban de la crisis, eran los que no la padecían. Hoy nadie la puede negar, y sin duda es el tema que más preocupa y ocupa.
Qué duda cabe que el gobierno es consciente del compromiso de Caritas y de tantas instituciones religiosas –de varias religiones, ¡también de la Católica!- con los más pobres, y que en realidad son las que están socorriendo a los más pobres y necesitados.
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Hace diez días, en Tucumán, Argentina, moría la Hna Pilar Bargiela.
Hace unos meses pedía ayuda para una operación que debían practicarle en la vista, pero no se pudo hacer nada: un tumor acabó con su vida.
Pertenecía a la congregación de las Hermanas Mínimas de Nuestra Señora del Sufragio, y su obra era ni más ni menos que el servicio, ¡a fondo perdido! a los pobres, a los que amaba con pasión de madre.
Según reza el carisma de su congregación, se proponen seguir a Cristo que “se despojó de todo, asumiendo la condición de servidor y llegando a ser semejante a los hombres”, y sin duda esa fue la vida de la hermana Pilar: se dio del todo, y se hizo una con los más pequeños, marginados y humillados de la Villa en la que gastó y desgastó su vida.
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19.10.08 @ 22:46:15. Archivado en Amor, Confianza
Esta tarde, leyendo en una carta de mi compatriota, Adolfo Pérez Esquivel, a la Presidenta de argentina, cita a Paulo Freire, en una frase que me parece genial, y que da mucho qué pensar. Decía él: “Lo contrario del amor no es el odio. Lo contrario del amor es el miedo a amar”.
Pocas veces ese sentimiento dañino llamado odio, visita el corazón del común de los mortales –al menos eso es lo que creo-, pero el miedo a amar, ¡eso si que es una desgracia! Deja una vida infecunda y privada de su realización.
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Hace menos de un mes recibimos en el monasterio una visita imprevista, y la verdad que muy desagradable: Los ladrones. Fue en la madrugada del día 23 de septiembre, y hasta el día de hoy, puedo asegurar, que estoy impresionada, y sentimientos de inseguridad, vulnerabilidad, impotencia, etc. Supongo que con el tiempo se pasará. Pero confieso que varias veces me despierto sintiendo los ruidos de aquella noche, pero no tengo la decisión y serenidad que tuve en aquel momento para llamar a los Mossos de Escuadra y pedir auxilio. Dicho sea de paso, desde que los llamé, hasta que llegaron al Convento, pasaron escasos cinco minutos.
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Ayer escribía sobre “uno de tantos”, “un limpio de corazón”, que después de haber vivido sembrando la paz con sencillez, se nos fue al cielo dejando una profunda experiencia de gozo, alegría y paz en quienes le conocimos.
Y mientras saboreaba la experiencia de un funeral que sabía a pascua, llega a mi bandeja de entrada una larga carta de alguien que, seguramente está resentida con la vida, y por eso se toma la libertad –o el atropello- de hacer una lectura fulminante, inmisericorde y subjetiva de quien o quienes vivimos la fe y la vocación contemplativa con gozo, con espíritu universal, incluyente y festivo; con quienes no marginamos a los “otros” a los que son diferentes o tienen otras creencias. Una carta en la que más que una corrección fraterna se evidenciaba un ataque fraticida, ¡eso sí, en defensa de unos conceptos intocables y de una manipulación extrema del evangelio leído al pie de la letra, ¡mántandole su espíritu!
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16.08.08 @ 23:14:45. Archivado en Fe, Festejar, Amor
Ayer a la madrugada Francesc Ribalta, dominico seglar de Manresa, un joven de 93 años, resucitó con Cristo después de haber “combatido bien el combate” y de “haber mantenido la fe”.
Le conocí hace 14 años, a mi llegada a Manresa. Era un hombre que llevaba la fiesta en el corazón, y por eso siempre a su alrededor todos estaban contentos, ¡y siempre le rodeaba mucha gente!
Nos hicimos muy amigos, tanto que él decía que yo era su madre, y él, sin duda era un buen hermano. Hace un mes le diagnosticaron un cáncer, y le enviaron a casa. Muchas fueron nuestras conversaciones y confidencias, y su marcha, aunque dejó un gran vacío, dejó en todos mucha paz.
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04.05.08 @ 22:53:09. Archivado en Solidaridad, Amor
Entre que soy pata dura y entre que no miro la TV casi nunca, la verdad es que de muchas cosas no me entero. Como por ejemplo del programa de televisión española TVE, “Mira quien baila”… Me gusta ver bailar, pero ni lo intento… ¡Cada uno conoce sus límites, y yo a los míos los tengo muy claros!
Lo que sí sé es que conozco a Joana Subirana, porque es de Manresa, y porque hemos coincidido por cuestiones de trabajo y cercanía. Desconocía que era “una estrella”, aunque si sabía de su talento en el baile. De un tiempo a esta parte –más de un año- la vi en periódicos, oía hablar de ella, pero reconozco que no sabía bien de qué iba
Hace una semana tuve una grata sorpresa. Pilar, la enfermera del Centro de día de Salud mental –amiga querida de la Fe Bahai- me pidió una sala para un acto que harían los usuarios del Centro de día para sus padres. Llegado el día, unas horas antes vinieron a ensayar. Y venían con Joana Subirana, que desde hace unos meses dedica parte de su tiempo a enseñar a bailar a los chicos.
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Ser miembro de una familia numerosa, y que entre cada uno de los hermanos haya uno o dos años de diferencia, hizo que fácilmente en la infancia nos lo pasáramos francamente muy bien. No sé si en el recreo del colegio me divertí tanto como con mis hermanos y primos. Ser muchos niños daba a cada día, pero particularmente a las fiestas un ritmo, una marcha y una dinámica que difícilmente se olvidan.
No sé si son los cuarenta y un años, y que me voy “haciendo vieja”, o las fechas, pero vienen a mi memoria muchos recuerdos familiares que me llenan de agradecimiento y me renuevan en la fe que recibí y que libremente asumo con gozo cada día.
Recuerdo la noche de Navidad en la que pedíamos al Niño Jesús lo que deseábamos, y la del cinco de enero en la que los Reyes nos traían golosinas. Siempre supimos que uno y otros eran nuestros padres. Mi madre era de la idea que debía educarnos en la verdad, y que ni siquiera en eso nos diría una “mentira”. Esto no quitaba magia ni ilusión a nuestros sueños y deseos, y debo confesar que a pesar de nuestros esfuerzos, nunca lográbamos pescarlos en el momento de poner los regalos en el árbol de Navidad o las golosinas junto a los zapatos.
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