Eternamente joven dependizado
19.11.06 @ 11:28:14. Archivado en Sobre la autora
El fin de esta carta no es otro que poner de manifiesto mi gran desazón como consecuencia de los constantes intentos de lograr ser independiente de las personas que me han dado la vida, el cariño, el amor y la educación necesarias para ser una persona íntegra y autosuficiente en todos los aspectos.
Misión imposible.
La sociedad en la actualidad pone trabas y trabas a los jóvenes que intentamos abrirnos paso en la vida real, en la vida vista como una amalgama de problemas que tienen nombre propio: trabajo, hipoteca, convivencia, hijos…..
Se supone que han de ayudarnos a despegar del hogar familiar, a volar del nido, a salir a vivir y a conocer la vida de manera objetiva y lo que ocurre es que poco a poco lo único a lo que se nos ayuda es a ser jóvenes cautivos en nuestra propia juventud.
Tengo veintiocho años, estoy licenciada en Pedagogía y desde hace ocho trabajo y creía ser independiente. Digo “creía” porque aún no he podido prescindir en su totalidad de la ayuda de mis progenitores por más que lo deseo (e intento).
Lo que trato de decir en estas líneas es que a causa de los altísimos precios de la vivienda, sea para comprarla, sea para alquilarla, las nóminas infantiles de las que tantas empresas “tiran” aprovechando la excusa de la inexperiencia de los jóvenes ( ya no becarios) y las pocas facilidades que las entidades bancarias ofrecen y que tanto necesitamos, la sociedad colabora en la edificación de un país de adultos independientes y jóvenes dependientes.
Es difícil el consenso y el equilibrio entre estas dos variables: independencia y dependencia, pero considero que poco a poco puede ir reduciéndose el espacio existente entre los dos extremos.
Muchos y muchas tenemos la ilusión de ir forjándonos nuestra propia vida, nuestra, personal, tenemos ilusión y ganas de ser capaces de sacarnos las castañas del fuego, tenemos ilusión por paso a paso ir construyendo un lugar donde establecernos y asentarnos.
Misión imposible.
Cuestiones sociales, económicas, políticas, personales e incluso burocráticas palian el proceso de nuestra independencia dejando solamente en nuestro interior un pensamiento no muy agradable: “¿Eternamente joven dependiente yo? No gracias!”
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Fátima Goizueta Bicarregui
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