Cosas que se pueden hacer a los 16
15.05.09 @ 13:57:42. Archivado en La Ciudad
¡Cuántas cosas podría haber hecho yo, en estos tiempos que corren, si volviera a tener dieciséis añitos!
¡Con una oferta cultural más amplia, con el carril bici para correr de un lado para otro en mi vieja Orbea naranja, con internet sojuzgado por mis dedos revoloteando por el teclado, con mi mp4, con tantas y tantas cosas!
¡Y con la libertad! ¡Ah, la libertad!
No tendría que fumar obligado, rehén pasivo del humo, por el capricho de los demás. Tendría a mi disposición mejores transportes y carreteras para viajar de una punta a otra de Andalucía. Podría perderme en los pasillos interminables de las nuevas librerías, aunque es cierto que en el camino quedaron Pascual Lázaro, Atlántida, Montparnasse y tantas otras...
Tendría, claro que sí, menos miedos, menos filias y fobias en materia de fe, de sexo, de política y de religión. Y mucha más posibilidad de acceder a toda la información en cualquier materia que, por entonces, hubiera podido ser tildada de escabrosa.
¿Pero estoy seguro de esto? ¿Realmente lo creo?
POr una parte sí. Es evidente que gran parte de la jerarquia católica se ha encontrado comodísima en ese fomento de una inopia de la fe, y de un "cállese Vd. que se condena si se sale del plato". Pero también es verdad que, particularmente, he encontrado desde muy jóven los mecanismos precisos para separar lo verdaderamente importante y certero en la fe de las diversas capas de hojarascas doctrinales impartidas en los colegios y en las iglesias.
Y, ahora que han pasado treinta de aquellos dieciséis y que dejo de jugar a la maquinita del tiempo, me doy cuenta que nunca cambiaría aquellos años por estos. Pude elegir, formarme, leer, preguntar tanto en casa como en mi Instituto lo que quise. Fuí capaz de decidir, de dilucidar o de discriminar cual solución o actitud era mejor o menos inconveniente para mi vida y para mi incierto futuro. Pude equivocarme, y lamentarme bien por ello, pero con la sóla preocupación de si sabría levantarme de nuevo cabal y resueltamente. Ya sabíamos por entonces que las malas soluciones acarreaban malos resultados y, peor aún, funestas consecuencias. Por ello había que "pensarse las cositas" antes de meterte en "camisa de once varas" (aquel refrán de nuestra infancia).
Pienso ahora en los hijos de mis amigos y en mis propios hijos: en aquellos que,conforme se vayan acercando a la adolescencia, recibirán el mensaje taimado que les susurra que, por ejemplo, las consecuencias del sexo sin protección pueden ser resueltas con la pastilla del día despues. Pienso en que las estadísticas me cuentan que los jóvenes andaluces se inician en el sexo recién cumplidos los trece. Y que la tasa de alcoholismo es demoledora, es brutal.
Pude elegir. Pude pensar. Pude, y posiblemente así fue, equivocarme en tantas cosas. Y pude, si lo necesité, hablar con mis padres sobre cualquier tema en cualquier situación. Ahora comprendo que no tendré sobre mi conciencia (y también tuve suerte por ello) si tiré o no por la calle de enmedio por dejadez o por falta de información. Ahora lo que empieza a atosigarme es si seré capaz de aprovechar algo de aquello que ví e inculcarle a mis hijos que, tal como cuentan ahora los que buscarán su voto a la vuelta de siete años, las cosas no pueden, no deben ser así.
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Manuel María Ventura
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