Envejecer como el vino
12.08.10 @ 09:40:56. Archivado en La Ciudad
Escribía Gloria Fuertes, al alcanzar una determinada edad, que se le presentaba ante sí la difícil pero hermosa tarea de envejecer. "Saber envejecer"- se proponía- "pero envejecer como el buen vino: ser oloroso, ser fino; no ser vinagre: ser vino"
Parece que el peso y el paso de los años se jalonan como a golpes, a escalonazos; como si fuera a pequeños saltos que, inopinadamente, se vuelven menos livianos, más incómodos y pesados.
Un servidor nota el transcurrir de las cosas en los libros: en los buenos libros, de los que nunca te cansas; en tus favoritos, a los que regresas cansina y esperanzadamente una y otra vez, a disfrutar y a recobrar el consuelo y el solaz que te brindaron; también en los libros pasajeros, los que no resisten más que una lectura y medio repaso; y en los libros medianos, malos o malos de solemnidad: aquellos que te prestan o regalan y se escapan de tus manos buscando un rincón antes que tú mismo, descuidadamente, los dejes caer en el primer charco con que topes calle abajo.
Estos dos últimos, los libros de paso y los libros fugitivos son los que marcan las horas perdidas; cada vez que las estanterías reclaman su preceptivo alivio y limpieza, dos o tres cajas de libros insípidos, milagreros o prematuramente trasnochados te indican que han pasado unos meses, quizás un año, y que es hora, quizás, que se busquen mejor acomodo en casa de otro lector impenitente.
Otro lector, claro, menos maniático que el que suscribe, a quien le importe más medir los años a guisa de tartas y convites.
Eso sí: sin rubor alguno confieso que no hago ascos a santos y cumpleaños porque mi biblioteca tiene la justificada posibilidad de continuar creciendo...
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Manuel María Ventura
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