Arnaldo Otegui Vs. Julián Muñoz
19.11.06 @ 11:35:47. Archivado en Sobre la autora
Un asesino indirecto, un “chorizo” de la yet-set. Ambos con delitos de consideración a sus espaldas, con la diferencia que el primero está acusado y semi-juzgado de financiar a ETA, de ser miembro integrado de una organización terrorista y de enaltecerla, a parte de estar de acuerdo en sesgar vidas humanas, en eliminar personas por el simple hecho de ser portadoras de unos ideales contrarios a los que él sostiene, y el segundo, acusado de delitos urbanísticos, de anticorrupción, de prevaricación y tráfico de influencias…..
Uno roba vidas, esperanzas, ilusiones, unidades familiares, otro roba propiedades, euros a millones y bienes materiales a discreción. ¿No es impensable e increíble ( pero cierto) que el asesino indirecto hoy se siente en una mesa de negociación, como un señor político en toda regla y el “chorizo” marbellí esté entre rejas, por un período de tiempo excesivamente largo para el delito cometido? ¿A qué extremo ha llegado la justicia democrática española para encarcelar de manera desmesurada a un sujeto que se agencia de forma indebida de cantidades industriales de dinero y permite a su vez que un político radical violento que no condena el asesinato, es más lo aprueba, esté felizmente tomándase unos potes en la taberna de la esquina con sus compinches?
A uno le destrozan la vida social, política, económica y personal sufriendo contínuamente el acoso mediático que le juzga todos y cada uno de los actos que diariamente acata. Se le trata como al peor hombre que haya pisado el país, vamos, que no está en el corredor de la muerte porque nuestro sistema penal no lo permite.
El otro, fanático, de unas ideas utópicas que jamás se llevarán a cabo, que brinda por personas asesinadas y se regocija en su interior del sufrimiento de los familiares de las víctimas, que amenaza de muerte en los juzgados cuando alguien nombra España o la proclama, que a sus espaldas hay vidas arrancadas “porque sí” de hombres, mujeres, ancianos y niños. Otegui físicamente no ha cometido todos estos delitos, financia y respalda a la organización que los acomete, en consecuencia él es responsable de todo lo mencionado, y aquí lo tenemos, saliendo un día sí y otro también en televisión, acaparando portadas y permiténdose el lujo de posar ante las cámaras juntando y alzando sus manos en gesto de victoria.
Qué injusticia!
Los informativos diarios nos bombardean de manera continuada con noticias de asesinos brutales que han quitado la vida a sus parejas, que han matado por pertenecer a un determinado equipo deportivo, que han asesinado por un malentendido de palabras cruzadas……..y todos nos echamos las manos a la cabeza y pensamos ¡Dios mío! Qué crimen tan atroz!
¿Nos damos cuenta que hay un hombre, cabeza visible de un partido político, que aprovecha su imagen pública y su poder de mover masas para fomentar los actos violentos, para fomentar la privación de libertad de muchas personas, para fomentar el asesinato por unos intereses políticos imposibles y crear incertidumbre, miedo y desasosiego a tantas personas que apaciblemente deberían vivir?
¿Qué hace un hombre así en libertad? ¿Qué tiene que ocurrir para que este individuo pruebe de su propia medicina y se vea privado de su vida cotidiana? ¿Qué más pruebas evidentes de sus graves delitos hacen falta para encarcelarlo?
Con todo ello no intento justificar a Julián Muñoz, sino decir, que la justicia debe ser justa. Esta redundancia significa que cada delito tendría que tener una pena acorde con el grado de éste y considero que en este caso, ninguno de los dos protagonistas del artículo cumplen la condena que se merecen.
¿Justicia injusta? Júzguen ustedes mismos.
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Fátima Goizueta Bicarregui
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