La píldora del día de marras
12.05.09 @ 12:44:07. Archivado en La Ciudad
Junto a la taza de café, semiescondidas por el borde del plato de las tostadas, se alinean las tres o cuatro pastillas que contribuyen a paliar las carencias de esta maquinita en fase de achaques previos a la que solemos llamar cuerpo; cuerpo enteco o, según el caso, cuerpo serrano.
Pero, junto a las capsulitas amarillas y las pastillas blancas me he desayunado, sin pedirlo, con la píldorita de marras de cada mañana. Y es un tema tan serio que, practicamente, no admite demasiadas bromas el asunto.
Conozco, y me afano en entender, los argumentos de unos y de otros. Intento dar una explicación o un razonamiento más o menos cargado de lógica a porqué habría de ser beneficiosa la utilización libérrima de la pídora del día después o porqué debe ser impedida su administración. Y, aún llegando a una conclusión propia y a una postura más o menos clara. Ciertamente hay otra cuestión que, en este momento, me preocupa más.
Dos cuestiones, mejor dicho.
La primera estriba en la intención del Gobierno de mi país en favorecer que toda joven pueda acceder a la misma sin ningún tipo de control; es decir, se facilita el uso indiscriminado de un fármaco que, con todo lo que genera en sí médica y polémicamente, no tiene los mismos controles que, por ejemplo, los antibióticos, los ansiolíticos, los mucolíticos y que, ¡por los clavos de la puerta de mi Centro de Salud! tiene menos cortapisas que la venta del tabaco y del alcohol.
No entremos ahora en cuestiones morales o médicas; de acuerdo. Pero llama la atención esta repentina "generosidad" gubernamental en ofrecer, tanto a los posibles utilizadores de la pídora del día despues, como a la sociedad en general, en ofrecer a todo el que la quiera utilizar su no penalización ni control en la práctica.
Con lo cual accedemos a la segunda cuestión que particulamente me hago. ¿Y por qué ahora? ¿Y por qué hoy? ¡Ay, creo que la condición humana y su apego al poder pueden tener la respuesta!
Y es que hoy, precisamente hoy, tenemos debate en el Congreso. Debate sobre el estado de la Nación. Y, mira por donde, los medios y lo que no son los medios se vuelcan en recoger toda la cuestión de esta pildorita que, encintos o no, nos hemos "tragado" las ciudadanas y los ciudadanos españoles gracias a la difusión que de la misma ha ejercido la autocomplacencia gubernamental.
Sólo confío en que no nos dejemos engañar y no perdamos la perspectiva. Que, aparte de meditar sobre la licitud de este fármaco (salvador para unos y abortivo para otros) no nos hagan perder la perspectiva de la realidad: formemos y formémonos para no tener que llegar a ciertos límites como, por ejemplo, el que unos cuantos poderosos compren nuestra voluntad con medidas tan comprometedoras y, a la vez, tan rayanas en la demagogia y el populismo.
La realidad de lo que se esconde tras la píldora es descorazonadora. Y la realidad de cada día para nuestro país es desasosegador. Los brindis al sol no son, por desgracia, panes que den de comer a los cuatro millones de compatriotas que no tienen, como el que suscribe, la suerte de sentarse tras la mesa de trabajo.
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Manuel María Ventura
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