En el aeropuerto de Barcelona mientras esperaba mi vuelo para León, a donde me dirigía para dar un curso, pregunté a un niño, que me dijo que se llamaba Rodrigo y que tenía cinco años: “-¿Ya escribiste tu carta a los Reyes?
“- Si –me dijo- pero, ¿tú sabes cómo escriben la carta los niños que aún no sabemos escribir bien?”
“- No –le respondí- ¿cómo la escriben?” Inmediatamente y con decisión y mucha expresividad me explicó: “- Mi abuelita me dijo que los niños pequeños escribimos la carta con el corazón. Mira, se cierran los ojos bien fuerte -así- y entonces piensas mucho, mucho, mucho en los Reyes Magos y en Jesús, y los ves muy adentro. Después les dices muchas veces que vengan, que vengan, que los esperas…. Después te callas un rato y después dices ¡Amén!
De pequeños el ritual de la misa dominical en familia era infaltable. Y además, era un momento esperado. Recuerdo que hacíamos fila en la sala de estar para pasar para que nuestros padres, uno a uno, nos ayudaran a hacer el examen de conciencia cuando había que confesarse.
Uno de los días en los que durante la misa era fijo que teníamos risas de complicidad, era cuando tocaba la lectura a los Colosenses 3,12-21, que nos ofrece la liturgia en este domingo de la Sagrada Familia.
Elegíamos el sitio y casi nos pelábamos por estar al lado de nuestros padres: Cuando decía: “Mujeres, someteos a vuestros maridos, como conviene en el Señor.”… los codazos y risas iban a mi madre que reía, o a mi padre que le hacía gestos como diciéndole: “¡Escucha bien!
Llegado el turno del “ -Maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo ama a la Iglesia, y no seáis ásperos con ellas”, Se repetía idéntico gesto, y en este caso era mi madre la que miraba a mi padre. Además nos reíamos mucho porque mi padre era de aquellos que, siendo muy afectivo, era muy poco demostrativo de sus sentimientos.
Pero cuando llegaba el mensaje a los hijos, nos escabullíamos cómo podíamos: “ Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor”. Ahí se repartían miradas a cada uno de los siete hermanos, y cada uno miraba para otro lado como si no fuera con uno.
Llegada la exhortación a los padres, en alguna ocasión, incluso, se suscitó un aplauso de todos los hermanos que estábamos muy metidos en la escena: “ Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.” Y tan a fuego nos quedaba guardado lo que “obligaba a nuestros padres” a “no exasperarnos”, que cada vez que nos mandaban algo que no nos gustaba, o cuando nos recriminaban por algo, no faltaba la sentencia infaltable en nuestros labios en la que apelábamos a la autoridad del apóstol Pablo: “Padres, no exasperéis a vuestros hijos,…”
La iglesia celebra hoy el día de la Sagrada Familia; la familia de José, Maria y Jesús. Una familia que se ha convertido en un modelo para los creyentes, y que a pesar de los cambios y la desestructuración que hoy sufre nuestra sociedad, debido a la ruptura de tantos matrimonios y parejas, no deja de ser un referente para los hombres, mujeres y niños que anhelan vivir en armonía y en paz en el seno de una familia, en la que el calor del amor les haga encontrarse bien, sentirse amados y con deseo de contagiar esta alegría a todo el mundo.
El Evangelio nos presenta a esta Familia que va al templo a presentar a a su hijo, Jesús, para ofrecerlo a Dios, y al anciano Simeón que les dice que este niño será un signo de contradicción, que la gente no quedará indiferente ante sus palabras y ante su mensaje: Uno los seguirán, otros lo perseguirán hasta querer matarlo. Y además le dice a Maria que una espada atravesaría su corazón. Que no lo tendría fácil. Y el evangelista añade que “Maria guardaba todo en su corazón.
Esta tarde estuve con un obispo amigo y comentamos las dificultades que a veces debemos afrontar y que son fruto de nuestro compromiso con el Evangelio. Surgió el tema de un sacerdote amigo de él al que acaban de suspender en el ejercicio de su ministerio, y me dijo: “¡Voy a llamarle!”.
Me llamó profundamente la atención la conversación que tuvieron telefónicamente en mi presencia en la que el obispo le decía: “-¡Ánimo, estás en el buen camino! Esta navidad te parecerás un poco más a Jesús. Para él no había sitio en la posada, y parece que para ti no hay sitio en tu diócesis. No han comprendido tu misión, pero ánimos, nadie te puede impedir celebrar y vivir tu fe. El frío de la nochebuena es duro de pasar, pero fue el comienzo de nuestra salvación. No te desanimes, y oremos juntos por aquellos, que con buena fe, no comprenden tu compromiso o ven las cosas de otra forma, y por eso te dicen que no hay sitio para ti. En el establo, nació nuestra salvación, no lo olvidemos. En tu corazón, algo nuevo nacerá, y seguro que con mucho amor”
El Evangelio de Lucas nos relata una pregunta que lanza Jesús a sus oyentes: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”.
Me pregunto, en el marco de la preparación inminente de la Navidad: Jesús, ¿encontrará fe en la tierra?¿la encontrará en los cristianos? ¿encontrará dónde reclinar la cabeza?
Lo cierto es que sea cual sea la respuesta que demos cada uno a esta pregunta, Él no deja de venir, de llamar a nuestra puerta, de pedir si hay lugar para Él en la posada de nuestro corazón. Él vino, viene y vendrá, pero, ¿nos encontrará preparados?
Desearía que ya que viene, nos encuentre a los cristianos unidos en el amor, porque ésto es lo único que realmente le importa.
“Esta sentencia estaba siempre en los labios de una persona a la que todos tenían por muy sabia, y a la que habían rodeado de un halo de veneración: Nadie podía contradecirle en nada, y todo lo que decía debía aplaudirse, porque caerle en desgracia significaba firmarse la sentencia. Contrariamente, adularla, daba licencia para todo, en el reinado de los secuaces de “esta persona, presumiblemente sabia”. Pretendía que todos confiaran en ella, pero ella, no confiaba en nadie.
El problema es que “se lo creía”, tanto, que cuando perdió “el poder” se dio cuenta que perdió los aduladores y que estaba sola. Había vivido desconfiando de los otros, y había fundado su vida en la “sospecha”, lo que le acarreó una soledad tremenda, y una amargura que intentaba disimular con frases hechas, que antes encontraban eco, y ahora, en su vejez, inspiraban lástima.
Tiene siete años, es musulmán y cada semana pasa por el convento a saludarme: “- ¿Está la Lucía?”, es su pregunta fija.
En una ocasión me pidió que rezara por su abuelo que había muerto en Marruecos, y en otra, cuando llamó a la hora de vísperas, le dije que no era hora, que estábamos en la capilla orando. “- Ah, -me dijo- estáis en vuestra mezquita.”
Hace ahora un año ocurrió que además de saludarme me dijo que teníamos que hablar. Por el tono serio de su demanda, lo hice pasar, le serví una taza de chocolate y me dispuse a escucharlo.
Con voz solemne me dijo: “- ¿Qué es ser cristiano?” Antes de darme tiempo a responder a tan inesperada pregunta, me soltó otra: “- ¿Qué debo hacer para ser cristiano? Porque este año, si yo soy cristiano, tendré regalos para navidad.”
Volver a la vida cotidiana, ha sido todo un reto, y aunque todo está yendo más rápido de lo que se esperaban, reconozco que aun estoy espesa para escribir con fluidez, y más para hacerlo de manera sistemática. Dicen que es normal y que aun tardaré para estar al 100%. Esta es la razón de mis silencios en el blog, que no son un olvido, sino limitación personal.
Sin duda la enfermedad es una escuela, y además un buen colirio, porque a partir de ella uno ve y comprende muchas cosas que hasta la fecha ignoraba, o simplemente no era capaz de ver: los achaques de los mayores, las quejas y lamentos de los que tienen dolor, la falta de reflejo de unos, la dificultad de otros, etc. En definitiva, uno se hace cargo de lo que puede llegar a pesar la cruz ajena, viendo cómo pesa la propia.
Lo que es más importante, de este periodo en el que voy “en cámara lenta”, es que creo que estoy aprendiendo a no vivir contra-reloj, a reconocer los límites, y sobretodo a observar y descubrir lo que hasta ahora no tenía tiempo, o simplemente no había descubierto por ir corriendo por la vida.
Hoy veo que toca “vivir”, y olvidarse de ello es arriesgarse a pasar por la vida sin haber gustado de tantos secretos que se revelan a los que están dispuestos a observar y a vivir “el instante” presente, sin más pretensión que “estar”, disfrutar y celebrar todo lo que se nos da gratuitamente.
Desde esta perspectiva creo que vale decir: “¡A vivir que son dos días!”. Pero a VIVIR, no de cualquier manera.
Una vez más un chaval americano siembra el caos y el temor en una gran superficie. Esta vez en Nebraska.
Una vez más ETA mata irracionalmente y la impotencia y la rabia se apodera de todos que nos preguntamos ¿hasta cuándo? Esta vez ocurrió en Francia.
Una vez más una inmigrante se quema a lo bonzo para llamar la atención de las autoridades, y un escalofrío se apodera de todos los que la ven o conocemos la noticia. Esta vez ocurrió en Roma.
Una vez más mueren en accidente de carretera,-parece ser que por exceso de velocidad- tres personas y otras trece quedan heridas. Aún se estudian las causas y se espera la recuperación de los heridos. Esta vez ocurrió en Lérida.
Una vez más…. las historias se repiten cada día inexorablemente y los humanos continuamos tropezando con la misma piedra, sin que nada cambie… sin que nada aparentemente nos cambie la vida.
Me dicen que ayer en Barcelona casi todos los comercios estaban abriertos, y que hoy pasará tres cuartos de lo mismo, y mañana domingo, y todos los días hasta que llegue la navidad o hasta que pasen los reyes.
Lo cierto es que no podemos decir que “la navidad” deje indiferente a nuestra sociedad “secularizada”, “laica” o “plural”, porque por unos motivos, o por otros, es el tiempo en el que todos abocan el saco: unos para gastar dinero, otros para recogerlo y otros para aprovecharse de lo que estas fiestas tienen de nostalgia, de sentido o de espacio de intimidad familiar.
Todavía somos muchos los que nos preparamos para vivir la navidad, desde lo que ella es y significa: Que Dios nos visita, que se hace “uno de los nuestros” y que quiere poner su tienda entre nosotros; y eso cada año nos ayuda, a renovar nuestro deseo de hacer todo lo posible para que los hombres y mujeres trabajemos para que este mundo sea cada vez más humano….¡Es eso lo que celebramos en la navidad!, QUE DIOS SE HUMANIZA y nos invita a hacer lo mismo.
Eta ha vuelto a matar, y esto significa que la sinrazón de la violencia comienza a tomar las calles de la paz para amenazarla y sembrar el caos y el terror; para hacer oír, junto al ruido de las pistolas, la irracionalidad de los que no quieren dialogar porque sólo quieren que se escuche su voz y sus derechos, ¡aun a costa del bien común!
Estos asesinatos y la violencia callejera que le acompaña casi cotidianamente, hace daño al País Vasco, y a sus habitantes, que en su inmensa mayoría rechazan éstos métodos y se sienten atenazados por el miedo y la impotencia de sus mismos conciudadanos.NOS HACE DAÑO A TODOS
Don Miguel de Unamuno, que vivió en una época también llena de conflictos, aconsejaba a los estudiantes a que lucharan "contra la razón de la fuerza con la fuerza de la razón". Y yo me pregunto:¿quién hará entrar en razones a los que viven ciegos en la sin-razón? ¿qué fuerza puede parar estas máquinas de matar, y hacer que al menos por un momento se den cuenta de lo que están haciendo, y sobretodo del poder destructor de sus actos?
La irracionalidad ha abierto heridas, y pone de nuevo en pie a la sociedad de los demócratas para decir: Basta de violencia, basta de muertes inocentes, ¡queremos la paz y no la violencia!
No es así como ETA y sus aliados conseguirán sus objetivos, que ante hechos como éstos quedan radicalmente oscurecidos e ilegitimizados.
Por la paz de todos, por el bienestar y la convivencia, por el `progreso y la fraternidad: ¡BASTA YA DE ETA! ¡BASTA YA DE VIOLENCIA IRRACIONAL!¡QUEREMOS QUE NOS DEJEN VIVIR EN PAZ!
Cuando leí la noticia de las clínicas de Barcelona en las que se practicaban abortos, se me disparó la alarma. Al ver que se hablaba y publicaba tanto, fui siguiendo la noticia, y sin duda llegué a la conclusión que estábamos ante un episodio reiterado de asesinato a mano armada de niños indefensos.
Al ver en el reportaje de la televisión danesa al asesino, llamado Dr. Morín, pensé: “-este es un monstruo, un inescrupuloso, en el pleno sentido de la palabra”. En el mismo, él afirma “yo tengo mi moral”, cuando en realidad es un sinvergüenza y un cobarde, un inmoral, que ha suscitado, con razón, la ira y el rechazo de muchísimos ciudadanos, hombres y mujeres de diferentes ideologías y credos.
El Evangelio de Lucas ¬ -14,1.7.11- nos cuenta que en una ocasión Jesús fue a comer a casa de unos notables y que observó cómo los invitados trataban de ocupar puestos de honor. Fue entonces cuando les dijo: “- Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no escojas el mejor lugar. Puede ser que haya sido invitado otro más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga y te diga: Deja tu lugar a esta persona. Y con gran vergüenza tendrás que ir a ocupar el último lugar. Por el contrario, cuando te inviten, ponte en el último lugar y así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, ven más arriba. Esto será un gran honor para ti ante los demás invitados. Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado”.
Sin duda al último lugar, no hay peligro de perderlo, porque “los grandes” de este mundo se dan codazos, como los fariseos, para ocupar los primeros puestos y ser saludados y reconocidos.
Me explicaba el hermano Pascual Piles, provincial de los hermanos de San Juan de Dios, que al concluir como General de la Orden estuvo seis meses en el Hospital infantil de Barcelona, en contacto directo con la unidad de oncología, y que esto, después de tantos años de gobierno, fue para él un regalo.
Explicaba que, lógicamente a todos nos gusta dar buenas noticias, y si son malas, huimos o no nos queremos enfrentar para darlas. Mucho más si a quiénes hay que dar estas noticias son los padres de unos niños que están gravemente enfermos, y que lo único que ellos quieren es que sus hijos vivan, y que les digan que se curarán.
Estar en el día a día, acompañándoles, sobretodo cuando humanamente no había esperanzas de curación, intentando ayudar a aceptar la realidad con serenidad, le llevó a oír de algún padre: “-Suerte tenemos de que los hermanos estéis cerca en estos momentos, y que nos digáis algo, que nos acompañéis”.
Esto no hace ruido, no sale publicado en los grandes medios de comunicación, ni se cotiza en la bolsa, pero sin duda es un gesto humanizador cercano, que estoy convencida es el que ha de encarnar hoy, con humildad, la vida religiosa y lo que le da credibilidad.
Son los gestos que se repiten silenciosamente cada día en las personas de la hermana Genoveva que acoge y escucha a los presos, drogadictos y pobres de Barcelona; o en Fray Pedro Meca O.P que comparte sus horas con los sin techos en las calles de Paris, a los que les da la oportunidad de ser escuchados y acompañados; o los del Padre Patera y las Carmelitas Vedrunas que socorren a los inmigrantes que llegan a nuestras costas, dándoles cobijo y trabajando para que sean respetados en su dignidad. La lista es interminable, si pasamos por el albergue de San Juan de Dios de Barcelona, Valencia o Murcia, o por el Hogar San Martín de Porres de los dominicos de Madrid, o por los Cotolengos, residencias de ancianos, de enfermos mentales y hogares de niños, donde cada día, miles de religiosos y religiosas, anuncian en el servicio callado, que el reinado de Jesús es el que se hace servicio.
El evangelio de hoy nos recuerda que cuando crucificaron a Jesús, las autoridades se reían de Él y le decían, que si había salvado a otros, se salvara a sí mismo, si realmente era él el Mesías de Dios. Eso es lo que está pasando hoy con los discípulos de Jesús. Muchos les descalifican y se burlan de ellos porque son pocos, mayores, porque no hay vocaciones, y les acusan de mil maneras. Tal vez no han entendido que el Reino de Jesús, no es de este mundo, y que tal vez, en estas horas de sufrimiento, cuando todo habla de muerte, son ellos los que han de acompañar a la vida que se está gestando en el dolor, y que misteriosamente está brotando: ¿no lo notáis? –Is 43,16.
Feliz día de Jesucristo Rey del universo, y no lo olvidemos: Su Reino, no es de este mundo.
Los post operatorios suelen ser un poco durillos, y el mío lo fue, aunque agradezco la atención exquisita y cuidada de todo el personal de la Fundación Althaia –Hospital San Juan de Dios- que hicieron más soportable o llevadera la situación.
Si he de decir algo que me marcó positivamente fue la presencia constante de mis amigos y comunidades, tanto de cristianos como de otras religiones. Cada día recibían en el convento llamada de miembros de la Iglesia de Filadelfia, de los musulmanes, de los Bahai, de Comunidades religiosas cristianas, de amigos…. Y aunque sabían que tenía prohibida las visitas, unos y otros no dejaban de interesarse.
Hemos asistido a un espectáculo penoso provocado por la incapacidad para dialogar y rectificar, para buscar salidas y tender puentes. En definitiva, para vivir el Evangelio de Jesús que es muy claro. Y esto es grave, y mucho más si viene de quienes han recibido el encargo de ejercer la misericordia, de "pastorear" al Pueblo de Dios, de acompañar, de dar ejemplo...
Me explico. La imagen de un arzobispo sentado en el banquillo de los acusado, es expresión de que se ha desoído a Jesús en el Evangelio de Mateo 5,24ss- cuando dice: “Si yendo a presentar tu ofrenda ante el altar, te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra de ti, deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; vuelve entonces y presenta tu ofrenda.
Busca un acuerdo con el que te pone un pleito, cuanto antes, mientras vais todavía de camino; no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te metan en la cárcel….”
Con motivo de las beatificaciones en Roma de los mártires de España del siglo , XX y de la ley de la Memoria Histórica, se creó un ambiente enrarecido que abría heridas, reavivaba rencores y aumentaba la crispación, porque estábamos ante un diálogo de sordos en el que sólo valían las razones de unos y el dolor por sus muertos, sin escuchar las de los otros, que también tenían muertos en sus filas y/o familias.
Monseñor Blázquez puso una nota de paz en Roma el día previo a las beatificaciones, y muchos celebramos su gesto evangélico: legitimaba el derecho de los cristianos a honrar a sus mártires, y de la sociedad civil a recordar y también a honrar, a su manera, a sus muertos. El Gobierno hizo, en aquella ocasión, otro tanto con el envío de una representación y un acto en la embajada que aseguran fue realmente importante. En lugar de atizarse el fuego comenzamos a presentir cómo con motivo de la beatificación –o con la ayuda de los mártires- las relaciones comenzaban a encaminarse nuevamente.
Cuántas veces ante un cambio imprevisto de planes decimos: “¡El hombre propone y Dios dispone!”
Bien, yo tenía mis planes y de golpe se cambiaron radicalmente: Un billete para Argentina el día 11 de noviembre se convirtió en una entrada al quirófano el día 13. No está del todo mal, al fin y al cabo, ¡experiencias diferentes!
Y con casi diez días de ausencia y mientras voy reincorporándome a la vida normal –que dicen tardará meses en serlo- he de reconocer que aunque uno se resista, no está mal eso de “parar” o que “te paren” para “dejar las cosas” y vivir el momento presente, "el instante", abiertos a lo que Dios quiera y a lo que las circunstancias manden. Y éstas, tanto si son de dolor como de gozo, son un cátedra de vida en la que aprendemos lo que “no tenemos tiempo” de aprender en el ajetreado vivir de cada día.
Hace unos meses me llamó un buen amigo dominico y me dijo: “-Lucía, el arzobispo de Barcelona, me acaba de nombrar exorcista de la arquidiócesis”.
Confieso que sabía que existían aun los exorcistas por algunas declaraciones que me sonaban a excéntricas del famoso padre Fortea- y mucho pintorescas o patéticas después de visitar sus páginas web en las hay una importante exhibición de fotos suyas- pero ignoraba si tenían trabajo, y si la gente acudía a estos “servicios”.
Le dije: “-Juanjo, me alegro porque supongo que la gente que irá a ti es gente que sufre, y a la que podrás ayudar. No sé cuál es la causa del sufrimiento, física, moral, psicológica, o todo a la vez. Lo otro, la verdad, me cuesta de creer.” Mi amigo me dijo: “-Lucía los curas y las monjas son los más escépticos para creer en estas cosas.” Como el Padre Juan José Gallego O.P. es un buen amigo y confío absolutamente en su sentido común, le dije que ya sabía que podía contar –como siempre- con mi cariño, oración y lo que necesitara.
Esta tarde nos hemos reunido los voluntarios de SOS TUCUMAN para que Toni, un universitario de Barcelona que estuvo trabajando como voluntario en un comedor de Tucumán –donde nuestra Fundación colabora- nos explicara sus impresiones y cuál era la realidad y las prioridades.
Después de escucharle, Elías, nuestro presidente, le dijo: “-Pero si todo está igual que hace cuatro años.”
Pues sí, la crisis continúa, y la realidad de los pobres es más o menos la misma.
Ayer a la tarde moría en un trágico accidente de carretera en Tarragona, Evaristo de la Torre. El decano de los alcaldes del Bages. El “maestro” como le llamaban sus compañeros, deja un vacío muy grande en nuestra comarca. Lo cierto es que con su muerte el Pont de Vilomara y Rocafort de donde era alcalde, y la Cataluña central, pierde a una de sus figuras más entrañables, a un hombre de una autoridad moral incuestionable y de una honradez superlativa.
Evaristo era un hombre profundamente sensible ante el sufrimiento de las personas, y en sus 24 años de alcalde –siempre con mayoría absoluta- supo ganarse el cariño y la confianza de todos. Era un apasionado y un enamorado de la Vida. Todos coincidimos en que era “amigo de sus amigos” y se jugaba hasta el final por ellos.
Hace unas semanas pude verle rodeado de casi todos los alcaldes socialistas del Bages, y me impresionó positivamente el respeto, y hasta “veneración” por cuánto decía, insinuaba o acotaba “el maestro”, y sobre todo el cariño que le profesaban. No en vano, Evaristo les acompañaba, sabía estar en las horas difíciles y acompañar, cuando más se le necesitaba y cuando todos habían marchado. Evaristo llevaba unos meses tristes, algunos decían que tenía una depresión, otros que estaba enfermo, tal vez por eso, le cuidaban un poco más y le hacían sentir que para ellos él era “el amigo” y que le necesitaban.
En octubre del año pasado estaba en el monasterio cuando le comunicaron que su madre había muerto. Recuerdo que me dijo: “-Sor, estamos de paso, nos llevamos lo que hemos hecho por los otros, y yo tengo la suerte de haber podido hacer “algo” por mi pueblo y los amigos, y tengo la suerte de creer en Dios, ¡Él me ayuda!”. Para Navidad me mandó de regalo un número de lotería con el mensaje: “Si nos toca, podremos hacer mucho para los pobres, y si no nos toca, continuaremos poco a poco, que tampoco está nada mal”.
Quiero dar testimonio de mi admiración a la persona Evaristo de la Torre: un hombre que supo hacer de la política un arte para servir a la gente, y nunca un arma para beneficiarse; un amigo que supo estar a la altura de las circunstancias y jugarse en las horas difíciles; un hombre que pasó con humildad haciendo el bien, y procurando no hacer ruido, para pasar desapercibido.
Gracias, “alcalde de alcaldes”, gracias por todo lo que tu vida es y significa. Ahora que ya gozas de la felicidad plena, acuérdate de los que aun peregrinamos con el deseo de sentarnos un día en el banquete de la vida teniendo una sobremesa larga como a ti te gustaba.
Descansa en paz quien creyó en ella y gastó su vida para instaurarla
Decía Chesterton que hay cosas que dan resplandor a todo lo que existe, y es la ilusión de encontrar “algo” a la vuelta de la esquina.
Eso que se llama esperanza, ilusión, apertura a la sorpresa, a la providencia, es lo que hace que nuestros días sean diferentes y tengan luz; es lo que nos hace experimentar que estamos vivos y queremos caminar.
Pero en las calles de nuestra vida, cuando llegamos a cualquier esquina, cuando menos lo esperamos, también nos encontramos situaciones que no sabemos cómo vivir, que nos hacen mal, que nos enrabian, y que nos hacen preguntarnos una y otra vez ¿por qué?, ¿por qué a mí?
Es cuando nos visita la enfermedad, una pérdida significativa o un problema que experimentamos supera nuestra capacidad.
Se ha celebrado en Roma la macro beatificación de los mártires del siglo XX. Se ha discutido sobre la oportunidad o no de la misma, y ha habido defensores y detractores a ultranza.
Me contaba un amigo cura que entrando en la Plaza de San Pedro una periodista española lo trató muy mal por ir a una beatificación de este tipo. Él intentó decirle que iba porque habían asesinado a una hermana suya dominica por el simple hecho de ser religiosa –contemplativa-, pero que no hubo manera de conseguir un poco de respeto. Otro tanto pasó a algunos obispos que se opusieron rabiosamente a lo de la memoria histórica, descalificando también, el recuerdo de los muertos de la otra parte. Monseñor Blázquez puso la nota cuerda al reconocer el derecho de unos y otros a honrar a sus muertos. Y es que, sea como sea, es bueno recordar para no cometer los mismos errores, para que nunca más haya guerras fraticidas, que significan la derrota de la dignidad del hombre, porque toda muerte provocada es un fracaso de la humanidad: el odio no puede triunfar nunca entre los humanos.
Esta mañana, al abrir el portal de Periodista Digital me sorprendía la noticia de la muerte de D. Eduardo Primo Yúfera. Hace dos días me había escrito su hermana explicándome sobre su precario estado de salud. D. Eduardo esperaba con paciencia al Señor, y con la humildad que vivió, y en silencio, se marchó.
Conocí a D. Eduardo en el año 1989 en el aeropuerto de Manises, hacía unos meses había recibido el Premio Nacional de Investigación Tecnológica "Torres Quevedo". Venía a esperar a su hermana que regresaba de visitar, en su carácter de priora Federal de las Monjas Dominicas, las comunidades de Argentina y Chile. Me impresionó la humildad, sencillez e interés por todo que manifestó, y su gran cariño hacia su hermana.
Dicen que el mundo está un poco loco y que no hay quien entienda a los humanos. Hoy ante dos noticias de la prensa, creo tienen mucha razón.
Hemos leído que un joven atacó a una menor ecuatoriana, y que lo pusieron en libertad.
Hoy, en País de la menor, en Ecuador un perro, un Rottweiller , fue detenido por la Policía, acusado de atacar a un peatón. Dice el Jefe de policía que el perro está en calidad de detenido en el calabozo compartiendo espacio con otros internos, que tiene el mismo trato de visita, aseo y comida que ellos, y que el perro no tiene antecedentes judiciales. En cambio el joven que está en libertad, si los tiene.
Parece que algo funciona mal, y yo hoy no quería dejar pasar por alto este hecho: simplemente quería informar y que cada uno saque sus propias conclusiones.
Unas imágenes muy duras de un joven agrediendo a una joven ecuatoriana en un tren de Barcelona, nos hacen pensar, además de hacernos daño.
Hay miedo ante de la inmigración, ante el extranjero, ante el inmigrante. Se dice alegremente que ha aumentado la delincuencia, y la primera razón que se argumenta en la calle, es al fenómeno de los que vienen de fuera, de los que no se adaptan, de los que están desarraigados …
Pero las imágenes vistas hablan de un joven español, que gratuitamente agredió a una chica simplemente por ser de fuera, por ser extranjera. Ahora dice que iba borracho y no se acuerda…
Alguien ha dicho que el agradecimiento es la memoria del corazón, y hoy quiero dejar constancia de cómo celebramos la vida, los que hemos recibido el don de la fe. Celebración que se hace acción de gracias, que es lo que significa el término griego Eukharistia, y que es nuestra manera de celebrar
Es verdad que el mal hace mucho ruido y que el ruido nos hace mal. Tal vez ese ruido ensordecedor del mal y de los profetas de calamidades, hacen que en el concierto de nuestra sociedad, la melodía de la Iglesia y de los creyentes, a veces sea imperceptible, pero no por eso inexistente.
No pocos –con o sin razón- atacan genéricamente a la Iglesia, y a todos nos meten en el mismo saco: A los que comulgamos con algunas cosas y a los que no. Pero bueno, todos somos parte del “mismo cuerpo”, y aquí también pagan justos por pecadores.
Pero hoy quiero contaros, que son muchas las veces, que los cristianos nos reunimos para celebrar que Dios está y hace camino con nosotros: Ni está ausente, ni como comunidad pasamos de él, ni del mundo: al contrario. Hay de todo.
Dentro de unos días superaré la edad de la “tan temida” crisis de los cuarenta, y supongo que entraré en los cuarenta y uno, igual de tranquila que he vivido este año, en el que tanto me advirtieron: ¡Ya verás, los cuarenta…!
O sea, que de la anunciada “crisis”, nada de nada. De momentos buenos, ¡muchísimos!, y de difíciles otros muchos, pero unos y otros forman parte de la vida y puedo asegurar que nunca se me ha pedido nada que superara mis fuerzas o mi capacidad.
Cuarenta y un años, es un camino lo suficientemente largo, como para poder mirar en perspectiva para atrás y dar gracias, y sobre todo, para mirar al futuro con optimismo: se me ofrece cada día la posibilidad de asumir la vida como una gran oportunidad para ser feliz. Decía Chestertón que la idea principal de su vida fue aceptar las cosas con gratitud y no como algo debido, inevitable. Una actitud positiva que nada tiene que ver con la presunción ni con la desesperación.
El presuntuoso –decía- piensa que nada hay digno de sí, y cree que lo que recibe y se le da, es un derecho que se merece. Esto raya con la prepotencia, y nunca da la felicidad. La desesperación es un pesimismo vital, capaz de paralizar el entusiasmo y enturbiar la mirada, atenta sólo a ver el lado oscuro de la vida. El que es arrogante perdona la vida a los demás. El pesimista maldice su suerte. Ni uno ni otro sabe agradecer.
En cambio, afirmaba, "el objetivo de la vida es la capacidad de apreciar; no tiene sentido no apreciar las cosas como tampoco tiene ningún sentido tener más cosas si tienes menos capacidad de apreciarlas". Lo recibido es un don, un regalo y nunca un derecho.
Que nunca nos cansemos de apreciar y agradecer lo que se nos ha dado, y que sabiendo que todo es don, vayamos por la vida con humildad.
Brindo por la vida y por la oportunidad cotidiana de ser felices y hacer felices a los demás.
Cuenta una leyenda que había una vez un pequeño riachuelo que atravesaba un típico pueblo de montaña. Dicen que el río vivía alegre y feliz, pero que había una cosa que le preocupaba y ¡hasta le quitaba el sueño de sus noches serenas!, y es que él sabía que toda su riqueza, toda su vida era el agua que corría por su cauce. Pero, precisamente esta agua, que era toda su vida, se le escapaba continuamente, no la podía retener.
Y se preguntaba no sin angustia, qué pasaría si alguna vez no le llegara el agua nueva.
Un día, sin esperarlo, descubrió que el agua le venía del deshielo de las nieves perpetuas de una montaña muy alta que él no había visto nunca. Cuánto más calor, más deshielo y más agua nueva. No tenía ningún peligro de quedarse sin agua, de secarse, porque estaba conectado a las nieves perpetuas.
He recibido muchos mensajes por mi blog sobre el caso del cura Von Wernich.
Hoy insisto nuevamente: Me parece muy bien que se le juzgue y penalice. Ahora hago una matización: ¿por qué sale ahora el juicio y la sentencia y no 6 meses antes o después?
Porque el 28 de octubre hay elecciones. Los escándalos de Cristina Kirchner deben ser disipados y eso solo se consigue con una cortina de humo, y el aparato presidencial supo hacerlo: sacó del cajón el caso y se decidió dar un baño de populismo: ¡qué bien Kirchner, qué valiente es! Y sacó un caso que se arrastraba desde hace 30 años…
Insisto, que no se me malinterprete: es justo que quien es culpable sea juzgado y condenado. El momento, lo decidió la oportunidad política.
Un caso similar ocurrió con los casos de pedrastas americanos. Me parece perfecto que se les juzgue y condene, pero, ¿cuándo salieron a la luz pública? Cuando la administración Busch estaba desgastada y claramente enfrentada con la Iglesia Católica por la guerra de Irak… Abrieron el cajón, buscaron el momento oportuno, y presentaron la cabeza del enemigo…. Y vuelvo a insistir, había que juzgar a los culpables, pero éstos delitos en su mayoría eran de más de 30 o 40 años.
¿Coincidencias? ¡Oportunismo!
Esta mañana a las 9:45 encontré un mensaje del Presidente de la Asociación Islámica del Bages que me invitaba al final del Ramadán. Allí fui –a las 10 Hs-.
Sólo quiero decir que había unos cinco mil musulmanes y musulmanas. Que salían de la celebración con caras felices y sonrientes, y que todos me saludaban deseándome la paz.
Le pregunté a uno de ellos: hoy que es día de fiesta, ¿haréis algún otro acto?. Me dijo, tenemos tres días en los que hemos de procurar reconciliarnos con alguien que necesite nuestro perdón, o bien pedir perdón si en algo ofendimos a alguien; tenemos que visitar a los enfermos, y si hay pobres entre nosotros intentar ayudarlos.
Tomé un buen te de menta y regresé dando gracias por la fe de estos hermanos musulmanes. Tomo nota y deseo que cada celebración de la Pascua del Señor -y cada eucaristía- avive en mí y en los cristianos el deseo de compartir el pan, de reconciliarnos si entre nosotros tenemos algo, y se avive el deseo de practicar las obras de misericordia.
En la viña del Señor –musulmanes, judíos, cristianos, etc.- hay de todo, pero si aprendemos lo bueno que nos aporta cada uno, seguro que todos podemos enriquecernos.
Que tengan un feliz día y que nosotros sepamos alegrarnos con ellos. Y si alguien me dice que en sus países no hay libertad para los que no son musulmanes, permítanme responderles, que en nosotros no rige la ley del tailón, y que estamos llamados a responder bien por mal, a poner la otra mejilla… ¿suena a Evangelio?
En comunión
Mucho no hay que explicarme de la dictadura militar Argentina ya que me tocó vivirla muy de cerca. Basta decir que nací en el sesenta y seis, y que mi infancia-adolescencia estuvo marcada por el ruido de las bombas, los ataques guerrilleros y los contraataques sanguinarios de los militares. Era una guerra y el cuartel estaba en la calle.
Soy de Tucumán, y a la entrada de mi provincia, en tiempo de la dictadura, cuando el general Bussi era gobernador, se puso un cartel que decía: “Bienvenidos a Tucumán: cuna de la independencia, Jardín de la República y sepulcro de la subversión”.
Este último “titulo” se debe a la desgracia y a la lacra de que en los cerros tucumanos fue donde más se cebó la dictadura y donde lucharon cuerpo a cuerpo los “llamados” guerrilleros –así los identificaban- y los militares.
Vivía en pleno centro, y más de una noche la viví aterrada por las explosiones que hacían volar telefónica, la casa de algún vecino, o por alguna contienda estudiantil. Viví muy de cerca el asesinato del General Viola y su hija, y el acribillamiento de jóvenes con ideales de justicia y revolución, -algunos de éstos salidos de las parroquias cercanas e hijos de amigos de mis padres-.
Este fin de semana, como ya lo hicimos en otras oportunidades, ofrecemos la posibilidad de que jóvenes que quieren vivir su fe y que se plantean un compromiso más radical al servicio del Evangelio, puedan retirarse para compartir con la comunidad nuestros espacios de silencio, oración y fraternidad.
Nos cuesta romper con la rutina y es fácil llenarnos de cosas y no parar de hacer, hacer y seguir haciendo. A veces tenemos un poco de miedo -o respeto- a hacer silencio, porque si afinamos un poco pronto descubrimos que Dios es exigente, y que además quiere contar con nosotros, con cada uno para que su mensaje se siga anunciando entre las gentes.
No tenemos ni oro ni plata: Lo que tenemos lo ofrecemos, abrimos nuestras puertas y ofrecemos nuestra única riqueza, la posibilidad de orar y compartir la fe.
Si tienes entre 18 y 35 años, estás invitado/a. Visítanos y fíjate de qué se trata
No estoy a favor de la quema de las fotos del rey, ni de las fotos de nadie.
No soy monárquica, pero tampoco anti.
No estoy en contra de que se rece por el rey, el presidente, los pobres, los abogados, la vecina del frente ni los bomberos: ¡Faltaría más! Mi vida está consagrada, fundamentalmente a la oración, no en vano se define como contemplativa, aunque de ella se desprenda también una actividad, o una predicación, propia de la vocación que tengo como dominica y como cristiana.
Pero de ahí a estar de acuerdo en que “por real decreto” se tenga que rezar por el rey, seguido de una oración por la unidad de España, me parece lamentable. Y estoy de acuerdo en orar por la unidad de España, de Europa de Cataluña, y de la raza humana.
Confieso que al leer la noticia de esta decisión del Sr Arzobispo de Madrid, primero me dio risa, luego pena, y finalmente preocupación.
No podemos entrar al ruedo de las politizaciones de un lado o de otro. Hemos de orar por convicción y devoción –y nunca mejor dicho- por todos los que rigen los destinos de los pueblos, y por todos los ciudadanos, pero en un momento de crisis para reforzar una postura creo yo –a lo mejor estoy equivocada- que el camino no es “determinar que se rece en todas las misas por el rey y la corona”: orar por real decreto o porque ordeno y mando.
Jesús nos dijo claramente que el Padre ya sabe de qué tenemos necesidad antes de que se lo pidamos. En esta hora complicada y hasta crispada pido al Dios de la vida, nos conceda el don de la unidad, que de verdad seamos Uno como Jesús y el Padre son Uno. Sólo así el mundo creerá.
Y ahora sí, ¿oramos los unos por los otros? Contad con mi recuerdo que cada día se hace oración ante el Padre por todos aquellos a los que conozco y no conozco, por la humanidad y por todos los que Él me dio como hermanos, les conozca o no.
Dos llamadas de teléfono en una mañana disparan la alerta en una jornada que se presentaba como cualquier otra. Por caminos distintos, laicos comprometidos de grupos diferentes me manifiestan sentirse solos y sin respaldo en su compromiso con la gente, en medio de la Iglesia. Se sienten “como ovejas sin pastor” y esta situación les duele.
Uno me dice que han optado por ir por libres. El otro me manifiesta que él y su grupo quieren agotar los caminos de diálogo e intentarlo de nuevo.
Unos y otros manifiestan su desacuerdo con los que descalifican por los medios de comunicación a la Iglesia y a los que se ceban con los escándalos que nos rodean a nivel eclesial, pero al mismo tiempo sienten que no se les respeta ni se cuenta con ellos para nada desde la institución: Quieren sentirse corresponsables, y acaban sintiendo que son la mano de obra barata, siempre y cuando hagan exactamente lo que les mandan desde arriba sin tener posibilidad de decir lo que realmente piensan.
Leo con satisfacción que los centros educativos de Manresa no están de acuerdo con la prohibición del uso del velo islámico en las escuelas. El inmigrante musulmán tiene ya una presencia que podríamos calificar normalizada en nuestra ciudad y en las aulas. Imagino que las dificultades que se presentan son las propias de cualquier adaptación a un país y a una cultura y religión diferente; adaptación no menos traumática de la que exige nuestra sociedad cambiante para acoger a los niños de nuestro País con sus peculiaridades y los estilos y formas que se van imponiendo de forma vertiginosa y que no siempre son fáciles de asimilar, entender y encauzar.
Presumimos de ser una sociedad progresista y moderna en la que la libertad de expresión, pero asistimos al totalitarismo de quienes pretenden limitarla a quiénes tienen derecho a expresarse, también con su forma de vestir, que en el fondo es la expresión de otra libertad y es la de culto, que también decimos está garantizada en la carta magna. Libertad de religión, de culto, de expresión, etc. que se garantizan en toda sociedad moderna y civilizada en la que pueden convivir personas y culturas diferentes. Poner coto a esta libertad, es entrar en la hipocresía y en el miedo a la diferencia.
Dicen que los jóvenes pasan de todo y que eso de “la religión” para ellos es un rollo. A veces uno tiene la sensación de que estamos ante una generación en la que predomina el pasotismo, el permisivismo y todos los apelativos peyorativos que se les quiera añadir. Y llevados por un clima generalizado de descalificación, hay quienes, injustamente piensan que “todos los jóvenes son iguales”.
Hace un par de meses vinieron dos jovencitas al Convento diciendo que querían hacer una entrevista a una monja. El motivo que dieron fue que eran estudiantes de psicología y que estaban preparando un trabajo de investigación en el que querían plasmar cómo viven los diferentes colectivos de la sociedad. Me explicaron que consideraban que podía ser interesante mostrar quiénes eran, cómo viven y qué dificultades tienen las monjas o los “que creen en Dios”.
Me propuse no hablar de política y menos partidista, pero en este caso no puedo silenciar mi impotencia ante el gran saqueo que continúa en Argentina. Dicen que sólo los tontos tropiezan dos veces con la misma piedra, y los argentinos están a punto de darse de bruces con Cristina, la esposa de Kirchner .
Después de la pesadilla del corralito, quieren vendernos que Argentina va bien. Argentina ha pagado su deuda al FMI y se ha endeudado con otro dictador: Hugo Chávez. ¿Sabeís que este dictador es el líder político más valorado por los emiratos Árabes y que no oculta su amistad con el presidente de Irán?
Me cuesta creer que la llamada “cubanización” de América Latina sea la solución a sus problemas. Hace unos meses un alto directivo de educación argentina me decía: Los planes de estudio los han preparado en Buenos Aires un equipo de pedagogos cubanos enviados por el gobierno.
“Cuando doy de comer a un pobre, me dicen que soy un santo. Cuando pregunto por qué no tiene qué comer, me dicen que soy un comunista”. Así se expresaba Dom Helder Cámara, un auténtico icono del compromiso evangélico con los más pobres; un hombre, que como Teresa de Calcuta, hizo del amor a los pobres la forma de vivir y servir al Evangelio.
Muchas veces dar es una forma de hacer justicia, de ayudar al otro en sus necesidades, de ejercer misericordia, o simple y llanamente de “tranquilizar la conciencia” “sintiendo” que se hace “algo” por el otro.
No quiero entrar en la polémica de las fotografías del rey quemadas, ni en los reclamos independentistas, sí quisiera hoy pensar en voz alta sobre lo que suscitó en mí una foto que se publica en el diario de Manresa, Regio7, a raíz de la manifestación de ayer en la Plaza Mayor donde unos sesenta jóvenes quemaron las fotos del rey.
En ella se ve, en primer plano a un joven que lleva una camiseta en la que se lee “Poble armat, poble respectat”.-es la foto que ilustra este blog de hoy-.
Y yo me pregunto: si consigo respeto porque estoy armado, ¿es ese respeto válido y coherente? ¿cuánto tiempo durará? Seguramente mientras tenga las armas, o la posibilidad de atacar al “otro”.
El Grupo de diálogo interreligioso que se reúne en mi Convento, celebraba este año sus 10 años de existencia y ha querido unirse al festejo de los 800 años de la Fundación de la Monjas Dominicas en el sur de Francia.
Las primeras monjas dominicas nacieron precisamente del diálogo entre personas de diferentes creencias o maneras de entender el Evangelio y la vida. De hecho las primeras monjas fueron una mujeres cátaras convertidas, por la predicación de Santo Domingo; y el primer monasterio de la Orden, fue una comunidad cátara de la que salían los predicadores itinerantes. En aquella comunidad vivían “las perfectas” que habían recibido el llamado “consolamentum”.
En plena crisis argentina hace un par de años, mi padre me regaló un libro de Marcos Aguinis titulado, “El atroz encanto de ser argentinos”. Un libro que atrapa, y con el que uno puede estar o no de acuerdo, pero que sin duda refleja los sentimientos de miles de compatriotas.
En medio de una descripción de lo que ocurre en Argentina, y del insobornable honor que sentimos los argentinos de serlo, a pesar de la corrupción endémica de su clase política, de sus continuas crisis, el autor llega a la conclusión de que ser argentino es una empresa cada vez más difícil: Emociona serlo, pero se sufre por ello.
Un libro brillante, que me sugiere muchas cosas, sobre todo cuando en mi País ocurre algo “fuera de serie”, impensable, o en el que la realidad supera por lejos la ficción. En esos momentos recuerdo algunos párrafos y afirmaciones, y con humor supero el trago de lo increíble.
Algo de eso me pasó hoy: Leí en un titular que un pibe argentino de 24 años, creo que de Santa Fe, se casó con una señora de 82 años, y que dice que la ama entrañablemente. Resulta que el pibito es un desempleado y su “amada tiene mucha pasta”, y le ha hecho donación de sus bienes. Dice que está perdidamente enamorado…. Lo que abre no pocos interrogantes, pero que a mí me lleva a afirmar una vez más, que junto al “atroz encanto se ser argentino”, en este caso, “es atroz ese querer”.
Que sean felices, y que si la esposa le dura mucho, mantenga ese amor loco, porque sino, nos dará la razón a los que “no sé por qué” pensamos mal.
Como decía el ex árbitro de fútbol y comentarista argentino Guillermo Nimo: “por lo menos, así lo veo yo”, ¡y espero estar equivocada, pero a la viveza gaucha, ya la tenemos bien conocida!
En Argentina, cuando un niño se pierde en la playa en el verano, hay un ritual que es eficaz para ayudar a que sus padres o mayores lo encuentren: Una persona que detecta que un menor está perdido, lo sube a los hombros y comienza a aplaudir. Cuando esto ocurre la gente se va uniendo a este que lleva al menor en hombros, y así se forma una especia de comitiva en que todos van dando palmadas para llamar la atención.
Esta procesión con un niño/a a los hombros recorre las playas e intenta reconstruir el trayecto del niño extraviado para dar con los suyos.
En mi infancia, y con seis hermanos más, yo era una auténtica campeona perdiéndome. Alguna vez escuché a un hermano mayor que yo dos años quejarse diciendo: “- Siempre que salimos con Lucía, perdemos la mitad del tiempo buscándola.” ¡Cuántas veces en los parques de diversiones anunciaban mi nombre y describían mi aspecto para ver si mis padres me localizaban!
Esta semana se despidieron de Manresa los frailes Capuchinos después de más de cuatrocientos años en la Ciudad. La celebración quería ser un reconocimiento a la labor de los frailes, y la Iglesia estaba absolutamente repleta. Al finalizar la misa el Obispo anunció que ante la falta de vocaciones, pidió al Instituto del Verbo Encarnado se hagan cargo de la parroquia de La Merced, regentada hasta ahora por los capuchinos.
Seguramente lo que más claro quedó a los asistentes fue que los capuchinos marchan por la falta de vocaciones y que esta crisis afecta a toda la Iglesia.
La Iglesia, como otras tantas instituciones en la sociedad atraviesa hoy una crisis, que no solo se hace sentir en esta carencia, sino también en el desprestigio o falta de credibilidad a causa de diferentes escándalos, o por posturas de enfrentamiento asumidas desde sus filas hacia determinadas posturas del gobierno, o la dificultad de dialogar con una sociedad plural y secularizada, en ocasiones hostil a sus postulados, en la que vive y tiene que anunciar el Evangelio de Jesús.
Ayer, mientras levantábamos a una hermana mayor, la hermana que me ayudaba me preguntó de qué iba el blog que había colgado la noche anterior. Le dije, sobre la verdadera riqueza de la Iglesia. Acto seguido le dije: “-¿De qué piensas que hablé?” Inmediatamente me respondió: “-¡De los pobres!”
Me alegró su intuición, y me avergonzó no haber hablado de ellos, o al menos haberlos mencionado, al hablar de las “riquezas de la Iglesia”.
Por eso hoy, quisiera completar aquello que dije, y hablar de “la riqueza de los pobres”.
Ellos encabezan las bienaventuranzas evangélicas y sin duda fueron los predilectos de Jesús que dijo que de ellos es el Reino. ¡Y la Iglesia sólo existe por el Reino! O sea, la Iglesia vive por ellos.
No voy a hablar de las banalidades que se dicen para descalificar a la Iglesia apelando a “las riquezas del Vaticano”, “las obras de arte”, “los palacios episcopales”, y un largo etcétera. Tampoco voy a entrar en la defensa o el ataque a la falta de austeridad o a la opulencia de algunos, muchos o pocos, cristianos. Simplemente quiero hablar hoy de las auténticas riquezas de la Iglesia, que no brillan pero valen más que el oro, y que sin duda son los dones que el Espíritu reparte generosamente y que se manifiestan de diversas formas en cada persona, en cada cristiano, que también son diferentes.
Mossèn Joan Torra, capellán durante varios años de mi comunidad, -entonces vicario episcopal del obispo Joseph Ma. Guix- solía decir que la Iglesia es como un gran abanico en el que lo realmente importante es el punto central en el que todos estamos unidos, y que van de un extremo al otro pasando por el centro y gozando de todos los matices del recorrido. Ese punto de unión, encuentro y comunión es sin duda Jesucristo.
El Sr Díaz, padre de Judit, me dice que se siente atacado, y agredido por el nombre de la plataforma que pide que su hija pueda ver padre y madre.
El recurso ya está en la audiencia, con lo que elimino el nombre de la plataforma cuyo nombre le hiere, pero aclaro que al poner SOS no es porque pensemos que su hija deba liberarse de él, sino porque queremos que su hija y todos los niños puedan gozar del derecho de papá y mamá.
Me pide que quite la foto y lo hago. Le pedí que se retire de mi blog, y espero que lo haga. Y espero que la eliminación selectiva de mensajes que se hizo, se termine. Gracias de antemano
Mafalda decía que “no se trata de herir susceptibilidades, sino de matarlas”, y como no quiero herirle, “mato la foto” y todos en paz.
Esperamos la resolución de la audiencia y doy las gracias, en nombre de la plataforma que aglutinó más de 2.500 apoyos personales e institucionales, a todos los que han colaborado.
Os pido una oración por Judit y por todos los niños del mundo que sufren a causa de dramas como el suyo. Una oración por las familias y para que siempre triunfe el amor sobre el odio.Una oración por su padre y su madre: seguro que ambos sufren y les deseamos la felicidad.
Dejo constancia de que tengo pruebas de insultos escritos y grabados en el contestador del convento, de los que la autoridad está al corriente, pero que de momento no denunciaré porque no voy ni vamos en contra de nadie, sino a favor de la libertad y el respeto de todos.
Sor Lucía Caram
Muchas veces he escuchado en los últimos tiempos que la gente se pregunta: ¿tiene sentido la vida religiosa? ¿qué sentido tienen los votos? Y un largo etcétera de cuestionamientos y planteos, que no me cuestionan ni hacen tambalear en mi vocación. La vivo con muchísima alegría, y como una fuente de libertad que no sé cómo expresar. Jesús lo dijo claramente en el evangelio -Jn 10,17- “nadie me quita la vida, la doy libremente”, y esta libertad es la que nos libera para que , “libres” de ataduras, conveniencias e intereses egoístas, intentemos ser insobornables con la causa del Evangelio, que es la causa de los pobres, los afligidos, los débiles, aquellos al lado de los cuales se puso Jesús.
Lo que nunca me podía imaginar es que hubiera tanta gente que admira la vida religiosa “de lejos” y la idealiza como “una casta” diferente, que está inmune a todo lo que ocurre en el mundo que –dicen- es muy malo. Tampoco podía sospechar, que éstos se sientan tan incómodos cuando alguien se juega por lo que cree, no mide y se lanza a por todas, ignorando el qué diran y no claudicando de las exigencias del seguimiento de Jesús. Siento que a veces los religiosos cuando somos consecuentes en causas un poco delicadas, somos incómodos para el sistema y lo mejor es invitarnos a “callar”, “rezar”, etc.
Paso muchas horas en silencio y oración, momentos que fecundan y gestan un compromiso que quema dentro y que es imposible postergar.
Hoy me llamó un amigo cura y me dijo: “-Hace un par de años te amenazaron cuando denunciaste la corrupción de tu País, y a pesar de correr peligro tú y tu familia, publicaste un libro y promoviste una Fundación. Recuerdo que te lo pasaste muy mal. Hoy estás en otros frentes complicados, y quiero preguntarte: ¿no tienes miedo? ¿no te sentirías más tranquila si te limitas a cumplir con tus rezos y sacrificios de la vida monástica, y con eso ya cumples?”
Eso del “cumplimiento - Cumplo + Miento – me repugna, y creo, como decía Benjamín Franklin, que los que cambian su libertad por su seguridad no merecen libertad ni seguridad.
A los 18 años marché de casa porque quería seguir en libertad a Jesús. Hoy, después de 22 años, no pienso mirar atrás y tirar por la borda lo que me ha dado y me da la felicidad: ¿hay alguien más libre que el que no tiene nada que perder, por qué ya lo dio todo a quien a cambio ya nos dio el ciento por uno?
Amigos y amigas, os lo digo con todo el corazón: El Evangelio es muy exigente, pero es un proyecto de vida y una tarea apasionante, ¡mucho más que los deportes de aventura y alto riesgo!, sus sensaciones, ¡son incomparables! y no pasan, van en aumento. Y si viene la dificultad, no te falta su gracia.
Hoy doy las gracias a Dios por el don de la vocación, por todos aquellos que he encontrado en el camino y me han ayudado; por mis hermanos y hermanas en la fe, y por todos los que con su amistad, y también con sus críticas, me han ayudado a madurar y a decir cada día: Gracias, ¡que no solo vale la pena, sino la alegría!
Y como decimos en la liturgia, parafraseando al Profeta Isaías : “Desbordo de gozo con el Señor…Por amor a Sión, no callaré, y por amor a Jerusalén, no descansaré hasta hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha.
Después de varios mensajes insistentes y algunos que además solo iban a mi e-mail, se bloqueó la entrada al blog, y finalmente al poder acceder, los comentarios del blog de SOS JUDIT habían sido eliminado en su inmensa mayoría.
Tengo los comentarios eliminados porque llegaron a mi PC. Reitero que en mi blog no dejaré que se hable mal de personas con nombres y apellidos ni se agreda gratuitamente a nadie. Pido al “hacker” que evite repetir el ataque, ¿es posible que tanto moleste una monja contemplativa?.... ¿O lo que molesta es la libertad para decir lo que tengo que decir sabiendo que no tengo nada que perder, y que no dependo de intereses personales, económico o egoístas de nadie?
No culpo a nadie, simplemente quiero dejar constancia.
Quiero seguir en contacto con los que positivamente quieran visitarlo, estén o no de acuerdo conmigo, pero sí pido respeto y quiero dejar constancia de este “ataque” y pedir que al tema de Judit lo dejéis aparcado en el blog, porque lo que se tenía que decir ya se dijo.
Gracias a todos, y como veis esto de las comunicaciones, juega estas pasadas: ¿tendrá que ver el hacker con los mensajes en el contestador del Convento?
Sor Lucía Caram Padilla O.P
Hace un par de años, en mi viaje de regreso de Argentina el avión de líneas aéreas Varig, hizo una escala en Sao Paulo en la que subieron al avión un grupo de unos treinta judíos ortodoxos, que por lo que supe después tenían conexión en Madrid con el vuelo que los llevaría a Tel Avid. Reconozco que con mi hábito blanco no es fácil pasar desapercibida, pero este grupo no resultaba tampoco más discreto o al menos era fácilmente advertido por todos. Ocuparon la parte central del avión, y yo iba unos pocos asientos más atrás de ellos, pero hacia la parte derecha.
A la madrugada el avión comenzó a experimentar unos movimientos que parecía que estábamos en medio del mar golpeados por las olas. Una fuerte turbulencia, frente de tormenta, y no sé qué más se dijo. El pánico se apoderó de todos, que instintivamente nos cogíamos a la butaca, como si por estar sujetos impediríamos el impacto de una posible caída.
Siempre me dijeron que hay que dar la cara y hacerse cargo de lo que uno piensa, dice y hace. Esconderse en el anonimato porque pueda peligrar la vida de uno, puede ser diferente, pero escudarse en él como arma para insultar, difamar, cargarse al otro, me parece una vergonzosa forma de alzar la voz de los cobardes.
Una buena señal de madurez para opinar en un foro, puede ser precisamente la de ofrecer el propio punto de vista como una aportación más, y como una disposición para ver qué razones tienen los otros y/o pueden aportarme.
Me llama mucho la atención que siempre, o casi siempre que alguien quiere atacar, en el mío o en otros bloggs, lo haga bajo un correo inexistente y con un nombre que no responde a nadie en concreto o que expresa el sentimiento de lo que se quiere decir o “maldecir”.
Hace unos días hacía un llamado a la solidaridad por una niña, Judit, de 8 años que ha sido separada de su madre por una sentencia dictada en Manresa. Una sentencia que ignora informes médicos y psicológicos que desaconsejaban separarla de ella. Lo que no supieron o pudieron solucionar sus padres, fue desastrosamente sentenciado por una jueza.
Vistas la situación el fiscal presentó un recurso de Urgencia en el mes de junio. Aun no entró, por demoras en el juzgado de Manresa. Ayer presentamos 400 firmas en el juzgado y unos 200 correos electrónicos. Os pido un esfuerzo más ya que esta semana será decisiva.
Sólo hay que enviar un e-mail al correo: sosjudit2007@gmail.com con el siguiente texto o simplemente con un mensaje de adhesión:
Para que Judit pueda volver a ver a su madre y el recurso del Fiscal entre urgentemente en la audiencia y se haga efectiva la revisión de la sentencia, considerando que son los intereses de una menor, -Judit de 8 años- los que están en juego, y a sabiendas de que varios profesionales desaconsejaban que fuera separada de su madre.
Judit tiene derecho a ver a su madre, la sentencia que la separa por seis meses de ella nos parece desproporcionada y pedimos una revisión de la misma y que se garantice que pueda ver a su padre y a su madre.
Gracias
NOMBRE Y APELLIDO
DNI
Recuerdo que la segunda vez que me confesé, -la primera que lo hacía con un cura al que no conocía, cuando yo tenía 6 años, a la semana de hacer mi primera comunión- fui por el costado, y casi sin llegar a la rejilla pretendí “debutar” como penitente.
Tenía mi lista a punto, y sabía todos los detalles de las riñas con mis hermanos -y las razones que tenía para ello- y las “palabrotas” que les había dicho. También tenía claro que había desobedecido y que me había enfadado.
Me habían dejado muy claro cada uno de los pasos para “hacer una buena confesión”, y allí estaba lista para ello: ¡Y sólo para ello: para cumplirlos al pie de la letra!
Esta tarde el ir y venir de gente, los coches con los claxon impacientes, las prisas, el estrés, ponían en evidencia que el nuevo curso ha comenzado. Muchos hacen esfuerzos para asumir que el descanso es solo un recuerdo, y para encarrilarse en la vorágine cotidiana que sin darnos cuenta nos devora a todos.
En medio de ese tumulto de caras estresadas y de ruidos insoportables, con los consecuentes insultos a los conductores distraídos o con reflejos más lentos, me hacía a mí misma el propósito de vivir el momento presente, de disfrutar del instante que estoy viviendo y sobre todo de no dejar de amar la vida y las oportunidades que ella me da.
José María Cabodevilla, en su libro “Las jirafas tienen ideas muy elevadas” dice que en la Iglesia católica la experiencia ha demostrado que era necesario un dicasterio para la defensa de la fe”, y a renglón seguido se pregunta: “¿no habrá llegado la hora de que se forme uno en defensa de la esperanza?
Comparto plenamente, no sé si la creación de un dicasterio, pero sí que es hora de recuperar la esperanza que en nuestra comunidad eclesial vive horas agónicas.
Es verdad que muchas veces el remar contracorriente, y los frenazos que se nos imponen cuando queremos “ir un poco más allá de lo que siempre se hizo, dijo e hizo”, nos desaniman y cansan, pero eso no es una excusa –aunque a veces es un pretexto que se hace servir- para no luchar a muerte para dar vida a la esperanza.
La esperanza es esa virtud que junto a la caridad, dan carne a la fe y la hacen creíble para los que no ven más allá de lo evidente, y para los que de verdad se sienten convocados por el Dios de la vida a comprometerse con la humanidad.
El Evangelio nos cuenta una historia preciosa de una viuda inoportuna, en la que Jesús, como en tantas otras oportunidades, explica cómo han de vivir sus discípulos y qué han de hacer para construir el Reino:
Les dijo «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: "¡Hazme justicia!" Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: "Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme."» Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?» Lc 18,1-8
Me tomo la libertad de invitar a los lectores de este blog, a darse un paseo por el blog de mi hermano y amigo, Fray Martín Gelabert. Una de las cabezas más claras de la Orden de Predicadores en España, y sin duda un muy buen hijo de Domingo de Guzmán y un incondicional hermano.
Confieso que siempre que he de hacer un artículo, dar una conferencia, o resolver una cuestión teologíca o pastoral complicada, el recurso a Fray Martín es “incondicional” y válido.
Pues bien, como soy de una orden mendicante, no tengo ni oro ni plata, pero lo que tengo, lo ofrezco, visitad su blog, ¡vale la pena!:
http://nihilobstat.dominicos.org/
¡Que os aproveche y lo disfrutéis!
Hace unos días en los comentarios de un blog se me preguntaba qué pensaba del velo de las monjas y del uso del hábito. Al nos responder –estaba fuera- al correo personal me han enviado unos cuantos mensajes pidiéndome manifestara qué pienso del tema. Voy a intentarlo.
Dicen que “el hábito no hace al monje” y es verdad. Siempre he dicho que antes de llevar el hábito, se han de crear buenos hábitos; hábitos que expresen lo que vive quien lo lleva. Y lo he dicho repetidas veces a aquellos que al ingresar a un seminario o a una Orden religiosa parece que “viven” por llevar el hábito o alzacuello.
Son “hábitos de vida” –no los trapos, ni las púrpuras- los que dan contenido al compromiso que libremente asumimos con Dios y con la gente.
El hábito, y “los hábitos” son una manera de recordar la misión a la que nos hemos consagrado o “para quien trabajamos”.
Hoy hace dos meses, después de una campaña feroz por los medios de comunicación, Judit, una niña de ocho años fue entregada a su abuela paterna –y arrancada de su madre- . Se acusaba a la madre “de inculcarle aversión contra su padre” y se afirmaba que la niña padecía un llamado síndrome de alienación parental, que no está reconocido científicamente.
No he querido tomar parte ni por el padre ni por la madre, -auténticos desconocidos para mí, hasta el día de la entrega de la niña en que ví a la madre y una semana más tarde a su padre-, simplemente quiero alzar la voz por la pequeña Judit que es la víctima de todo este drama, y a quien se está privando de lo más importante para ella: el contacto con su madre: Estoy segura de que se podía haber buscado una medida intermedia y no el apartarla de su madre por seis meses. Y esto ha sido afirmado por prestigiosos juristas y profesionales del derecho.
Durante el verano mucha gente de total confianza,- al haber trascendido a los medios de comunicación, que la niña había sido entregada en mi Convento para preservarla y huir de la prensa- se acercó para explicar quiénes eran sus progenitores. Sólo quiero apuntar que de su madre no he recibido más que elogios. Tal vez falló a la hora de facilitar las visitas del padre, pero en su lugar, muchos nos preguntamos ¿cómo hubiéramos actuado, si cada vez que la niña regresaba de las visitas paternas, estaba literalmente enferma?
Fui a ver a la jueza para pedir una psicóloga que velara por la niña, y para pedirle por favor frenara a los medios que se estaban cebando con este caso. Prometió advertirlo. Confieso que al salir de los juzgados y ver el monstruoso edificio me dije: “-Demasiado palacio para tan poca justicia”... Salí con una sensación de frustración que no puedo explicar.
Esta semana el tema salta a la prensa de nuevo y parece que el circo mediático está servido: y a costa de la pobre Judit, ¡tendremos culebrón mediático!
El fiscal del Tribunal Superior de Justícia de Cataluña (TSJC), ha detectado un "error en la valoración de la prueba", porque la jueza no tuvo en cuenta un dictamen del Servicio de Asesoramiento Técnico en el Ámbito de la Familia (SATAF), contrario a que se retirara la custodia a la madre. Además la jueza ha ignorado el dictamen del Dr Sanchis, reconocido psiquiatra de la Fundación Althaia, que desaconsejaba que la niña fuera apartada de su madre; en cambio se ha basado en el informe del psicólogo presentado por el padre, que mantiene que la niña padece el síndrome inventado por el psiquiatra americano Dr Gardner, que en el año 2003 se suicidó, después de que el Juzgado de apelación de Florida rechazara sus tesis por ausencia de reconocimiento científico.
La Fiscalía, insiste que el informe de SATAF encargado por el juez reconoce la gravedad del problema de la niña con el padre, pero advierte de que "la medida radical" de quitarle la custodia a la madre "no es quizá, desde el punto de vista técnico y psicológico, la medida más adecuada".
Pido que el recurso del fiscal sea considerado con carácter URGENTE. No sea que lleguemos demasiado tarde y Judit, la parte más débil de todo este drama, sufra daños irreparables en su psicología.
No abogo ni por el padre ni por la madre: Pido justicia para Judit, y si algún lector puede hacer algo, le suplico, en nombre de la pequeña, de la justicia –no la humana que vemos que no tiene entrañas- y de la verdad, que lo haga.
Espero que pronto Judit pueda ver a su padre y a su madre con la normalidad a la que pueden ser capaces de llegar, cuando los adultos se lo permiten superando sus aversiones y velando por los niños a los que dicen amar.
Sor María Lucía Caram O.P
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Decía Chesterton que "La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza". Con su genialidad y humor inglés, el sabio escritor alerta sobre uno de los grandes peligros que corren aquellos que “queriendo ser más papistas que el papa” se niegan a utilizar la inteligencia y se conforman con una fe infantil que se resiste a crecer y a madurar.
La fe del carbonero, no está mal, pues nadie le pedirá a nadie más de lo que puede, -¡y mucho menos Dios!- pero si se nos ha dado unas capacidades, son para utilizarlas y sobre todo para ponerlas al servicio de los otros, al tiempo que nos llevan a la propia realización y al desarrollo humano y cristiano.
En una parte del trayecto que une Manresa con Barcelona llama profundamente la atención una pintada que está incrustada en la pared de la montaña en la que se lee con caligrafía clara, grande y agresiva: No a todo.
No suelo detenerme en el paisaje y suelo ser bastante prudente concentrándome solo en la carretera, pero he de confesar que esta llamativa inscripción siempre me sorprende y genera en mi un sinfín de reflexiones: ¿protesta?, ¿autoafirmación?, ¿anarquía?, ¿desestabilización?, ¿rebelde sin causa?, o tal vez ¿con causa?, ¿qué causa puede ser la oposición sistemática sin dialogo y a priori? Y un largo etcétera.
Sea cual sea la motivación de “los artistas” de semejante “atentado a la montaña y a la buena voluntad", lo que está claro es que en él, o en ellos, hay un profundo malestar, angustia o insatisfacción, tal vez una frustración, o simplemente una inmadurez adolescente de la que tanto abunda en nuestra sociedad, y no exclusivamente en aquellos que por edad les “toca”.
Ocho días he estado fuera, y mi silencio en el blog se debe precisamente a que me fui al silencio: La vida de Jesús discurría entre sus momentos de predicación y cercanía con la gente, y sus escapadas en las noches o al amanecer para orar a su Padre.
Acompañada por un grupo de hermanas dominicas, intentamos juntas hacer el mismo camino de Jesús, y haciendo un alto en el camino, en un clima de oración, buscamos agudizar nuestro oído interior para auscultar mejor el corazón de Dios, y ver qué nos pide en esta hora, qué quiere de cada una para seguirle con mayor entrega, y sobre todo, para disfrutar de su fidelidad que hace posible la nuestra y que nos hace amar la vida mientras le seguimos.
Continuaremos con nuestra cita y perdonad mi silencio, pero nadie da lo que no tiene, y si no dedico tiempos especiales a “conectar” con “El” que me da vida, poca vida podré transmitir.
Así pues, seguiremos en sintonía cordial, y en unos días me pondré al día.
Gracias
William Hill decía que “ningún escritor joven desea tanto la crítica constructiva como la alabanza”. Y aunque ya no soy tan joven, porque comienzo a peinar alguna cana, -que se oculta bajo el “velo de la tradición” que disimula mis cuarenta años- he de reconocer la sabiduría de esta frase de Hill.
Me hace bien la crítica constructiva y me estimula a seguir pensando y escribiendo; y la negativa, no puedo negar que en principio me rebota, pero que no me quita la paz. Superada la primera impresión, me ayuda a pensar en lo que escribo, e intento entender a quien me critica descubriendo la verdad de sus razones.
Otra cosa es la alabanza. Es verdad que a nadie le amarga un dulce, pero con justa medida. El incienso, según cómo, se me sube a la cabeza, y de las jaquecas, ¡no me libra nadie! Por eso, me alegra cuando encuentro eco en los lectores y aquellos con los que hablo, y agradezco a quienes me pueden ayudar a mejorar.
Pero las alabanzas, siguen dándome un pelín de respeto, -¿o miedo?-. En mi tierra se suele decir que “Las alabanzas son golosinas, y las críticas medicinas”, y yo no puedo menos que reconocer que algunos se mueren envenenados por las medicinas y otros –hipoglucémico, diabéticos- por las golosinas.
Recuerdo a mi padrino el tío Francis que solía repetir con una buena dosis de ironía y otra de sabiduría: “No soy tan bueno como parezco, ni tan malo como algunos dicen. Soy lo que soy, y hago lo que puedo”. Y con la ayuda de todos, intento mejorar un poco cada día, ¡y no me queda camino por recorrer!
Lo importante es no guardar rencores a los que nos dicen “sus verdades”, ni creernos demasiado a los que nos halagan. Tomar nota de unos y de otros y continuar aprendiendo de todos, porque la verdad es inabarcable y siempre podemos aprender de los otros.
Hace unos cuatro años comenzó a venir un chaval, Tonio, a pedir comida. Su aspecto era muy malo y se evidenciaba su adicción a la droga. Cada día venía y se le preparaba una bolsa con alimento, y cada día la hermana que estaba en el torno aprovechaba para charlar con él un rato.
Nos pusimos en contacto con los profesionales del Centro de Salud Mental al que iba por la metadona, y nos dijeron que aunque por medio de los Hermanos de San Juan de Dios se le podía facilitar un ticket de comida, el hecho de tener alguien con quien hablar, le estaba favoreciendo, y que el venir a buscar la comida era una buena excusa. La asistente social nos advirtió, que Juan José, -otro chaval que también venía- tenía más números para salir, pero que Tonio era “zorro viejo”, y que cualquier día nos la pegaría. Sin embargo algo nos hacía creer que esta vez Tonio se tomaba las cosas muy en serio, y que estaba al borde de la angustia porque quería cambiar.
Llevo doce años trabajando en el diálogo interreligioso, aunque confieso que este diálogo es el que me trabajó a mí, y en cierta medida me cambió.
Y no porque yo haya renunciado a lo que creo y que libremente asumí al considerarlo un don, y al encontrarme cómoda y a gusto con aquello en lo que creo y que lejos de alienarme, me realiza y ayuda a vivir como persona, y lógicamente como cristiana.
En estos años aprendí a escuchar; a ponerme en el sitio del otro y a ver su parte de verdad que tal vez yo desconocía. Me abrí a otros puntos de vista, a lo que informa la fe de los que tienen un credo diferentede al mío, y a conocer qué implica en su vida lo que creen, y por qué viven como viven.
El diálogo interreligioso ha sido y es para mí una fuente de riqueza y además me ha regalado buenos amigos con los que juntos trabajamos por la paz y la convivencia.
Nunca entendí este diálogo como un espacio para “dejar de creer” lo que creo, y menos para claudicar de lo que soy como cristiana. Creo que gracias a este diálogo, intercambio, conocimiento, soy ahora más cristiana que nunca, y entiendo que Dios, además, es mucho más de lo que yo puedo creer o conceptuar: Es lo más, lo Otro, lo mejor.
De ahí a que en mi oración llame a Dios con el nombre de Alá, como sugiere el obispo Holandés Monseñor Tiny Muskens, hay un paso que no creo ni que favorezca el diálogo interreligioso, ni que me ayude a vivir mi fe, simplemente porque aprendí a llamar a Dios, por ejemplo, con el nombre de Padre, cosa que en el Islam es impensable. Y entiendo y respeto que para mis hermanos y amigos musulmanes sea impensable llamar a Dios Padre, y sin embargo le llamen con el nombre de Alá.
Creo que hay un único Dios al que llamamos de muchas maneras, pero eso no implica ninguna claudicación ni que tengamos que “hacer todos lo mismo”. A mí, el Dios de Jesucristo me ha revelado una serie de valores que hoy por hoy no han descubierto otras religiones, y posiblemente ellos tienen algunos que hoy no hemos asumido los cristianos. Jesús, poco a poco fue abriéndose a esta realidad. Él tenía claro que había sido enviado a “las ovejas del pueblo de Israel” y sin embargo en el diálogo con la mujer Siro-Fenicia, entiende que el mensaje y la salvación ha de ser para todos, y que con todos hemos de dialogar.
En la última reunión del curso pasado del Grupo de diálogo interreligioso alguien propuso que el próximo curso podíamos ir a cada centro y orar como lo hacen los anfitriones de cada confesión asumiendo “por unos momentos la fe de los otros, haciendo lo que ellos hacen, y llamando a Dios como le llaman...”. Coincidimos en que eso era empobrecernos: No tenemos que renunciar a nuestra manera de orar, ni forzarnos a aquello que no hemos asumido como propio. La riqueza nos la da también la diversidad y el ser capaces de “respetar” los espacios y modos de los otros, y a la vez de orar juntos llamando a Dios como cada uno sabe, cree, siente y puede.
El diálogo interreligioso nos da unas posibilidades insospechadas de riqueza y sin duda nos humaniza. Pero dejar de ser lo que cada uno es, y aparcar las convicciones de la fe, creo que es una pobreza.
Jesucristo me hace universal y me abre a todos, sin excepción, pero me siento identificada con su modo de orar, tal como nos lo enseñó, llamando a Dios “Abba, Padre”.
Una cosa es “descalzarse” para orar en una Mezquita, como lo hizo Benedicto XVI, y como en alguna ocasión lo hice yo misma, y otra muy diferente que yo como cristiana diga a Dios Ala, o Shiva u otro nombre.
Hemos de dialogar y abrirnos buscando puntos en común, trabajando por la humanización y la fraternidad, y haciendo lo que tenemos que hacer lo mejor que sabemos y creemos.
Dicho todo esto, respeto a los que lo ven de otra manera, y creo en su sinceridad y honestidad cuando lo hacen: Yo aun no llegué a ese punto. ¿Llegaré? Creo que no es mi ideal. De momento seguiré caminando, y compartiendo con mis amigos la fe que hemos descubierto y que derriba cualquier muro entre nosotros.
No puedo dejar de manifestar mi indignación ante el racismo que cada día nos encontramos, y que me hace temer que cuando reaccionemos, sea demasiado tarde, porque habremos recogido lo que poco a poco y a fuerza de intolerancia hemos ido cultivando.
Esta tarde estaba en un hospital y me dijeron la hija de un amigo magrebí de 4 años había ingresado con una jaqueca muy fuerte y vómitos. Llevaba unos días mal, y a pesar de haber ido por urgencias la semana pasada, la niña no mejoraba. Su padre fue uno de los precursores del diálogo interreligioso en Manresa y un artesano de la paz: Buena gente de verdad.
Entré en la habitación, la ví muy apagadita y sin abrir los ojos. Pregunté a su padre qué decían los médicos y me dijo: “- Lucía, nadie me dice nada”. Fui al control, y mientras me acercaba oía una conversación a voz en grito de las enfermeras que decían: “Esta noche tenemos noche de moros” –ya que en el pasillo había alguna otra familia marroquí-.
Ni lenta ni perezosa me acerqué y dije: “- No, tenéis noche de “moros y cristianos”, porque ahora yo, que soy cristiana, quiero saber qué tiene Fátima. Supongo que se veía mi rabia e impotencia por el tono jocoso que tenían. Me dijeron que a mi no me darían explicaciones, y en presencia de ellas llamé por el móvil al superior. Minutos más tarde tenía en la habitación de Fátima unos cuántos profesionales que intentaban ganarse a Fátima y se deshacían en explicaciones. No sé si por mi actitud, o porque vieron que soy amiga del “jefe”.
Lo cierto es que el papá de Fátima tiene otros tres hijos, incluida una beba de dos meses. Su madre estaba con la pequeña, el niño de ocho años haciendo la cena y la niña de trece, cuidando a su hermanita en el hospital, porque entre otras cosas él -mañana que es fiesta- tiene que trabajar porque la casa se les está cayendo, viven en dos habitaciones, y tiene que dar de comer a una familia.
La historia de Fátima, es la historia de miles de personas que han huído de sus países buscando un futuro para sus hijos, y ellos, que no tuvieron la culpa de nacer donde nacieron –si es que en eso hay culpa- se ven, además de tener que asumir el drama del desarraigo, abatidos por estar dentro del mismo saco que sus paisanos, porque más que personas, a veces, acaban siendo “los moros”.
Faltaría a la verdad si dijera que eso lo he visto de forma habitual en el Hospital –he visto detalles increíbles y positivos-, y también si negara que “los que vienen de fuera” siempre son todo lo correcto que deberían… Pero, es que ni los del País, los de casa, lo son: todos tenemos días buenos y días malos, pero ellos con el agravante de que llevan a sus espaldas el fracaso y el dolor de haber tenido que emigrar porque entre los suyos no tenían futuro para vivir con dignidad. Eso también, un día y otro quema, y la rabia y la impotencia salen por alguna parte.
Si entre todos nos acogemos y ayudamos, juntos asumiremos los pesos que llevamos a nuestras espaldas, y seguro nuestras cargas serán más ligeras.
Abogo por la convivencia y el respeto, que demos un paso más allá de la tolerancia, y que entre todos construyamos la fraternidad y la paz, la llamada por Pablo VI “civilización del amor”.
Me llamó profundamente la atención, cuando sólo tenía 5 años y me preparaba para la primera comunión, cuando la hermana Esther, -que era mi catequista- al explicarme el relato del génesis, lo de la manzana, me dijo: “-Y ninguno reconocía lo que había hecho. Adán echó las culpas a Eva, Eva a la serpiente y….”
Yo veía que cuando algo pasaba en casa y había que buscar un culpable, uno a uno los siete hermanos, y María, que nos cuidaba a todos, comenzábamos a “justificarnos” y a culpabilizar a los otros. La solución la tenía muy clara mi padre: Si no salía el culpable, ¡penitencia para todos! Y así pagaban justos por pecadores, pero siempre algo de culpa teníamos, al menos en no reconocer los errores propios. Otra cosa era que en medio del castigo o penitencia, ¡igualmente nos lo pasábamos muy bien!
Me imagino que mucha, muchísimas páginas se escribirán en estos días a raíz de la muerte de Lluís Maria Xirinacs, ex escolapio y político catalán. Habrá quienes le canonicen con facilidad, y quienes sin piedad le condenen. Una vez más habrá que reconocer que la Palabra de Dios es muy sabia, pues “¡más vale caer en manos del Dios vivo que en las manos de los hombres!”.
No pretendo con estas letras ni defenderlo ni condenarlo, el juicio es sólo de Dios; simplemente quiero dejar constancia de mi oración por este hombre de espíritu inquieto que no dejaba indiferente a nadie, y que era amigo de opciones radicales, que ni podían ser secundadas por todos, ni siempre eran imitables o deseables.
El día 6 de julio desapareció Meritxell de su casa. Desde este blog hicimos un llamado a la solidaridad, y tuvimos respuesta.
Hoy Meri regresó a casa después de un itinerario complicado. Sus padres y hermanas me piden agradezca la ayuda y muestras de apoyo que han recibido, y piden oraciones en esta nueva etapa en la que desean ayudar a su hija, y desean ella se deje ayudar.
Con esta buena noticia del regreso a casa, y del testimonio de acogida de unos padres y hermanas que aman de manera incondicional, me uno al pedido de oraciones de la familia al tiempo que os invito a dar gracias al Dios de la vida porque siempre nos escucha.
Ayer hablaba de Santo Domingo porque era su fiesta, y porque sentía necesidad de hablar de este gigante que nos ha abierto camino señalándonos a Jesús.
Hoy me tomo la libertad de hablar de otra hermana que es también un referente y una de las “glorias” de nuestra familia predicadora: Catalina de Siena.
Y vuelvo mi mirada a ella precisamente porque fue una enamorada de la Iglesia, y con pasión de enamorada sufrió, luchó y trabajó sin descanso por su reforma, con el único objetivo de que Dios, la suprema Verdad sea conocida y reconocida por todos.
Mucho se dice y habla de la Iglesia, y desgraciadamente no siempre somos noticia por nuestro testimonio -¡aunque también!-. En nuestro vivir cotidiano como miembros de esta “institución”, “familia”, “hogar”, uno tiene la impresión de que a los problemas, bandos, tendencias, a las “capillitas” –al ser de Pablo o de Apolo- le damos demasiada importancia, tanta que acaba quitándonos las fuerzas y la ilusión para lo único que es realmente importante: Que el Evangelio se anuncie y sea una noticia liberadoras para nuestros contemporáneos, como lo es para nosotros.
Hemos celebrado hoy la solemnidad de Santo Domingo a quien invocamos como “Predicador de la gracia”.
Un hombre que fue dócil al Espíritu y que movido por él, asumió la reforma de la Iglesia desde la pobreza y la itinerancia; desde la predicación del Evangelio y desde la vida contemplativa.
Me gusta recordar que sabemos más de la oración del fundador de la Orden de predicadores, que de su misma predicación. Nos dicen los testigos que Domingo pasaba las noches en oración implorando a Dios misericordia; y todos coinciden en afirmar que durante el día hablaba solo de Dios: “Domingo hablaba con Dios o de Dios”.
Sin duda la oración de Domingo –en la que como Jesús buscaba el rostro del Padre- nutría su predicación y avivaba su sed de que el Reino llegase a su plenitud.
Esto que voy a explicar es histórico, tanto que me ocurrió a mí en el invierno pasado.
A las 15:30 hs, -hora de la siesta- cuando un frío que calaba los huesos azotaba Manresa, tocaron el timbre en el Convento. Contesté y al otro lado del interfono me dijeron: “Vengo a poner una vela, ¿me puede abrir?”
Pensé que no era buena hora, pero en dos minutos estuve encendiendo las luces de la Iglesia y abriendo la puerta a tan devota y joven visitante.
Nada más entrar en la Iglesia echó una mirada a su alrededor y preguntó con ansiedad y tal vez con desconcierto, mientras sostenía una vela entre sus manos y miraba las pocas imágenes que hay en nuestra pequeña Iglesia: “- Aquí, ¿quién es el más importante?”
Sorprendida por la pregunta le señalé el Cristo del presbiterio, y ella como una flecha se fue a sus pies a “cumplir” lo que le habían indicado debía hacer para encontrar la paz o tal vez para ser escuchada en una angustia, ¡o para aprobar un examen!
Mucho me hizo pensar este episodio. Primero que una joven universitaria española entra en una Iglesia católica y no sabe ni siquiera quién es Jesús, o que al menos Él es el centro de la vida de la Iglesia. No me sorprendería que sí hubiera identificado un Buda, o que tal vez me hubiera explicado el significado de los colores de las velas y los tipos de incienso que hoy se ponen según las “necesidades” y “problemas” de las personas. Pero lejos de juzgar nada, simplemente apunto un hecho ocurrido y que creo cada vez es menos aislado.De hecho la pluralidad religiosa conviven cada vez más en nuestra sociedad.
Lo segundo es que la gente hoy tiene mucha necesidad de algo o alguien que les lleve a Dios, o que dé sentido a sus vidas: hay una sed insaciable de “algo más” de lo que nos ofrece la sociedad, y no saben cómo ni dónde buscarlo. Y cuando lo encuentran, ¡allá van! Y posiblemente aquí cabe la pregunta de los cristianos de cómo dialogamos con nuestros contemporáneos, y si somos capaces de escucharlos y dar respuesta a sus interrogantes antes de “vomitarles nuestro rollo” o largarles un sermón con respuestas a preguntas que no se hacen o con soluciones a problemas que no tienen.
– Un inciso para dejar constancia de que hoy hay muchas personas que tiran las cartas, leen las manos o se dedican al tarot y que “mandan” a sus clientes a las Iglesias o a determinados santos, y la gente les cree, porque entre otras cosas muchos de éstos les escuchan… También hay mucho charlatán y cantamañanas.- Muchos sacristanes pueden dar testimonio de gente que nunca pisa la Iglesia, pero que sin embargo van a ellas a buscar “agua bendita” para los rituales que les manda el gurú de turno.
Y mi tercera reflexión ante este hecho es que si la fe se ha de transmitir en el seno de la familia y de la comunidad creyente, al menos la escuela ha de transmitir una “cultura religiosa” que saque del analfabetismo a las futuras generaciones. Conocer la historia de las religiones, en que creen y/o han creído nuestros antepasados y nuestros contemporáneos, y todo lo que de alguna manera ha contribuido y contribuye a la configuración de una identidad determinada, puede ser una fuente de riqueza inmensa que dé a las personas elementos para formarse y para tener un criterio en el que, entre otras cosas exista el respeto desde la aceptación de la pluralidad.
De la respuesta que nos demos cada uno a la pregunta de “aquí, ¿quién es el más importante?” podremos comprender a quién adoramos y quién es el centro de nuestra fe. Tal vez perdimos terreno porque nos alejamos del que es el centro y sin darnos cuenta, comenzamos a predicarnos a nosotros mismos y a cargarnos de leyes normas y rituales que nada tienen que ver con el único mandamiento que Él nos dio: El del amor.
Y si se da cultura religiosa, por favor, ¡que no tengamos "cultura religiosa" como tenemos ahora EpC para desayunar, comer y cenar.
Los católicos hemos estado en la picota de la prensa durante unas cuantas semanas con ocasión del Motu Proprio Summorum Pontificum sobre la «Liturgia romana anterior a la reforma de 1970”, del Papa Benedicto XVI, que se ha difundido como la vuelta a “la misa en latín”, hecho que para muchos esfumaba las esperanzas que había despertado el actual Papa con sus mesuradas intervenciones en diferentes ámbitos.
Bien, una vez más hemos visto cómo se ha trivializado un tema del que los que lo trataban no tenían mucha idea. No es verdad que ahora se permita la misa en latín y antes no: Ya estaba permitida y había sitios en los que se celebraba. Lo que se desprende del documento papal, en todo caso es que se ha restringido un poco más, ya que insiste en que al menos las lecturas bíblicas han de ser en una lengua que entiendan los fieles.
Tampoco es verdad que antes se tenía que pedir permiso al obispo para celebrarla y ahora no, porque en realidad, los pocos que la celebraban, no pedían permiso a nadie.
Celebramos hoy la fiesta de la Virgen de los Ángeles, y la traigo a este blog sencillamente porque es la titular de mi Monasterio juntamente con Santa Clara. Nuestra capilla, de principio del siglo XIII es, dicen muy similar a la Porciúncula, y está presidida por una imagen preciosa de la Virgen con el niño en sus brazos y rodeada de los ángeles.
Esta tarde en las primeras vísperas hemos querido evocar la sencillez de la vida de María, una mujer sencilla que se dejó sorprender por Dios, y que fue capaz de darnos a Jesús porque confió en la “Buena Noticia” que se le anunciaba de parte de Dios.
Pronto comprendió que Dios exalta a los humildes y derroca a los poderosos y a los soberbios de los pedestales que se construyen.
El magníficat, su cántico, nos invita a unirnos a su alabanza, y a “hacer lo que Jesús nos dice”, al tiempo que nos hace entrar en la dinámica de Dios que se abaja, se pone a la altura de las criaturas y les habla con su lenguaje para que entiendan cómo nos ama Él.
“El tricampeón mundial de Fórmula 1 Nelson Piquet se quedó sin licencia de conducir en Brasil después de perder todos los puntos por acumulación de multas de tráfico”.
La noticia de entrada choca. Pero lo que sigue, lo hace más aún: “Para volver a conducir por las calles y carreteras brasileñas, el que fue piloto de equipos como BMW y Williams, deberá completar un curso de reciclaje, que ya realiza en una autoescuela de Brasilia, ciudad en la que hay un circuito con su nombre”.
El Código Brasileño de Tránsito prevé la retirada del carné de conducir por un período de uno a doce meses, cuando el conductor acumula más de 20 puntos en multas en doce meses. También pude retirarse el carne por infracciones muy graves, como conducir con exceso de velocidad superior al 50 por ciento de la permitida en la vía.
Esto nos está diciendo que “el mejor”, “el más rápido”, “el número uno” tiene que ser ahora aprendiz, y aprender a “convivir” con las personas, aprender que las reglas de juego son para todos iguales y que en la vida cotidiana no valen los privilegios y el creer que lo sabemos todo; que no siempre estamos en el escenario y mucho menos en competición.
Esta noche escuchando las noticias que llegan desde Tenerife y Gran Canarias, he querido unirme, desde el Monasterio, al sufrimiento de tanta gente, haciéndome cargo de la desesperación de quienes en pocos minutos vieron sus casas reducidas a cenizas.
Observando a los que han sido víctimas de esta tragedia, uno entiende los sentimientos encontrados de rabia, impotencia, angustia y desesperación.
Desde la península, pido al Dios de la vida que les haga experimentar su cercanía, que les dé fuerzas y que no deje de suscitar personas capaces de poner el hombro para combatir al fuego, para reconstruir, y para ayudar a salir adelante a pesar de todo.
Esta tarde, un buen amigo de La Orotava, Josue, me decía: “-Es una pena ver cómo arde la Isla. Estamos muy tristes”.
Lo dicho. Oremos por ellos y con ellos, y hagamos cada uno lo que pueda para que estas tragedias no vuelvan a suceder.
Hubo uno o más pirómanos. Si son conscientes de lo que han hecho, ya tienen su paga; si no lo son porque están enfermos, que se les ayude a curarse, y si sabían lo que hacían y no les importa, que los vigilen, porque en cualquier momento, ¡la vuelven a armar!
¡Hasta aquí podíamos llegar! Otegui entre rejas sigue burlándose de los demócratas, y pretende que nos “traguemos” que el proceso de paz “no fracasó por parte de ETA sino por falta de madurez del ejecutivo”.
Todavía no se ha enterado de que los pistoleros no pueden ofrecer ninguna garantía, simplemente porque lo único que les interesa es matar, y porque no les importa ni un acuerdo político ni que se acabe el conflicto del que ellos viven y que les da de comer cada día.
A ETA y a sus aliados –Otegui el primero- tampoco les importa el País Vasco al que han estigmatizado sembrando el caos y el terror. En el País Vasco hay voces autorizadas capaces de resolver conflicto, lo que no hay es voluntad de dejar las armas por parte de ETA, y lo han demostrado intentando chantajear a ZP y a los que creíamos que era posible dar una oportunidad a la paz en Euskal Herria.
Me llama la atención que una de las virtudes cardinales es precisamente la prudencia, y ésta parece que está totalmente ausente de los órganos oficiales de la Iglesia, o al menos en los que tienen relación directa con los nombramientos episcopales.
Me pregunto: ¿Cómo es que trascienden, por ejemplo, los nombres de los obispos antes de que se hagan públicos? Normalmente son secretos a voces, y cuando el boletín oficial del Vaticano los hace públicos, ya no son una sorpresa para nadie o lo son para muy pocos.
Si esto pasa con los nombramientos de episcopales, ¿cómo se guardan los otros secretos de nuestra santa madre Iglesia?
El sábado pasado el diario Regio7 traía la notícia de que en el mes de enero venían a Manresa a hacerse cargo de la parroquia que hasta ahora llevaban los frailes Capuchinos, una congregación Argentina llamada “Instituto del Verbo Encarnado”.
No entro en los detalles de la notícia, sino en el revuelo e inquietud que se generó. Al ser una congregación Argentina, muchos me preguntaban si los conocía y qué pensaba. He de confesar que quería pensar que no era verdad, pero la notícia estaba confirmada –y detallada- por el vicario general de la diócesis, Mn. Narcís Ribas, con lo cual no había lugar para la dura.
Conozco a esta Institución desde hace años, aunque en los últimos tiempos, les había perdido la pista, ya que son muchos los años que estoy fuera del País.
Cuentan que Juan XXIII en una ocasión al ser preguntado sobre cuántas personas trabajaban en el Vaticano respondió: "Trabajar, trabajar, ¡menos de la mitad!"
Esto que se explica muchas veces para hablar de las oficinas vaticanas y de la superpoblación de monseñores, cardenales, secretarios, archisecretarios y un largo etcétera, que no hace más que ralentizar el complicado engranaje de la Iglesia, a la que el Espíritu Santo tiene dificultades para movilizar, no es patrimonio eclesial, ni tan siquiera de los “llamados” “funcionarios del Estado”… de la oficina que sea, ¡pasa también en el gobierno de España!
Sí, y no me lo invento. Basta reproducir las palabras de la vicepresidenta del gobierno para confirmarlo. Cuentan que el miércoles pasado, como todos los anteriores, se reunió la Comisión de Subsecretarios, presidida por ella, para tratar asuntos sobre medio ambiente. Según publica L. R. Aizpeolea en El País, todo trascurría de forma normal, hasta que De la Vega tomó la palabra e inició un discurso en el que criticaba la falta de iniciativas de los altos cargos, llegando a afirmar que "parece que sobraban la mitad de los ministerios". Pero fue más lejos y dijo: “…y, si se suprimieran, ganaría el erario público".
Mucha tinta está corriendo con lo de “el jueves”. Sin caer en un puritanismo ni estar a favor de la censura, sí creo que va siendo hora de que comencemos a respetar a las personas un poco más.
Esta vez se ha reaccionado pronto por ser la agraviada “la corona”, pero va siendo hora de que se promueva el respeto a toda persona y se reaccione cuando, en nombre de la “libertad de expresión de unos” se vulnera los derechos de los otros, por ejemplo, el derecho a la fama, al nombre, a la intimidad… el respeto a la dignidad de las personas.
¿Libertad? ¡Sí, toda, pero no libertinaje! De pequeña recuerdo que nos decían: “Mi libertad acaba allí donde empiezan los derechos de los demás”.... ¿Dónde está el respeto a los derechos de los agraviados? ¿O solo tienen derechos los humoristas en cuestión?
¿Sentido del humor? Es fundamental, Mamerto Menapace –monje benedictino- decía: “Cuando se acaba el sentido del humor, comienza el campo de concentración”, y es necesario aprender a reírnos, pero cuidado, que no sea a costa de la ofensa y denigración de los otros, porque seguro que eso genera violencia y sentimientos contrarios al objetivo del "sentido" y del "humor" verdaderos…
Hoy me hago eco de un SOS hecho por una familia de dominicos seglares vinculados a mi comunidad. Ha desaparecido su hija y hoy en rueda de prensa piden nos den pistas.
Agradezco a los lectores del blog me ayuden a difundir este mensaje: Muchas gracias.
La familia González Guijas de Manresa, hace un llamado a la ciudadanía para poder localizar a su hija Meritxell de 27 años que desapareció de su domicilio el viernes 6 de julio, sin decir nada a nadie. El hecho de que marchara sin nada, hace pensar que esta huída no estaba en sus planes.
Desde el día de su desaparición no se ha podido contactar con ella ya que su móvil permanece apagado. Se sabe por la cartilla bancaria que repuso gasolina en Tudela que es donde se le pierde definitivamente la pista. Conducía un coche Peugeot 207 Granate matricula 0639 CLB.
Al desaparecer Meritxell no avisó a su trabajo, cosa totalmente inusual en ella que siempre cumplió, y en caso de no poder acudir siempre tuvo el interés de avisar.
Meritxell había padecido algún episodios de depresión y algún problema de personalidad por lo que estaba siendo tratada en el Hospital San Juan de Dios de la Fundación Althaia. Todo hace pensar que “podía no ser libre al haber marchado”.
Estos días los escándalos de religiosos y sacerdotes de la Iglesia Americana han colapsado las agencias de noticias y medios de comunicación, y es que el tema ¡se las trae!
Es grave, gravísimo el abuso a un menor, pero es mucho más grave si éste procede de quien por vocación y misión tiene que formar, educar, predicar el evangelio fundamentalmente con la vida.
Lo ocurrido es bochornoso y no se paga con dinero. El escándalo y el daño están servidos, y en medio de todo habrá que reconocer que al menos la Iglesia asuma su culpa e intente mínimamente reparar algo del gran daño que se ocasionó.
Me limito hoy a orar, -¡me duele y mucho todo esto! – y pido, suplico e imploro a los pastores que no esperen tanto, no sea que lleguen demasiado tarde: una cosa es la misericordia pastoral para con un hermano débil y enfermo –o pervertido- y otra muy diferente el no asumir las responsabilidades y ayudar sin correr riesgos que seguramente provocaran daños irreparables.
En una ocasión un periodista preguntó a un obispo francés si la Iglesia no padecía de una excesiva jerarquización, si no creía que había en ella un abuso piramidal tanto en su pensamiento como en el funcionamiento de la Institución.
Su respuesta fue contundente, clarificadora y “comprometedora”: “La Iglesia es el pueblo de Dios. Pero cuando un periodista llega a una diócesis y quiere halar de la Iglesia, intenta y desea hablar con el obispo y no se ocupa de los cristianos de esa diócesis. Y cuando los focos se proyectan sobre el obispo, estamos en la Iglesia “escaparate” y en la Iglesia minoría”.
Digo que su respuesta fue clarificadora, porque pocas veces nos hacemos cargo de lo que es y “significa” ser “Pueblo de Dios”; y que fue comprometedora, porque en ella nos implica a todos los que formamos parte del Pueblo de Dios, a todos los bautizados, o al menos a los que además nos sentimos miembros de este Pueblo y discípulos de Jesús.
Hace nueve días la hija de unos amigos, de veintisiete años, marchó de casa y no se sabe dónde está. A partir de los dieciocho años se dio un cambio espectacular en su vida, y queriendo “vivir” se equivocó de camino. Marcha, amistades peligrosas, droga, alcohol…
Una chica encantadora, sociable, simpática, guapa y muy detallista con su familia: Pero algo se cruzó por su camino y comenzó un largo calvario que no podemos saber cómo acabará.
Han sido años muy duros para su familia y para los que les queremos. Hace dos meses tuvo una recaída muy fuerte y fue acogida con cariño y mucha comprensión. Comenzó un tratamiento por sus adicciones y problemas de personalidad, y parecía que iba remontando. Pero desde hace nueve días, no sabemos nada. Ni las denuncias a los Mossos d’Esquadra, ni las llamadas de teléfono a amigos, conocidos, etc. aportan datos. Tiene el móvil apagado, y está en paradero desconocido, sin un duro y por algunas pistas, lejos de casa.
Nos cuenta hoy la prensa que “una niña de Florida (EE.UU.) de sólo 11 años de edad fue acusada de conducir sin licencia, bajo los efectos del alcohol y a más de 160 kilómetros por hora en una localidad costera de Alabama”.
Continúa la nota de prensa resaltando que al darse a la huída la conductora se estrelló, y que los agentes de la policía no salían de su asombro al ver salir del coche a una niña con signos evidentes de ebriedad, hecho confirmado al hacer la prueba de la alcoholemia que era elevada, ¡incluso si se tratara de un adulto!
La semana pasada en un articulo del diario intercomarcal –Regio7- se hablaba de cómo se está haciendo sentir la “crisis de vocaciones” en nuestro País y concretamente en Manresa y el obispado de Vic, donde se han cerrado varias comunidades en los últimos años.
Y ante el análisis, diríamos sociológico -en el que se hacía una lectura de los hechos, sin entrar en un terreno más teológico o espiritual-, nos surgieron muchas preguntas que pusieron sobre la mesa una preocupación generalizada y la pregunta: ¿tiene o no valor la vida religiosa hoy? ¿tiene sentido el sacerdocio? ¿tiene sentido y valor la fe, en una sociedad secularizada y a veces hostil al hecho religioso? Estas y muchas más…
La noticia, que parece surrealista, dice concretamente: “En China, un hombre mató a mordiscos a un perro fiero que estaba atacando a su mascota”. Y concluye que granjero y mascota sufrieron heridas pero están a salvo.
¡Cómo están cambiando las cosas! Tanto que ahora el problema no son solo los perros “rabiosos” sino los hombres que tienen la capacidad de matar a los perros a “mordiscones”. Así las cosas, tal vez, pronto veamos cómo determinadas personas van con bozal por las calles, no sea que se enfaden y ¡acaben con los perros…o con los humanos!
Esta tarde sonaba -¿casualidad?- “No llores por mí Argentina” de Nacha Guevara en la radio de los paletas que trabajan junto al Monasterio. Y me pregunto si es casualidad, porque esto ocurría cuando acababa de echar a la papelera una carta abierta en la que explicaba lo que siento como argentina al ver lo que están haciendo de ella los políticos de turno. La rompí porque reconozco que tenía demasiado veneno y respiraba amargura e impotencia, y eso ni me hace bien a mí, ni podía hacerlo a los que la leyeran.
“Será difícil de comprender
que a pesar de estar ahora aquí
soy del pueblo y jamás lo podré olvidar.” –dice la canción-
Los grandes titulares de la prensa y de internet hoy nos hablan de las macro manifestaciones por el día del orgullo gay. No pretendo hacer una valoración moral de la identidad de cada uno, pero sí quiero dejar claro que ese tipo de manifestaciones tienen más de mariconeo y exhibicionismo, y hasta de provocación que otra cosa.
Por activa y por pasiva se apelaba a que ésta era “la más popular manifestación en favor de la libertad y el respeto por todas las opciones que tiene lugar en la actualidad”; y yo me pregunto si las escenas de mal gusto, los desnudos burlones y la pornografía de no pocas “comparsas” que se paseaban, no atentan contra la libertad y el respeto.
El lunes, mientras esperaba en urgencias del Hospital acompañando a una hermana, vimos cómo una chica -de unos 23 años a la que acompañaba un joven más o menos de la misma edad- salía llorando de manera desconsolada de la consulta. Estaba desencajada y en su rostro se veían tristeza, ¡mucha tristeza! Inmediatamente supimos que le acababan de comunicar que había perdido a su hijo.
Explicaba que a pesar de ser un embarazo de pocas semanas, éste hijo se había convertido ya en el centro de sus esperanzas y en el motivo de sus alegrías. Ni ella ni el padre de la criatura parecían tener consuelo.
Mientras esto ocurría, a mis espaldas sucedía un hecho radicalmente opuesto: Otra pareja, más o menos de idéntica edad que la anterior, mantenía una conversación que podía escucharse claramente en la sala de espera. Ella le comentaba a “su chico” “-¡cómo le dirían a la doctora que querían que les sacara “eso que llevaba en la barriga”. Ella reconocía alegremente y sin ningún tipo de trauma que se había dejado estar y que ya había superado las semanas en las que “era lícito” “sacárselo” –abortar-, con lo que buscaba alguna “bola para engañar a la doctora”. Se lamentaban de que en este Hospital, seguramente lo tendrían difícil o imposible, “¡por culpa de los curas!” que había en él.
Ayer nos llegaba la noticia de la muerte en el Líbano de unos soldados españoles. La noticia me duele doblemente, por la muerte de los soldados, y porque el Líbano es la tierra de mis abuelos, una tierra generosa que por falta de voluntad internacional vive, desde hace años teñida de sangre.
Al escuchar la noticia por la radio, un comentario hirió profundamente mi corazón y la dignidad humana. Una persona dijo sin tintubeos, y sin duda lleno de odio, una serie de insultos hacia el mundo del Islam, que son irreproducibles, y que manifiestan más racismo e intolerancia que conocimiento de lo que allí ocurre.
El Líbano es víctima de un enfrentamiento alimentado por el sionismo internacional y por politicas internacionales que están empeñadas en enfrentar al mundo con el Islam, y que defiende los derechos de uno a costa de los otros.
No voy a entrar en cuestiones políticas, porque no soy experta y porque mi tarea es otra, simplemente vino a mi mente una oración que mi amigo José Bono hizo en la Mezquita de Manresa, y al orarla, os la propongo como un paso de acercamiento a los hermanos musulmanes, muchos de los cuales -como los cristianos y los judíos- van errados, pero sin duda muchísimos más son los que buscan, con sinceridad ser fieles a Dios, Alá, y a la paz que nace de toda verdadera religión:
Tengo en mi comunidad una hermana de 91 años, que a pesar de estar postrada desde hace 10, es la expresión de la alegría y la serenidad del que vive feliz, del que “cree lo que profesa” y del que practica la caridad a fondo perdido.
Ingresó en el Convento a los 18 años y un año más tarde tuvo que salir porque el convento fue prisión del bando republicano, y su vida y la de las hermanas corría peligro. En un primer momento estuvo refugiada en las inmediaciones, desde donde pudo ver cómo éste era expoliado, y cómo se profanaba la Iglesia y los objetos de culto. Ella explica que a punta de pistola se le preguntaba, antes de marchar, dónde estaban las armas, y ante su negativa –y ante su temblor- los milicianos dijeron: “-Dejemos que marche porque es muy tierna y encontrará novio”.
Lydia Playfoot, de 16 años, es una joven inglesa que por lo que leí en el periódico es miembro de un grupo evangélico a quien se le prohíbe utilizar un anillo que significa su compromiso de abstinencia sexual hasta el matrimonio, y que ha sido amenazada de ser expulsada del colegio al que asiste si no se retira ese signo.
No conozco el grupo al que pertenece Lydia, ni demasiados detalles del hecho, pero una vez más la sociedad inglesa, que presume de abierta, tolerante, universal y progre, sale a la palestra con decisiones que no hacen más que poner coto a la libertad de las personas. Una vez más las convicciones religiosas y los compromisos que líbremente se asumen en orden a la fe, pretenden ser limitados
Poco voy a opinar sobre una cuestión tan espinosa y tan debatida en estos días. Y no lo haré, entre otras cosas, porque no estoy en el mundo de la educación y porque la FERE ya se manifestó con claridad, y los obispos también. Ante una ley creo que hay que ser inteligentes y buscar los caminos para su aplicación de manera fructífera y sana.
Confío en el buen-hacer de la Escuela Católica y en el sentido común que hará que se imparta conforme al ideario de cada centro, también de los católicos.
En una ocasión un santo obispo –que no es sospechoso de herejía- al ser preguntado sobre qué era el demonio respondió: “- Es el mal que nos hacemos entre los buenos sin darnos cuenta”.
No pocas veces pasa que los discípulos de Jesús nos despistamos, como lo hicieron los hijos del Zebedeo; o somos tozudos, como lo fue Pedro, la piedra sobre la que Jesús quiso edificar su Iglesia. Frecuentemente, como ellos -y otros,- nos cerramos en nuestro punto de vista, en nuestras opciones y “obsesiones”, y en lo que buenamente creemos que Dios nos pide. ¡Cuántas veces no aceptamos otro punto de vista, o que las cosas puedan tener otros matices o maneras de ser interpretadas, también desde la sinceridad del otro!
Entre el final de la liga de ayer, y la llegada de la fiesta de San Juan, parece que los vecinos de Manresa –y de muchas partes más- se han puesto de acuerdo para gastar toda la pólvora que queda festejando, el triunfo del Real Madrid ( o que el Barça perdiera la liga), y la preparación de la Gran noche de la verbena, la conocida "noche de San Juan". De esta manera, por un motivo o por otro los vecinos tenemos serias dificultades para conciliar el sueño. Y cuando lo conseguimos, ya son casi seis de la mañana, hora en que las monjas estamos en pie para comenzar el día en oración ¡gracias a Dios, a esa hora si que hay silencio!
- Maestro,¿ dónde vives?
Preguntaron a Jesús en una ocasión, y Él respondió: “-Venid y lo veréis”. Y nos dice el evangelio de Juan que se quedaron todo el día con Él.
Esta es la propuesta que hacemos desde el Convento a aquellos jóvenes a los que les gustaría tener una experiencia de “encuentro personal” con el Señor en la oración, en el marco de una comunidad de vida contemplativa.
Esta semana me comentaban el caso del padre de un niño que insultaba al maestro de su hijo porque le había llamado la atención por falta de respeto sistemática a sus compañeros, a los que insultaba con palabras y expresiones cargadas de agresividad y mal gusto.
Un hecho que no es aislado, y que cada vez preocupa más a los educadores. Pareciera que los padres tienen que ganarse el afecto de sus hijos asumiendo siempre su defensa –tengan o no razón- aunque ésta implique “agredir” a los que también han de educar a sus hijos con unas normas y una disciplina común a todos. Los maestros hoy se sienten inseguros y temerosos, y las bajas por depresión van en aumento al constatar que no tienen el apoyo de los padres y muchas veces ni siquiera de los centros a la hora de educar a los alumnos.
De un día para otro, vimos cómo desaparecía completamente el antiguo edificio de consultas de Salud Mental, que estaba ubicado al frente del Convento.
Bastaron unas horas, para que solo quedara un pequeño montón de escombros que recordaban que allí había habido una construcción. En un breve espacio de tiempo las maquinarias hicieron un trabajo colosal.
Ante esto pensaba: Qué poco cuesta destruir, y hundir, y cuánto trabajo y tiempo cuesta levantar, edificar.
Esto tan gráfico, es toda una lección para la vida, de la que al menos yo tomo nota. A veces somos demasiado fáciles para criticar, poner rótulos o hundir a una persona con comentarios o actitudes que los dejan literalmente en la cuneta, al margen, por tierra. En un momento podemos dejar a una persona sin fama, sin nombre, sin posibilidad aparente de recuperación. El trabajo de toda una vida lo podemos echar por tierra, y quizás sea irreparable. Al igual que las maquinarias, tenemos una gran capacidad destructora, dejando apenas unas huellas del trabajo realizado.
La próxima semana la Orden de San Juan de Dios cumple 75 años de presencia en Manresa, y la ciudad y la Comarca quieren celebrarlo. Por este motivo se organizó una maratón que durará todo un año.
Para hablar de la misma entrevisté ayer en mi programa de radio al promotor del primer acto de los festejos –un laico no vinculado directamente con la Orden- que gratamente sorprendido me dijo: -Lo que más me llama la atención cuando voy explicando a las instituciones, empresas y personas en qué consistirá la Maratón solidaria por los 75 años que queremos hacer, es que no hay puertas entreabiertas o cerradas, ¡todas se abren de par en par!
Mucha tinta corre cada año por estas fechas con motivo de las primeras comuniones y del montaje que se crea en torno a ellas. Los pobres niños acaban siendo las víctimas de los intereses de los adultos, y lo que es peor, los niños terminan más confundidos, que aquellos cuyos padres han optado porque no hagan la primera comunión sencillamente porque no creen.
En la versión no oficial de las conclusiones de “Aparecida”, la reunión del Episcopado Latinoamericano, se nos ofrece una auténtica perla que ilumina la realidad y la necesidad del diálogo interreligioso, del que el papa Benedicto XVI es sin duda un abanderado.
Dice que “el diálogo interreligioso, además de su carácter teológico, tiene un especial significado en la construcción de la nueva humanidad: abre caminos inéditos de testimonio cristiano, promueve la libertad y dignidad de los pueblos, estimula la colaboración por el bien común, supera la violencia motivada por actitudes religiosas fundamentalistas, educa a la paz y a la convivencia ciudadana: es un campo de bienaventuranzas en la huella de la Doctrina Social de la Iglesia”.
Nina, era una niña china de dos años y medio, que murió en un desafortunado accidente ocurrido el Ayuntamiento de una población vecina a Manresa, donde estaba con su madre y una tía, hace apenas dos meses.
Nina era una niña muy deseada, esperada y querida. Hacía 14 meses que sus padres fueron a buscarla a la China y en este tiempo se había convertido en el centro de la vida familiar. De repente ella muere de manera trágica, y en medio de la desgracia y del dolor extremo, sus padres hacen donación de los órganos de Nina para poder salvar la vida de otros niños, desconocidos para ellos, pero que seguro tienen nombre, rostro y padres desesperados.
Hoy hemos despertado queriendo que no fuera verdad lo que se nos venía encima: el fin de la tregua de ETA.
Los asesinos se han burlado de todos, y lo que es peor, anuncian que volverán a matar.
Es un tiempo particularmente delicado en el que es urgente que todos los demócratas nos unamos para plantar cara a la violencia y para decir: ¡basta ya!
Este espacio será el altavoz de cuanto vaya cosechando en mis jornadas de oración,fraternidad, estudio, contacto con la gente. Será una plataforma para manifestar mi sintonía cordial, con todos los que, como yo, creemos que la esperanza es posible, y para intentar transmitirla a los que ya “han desesperado” de ella.
Creo firmemente que si cada uno aporta lo mejor de sí, y es capaz de hacer algo, para que al menos una persona esté mejor, la esperanza no podrá fallar.
Sor Lucía es como me llama la gente. Soy Dominica Contemplativa, y me gusta resaltar esto por encima de lo de “monja de clausura”. Nací en el año 1966 en Tucumán, Argentina y vivo, desde 1989 en España, estuve 5 años en Valencia y desde 1994 vivo en el Convento de Santa Clara de Manresa, que es mi Comunidad. El Convento es un espacio privilegiado para orar, estudiar, “contemplar”, y una plataforma inmejorable para acoger, compartir, escuchar y predicar, con la palabra y el silencio. Desde él intento abrirme a la experiencia de Dios y al mundo; y a fuerza de sintonizar con la Palabra, lo hago con mis hermanos los hombres y mujeres de cualquier raza, religión o condición social.
Sábado, 2 de junio
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona