El puente de Camas
15.02.09 @ 10:34:29. Archivado en La Ciudad
No sería difícil comenzar escribiendo una carta que nunca enviaré. O iniciando una conversación será inútil mantener. Pero no me es posible porque, sobre todo lo que fuese capaz de colegir, una idea me domina: bajo este puente que cientos de sevillanos cruzan diariamente en ambos sentidos, la policía y la Guardia Givil siguen buscando una mañana de Domingo el cuerpo de Marta del Castillo.
Lo cruzo muchas mañanas, en autobus o en bicicleta, camino de mi trabajo. Por encima discurre la vía de servicio de los autobuses que unen Camas con Sevilla y la denominada "vía verde", el carril bici que une ambas poblaciones, y que invaden ls motocicletas cuandos los vehículos agobian el tránsito. Y no deja de estremecerme que ese puente acogiese los últimos paseos de esta muchacha y que desde el mismo, sus presuntos asesinos la dejasen caer con el infame propósito que el olvido la secuestrase del pensamiento y del cariño de su padres y familiares.
Para los restos quedará que la fealdad de este lugar, pues es una construcción nada agraciada, se verá sórdidamente incrementada con el triste final de la historia de una ausencia. Un escalofrío de dolor, rabia y temor por nuestros propios hijos, surcará nos la espina dorsal y el mismo corazon cada vez que crucemos el cemento grosero y tratemos de otear por encima de las barandas, pintadas de un verde desesperanzado y chillón, sobre la corriente del Guadalquivir.
Llegaremos al trabajo con el corazón un poco más desgastado e insomne porque todas las mañanas habremos cruzado sobre el fin de los sueños de Marta, abandonada sobre las aguas en una noche amarga, oculta para todos durante tres semanas y perdida para sus padres y su familia para el resto de sus días.
Por Marta,-y por sus padres, su abuelo, sus tíos y sus amigos-, mi oración.
Por los criminales ninguna otra cosa que no sea justicia.
Y, cada vez que vaya o vuelva a casa, un motivo para no olvidarla nunca cuando recuerde que la foto que colgaba en los autobuses de Camas podría haber sido la de uno de mis propios hijos.
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Manuel María Ventura
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