Lluvia
24.10.08 @ 00:55:41. Archivado en La Ciudad
Llueve sobre Sevilla.
Llueve sobre la Ciudad, sobre las casas y sobre sus moradores y paseantes.
Llueve sobre los árboles, los edificios, sobre las aceras y sobre los charcos de las calzadas a reventar de coches y más coches.
El propio carril de las bicicletas ha abandonado por unas horas su verde macilento y brilla a trechos en un peligroso esmeralda propicio a las caídas de los ciclistas.
Hoy me fijo en la tristeza de la lluvia que cae inmisericorde sobre los paraguas chatos de los que esperan en la cola que arranca de las mismas entrañas de la oficina del paro.
Este mes la fila de los parados se ha hecho más larga. Y tira más allá del primer bar y casi forma un remolino en torno a sí misma, extendiéndose a lo largo de dos o tres fachadas. Las caras ¿son las mismas? Quizás sí. O quizás no. Veo más gente de mediana edad; más gente pasando la cincuentena; más jóvenes a quienes nunca había visto por esta avenida.
Ciertamente los rostros se achatan, las facciones están más serias. Y las conversaciones que se dejan atrapar al azar hablan de ajustes imposibles, de pagos asfixiantes; las palabras y las vivencias de los habitantes de la cola del paro se entrelazan y se hermanan unas con otras. Aunque sospecho que, una vez delante de la mesa del funcionario, las confidencias y ls confianzas recién entabladas e disipan como si de la neblin que cruza el río se tratare.
"Está la cosa fea"; "la salida está dificil"; "no está el horno para alegrías". La cosa, o la crisis, no "parece: está. Está como la cola del paro: más densa, más triste y más gris que nunca, en este reguero de gentes cubierto de paraguas negros y servido de caras largas, de labios silenciosos, de hombres y mujeres sin trabajo.
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Manuel María Ventura
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